El alcohólico asintomático

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Con el revuelo que se ha organizado conviene acudir a la medicina para aclarar qué se entiende por enfermedad sintomática, asintomática, y mera sospecha de enfermedad.

Ser sintomático es asistir al reflejo de la enfermedad que se manifiesta por signos. Es tener una enfermedad que no da síntomas y sólo corresponde al médico la valoración de su existencia, siendo el criterio médico el que da una relevancia escasa, media o mayor, a esa enfermedad asintomática. Ni en la enfermedad sintomática, ni en la asintomática, la valoración diagnóstica nunca viene concedida únicamente por unas pruebas de laboratorio, radiológicas, etc. sean positivas o no, sino por la valoración diagnóstica del facultativo. Lógicamente, la mera sospecha imaginaria de enfermedad se coloca fuera de los límites de la medicina.

Pues bien, la enfermedad alcohólica ofrece un perfil casi óptimo para considerar la definición de ambas manifestaciones de la enfermedad, tanto en su vertiente asintomática como sintomática.

La versión asintomática en la enfermedad alcohólica transcurre durante un largo periodo de tiempo que puede ser de meses, con el agravante de ir consolidando una afectación severa o muy severa. Estos enfermos alcohólicos padecen desde el inicio una alteración de conducta que transcurre oculta durante largo tiempo, formando parte de una verdadera enfermedad asintomática, en donde el enfermo mimetiza formas de comportamiento que se conciben como normales, tanto para su entorno como incluso para el propio enfermo.

Si nos referimos a las alteraciones orgánicas de la enfermedad alcohólica, sólo suelen manifestarse de forma muy solapada al cabo de largos meses. Por ejemplo, a nivel hepático toman asiento lesiones que pasan desapercibidas y que, al no ser advertidas, no pueden dar ni siquiera la alerta al paciente en la conveniencia de abstenerse del alcohol.

Sirva de ejemplo la enfermedad alcohólica para confirmar que, al margen de la realización de pruebas y de su positividad o no, siempre se precisa la completa valoración diagnóstica del facultativo para definir cuándo estamos ante la enfermedad sintomática o asintomática con su rango de afectación, escasa, media o importante.