¿Qué huéspedes queremos?

TW

Soy consciente de que el turismo es el gran pilar de nuestra economía. Los mallorquines son anfitriones de los de turistas que llegan a la Isla y, como tales, se espera que se comporten de la mejor manera posible con los huéspedes. ¿No es razonable que a cambio reciban el mismo trato y respeto? Si alguien es un invitado en mi casa, no toleraría que se emborrachara hasta el punto de destrozar, vomitar u orinar en cualquier lugar de mi hogar. Estos mismos huéspedes no consentirían ese tipo de comportamiento en su propia casa ni se comportarían así en las calles de sus países. Así pues ¿por qué los mallorquines deberían soportar este comportamiento? El respeto y la consideración funcionan en ambos sentidos.

Creo que tiene que haber un equilibrio en el que una combinación de turismo para familias, viajeros en solitario y jóvenes puedan vacacionar en un mismo lugar y no segregar a cada grupo en lugares separados alrededor de la Isla. Manteniendo un equilibrio, los huéspedes más perturbadores tendrían menos posibilidades de causar los estragos que están causando ahora.

En el caso de Cala Rajada, me apena que el turismo se esté orientando peligrosamente hacia un sector que está empezando a dar cierta reputación al lugar, y no de la buena. Todos sabemos que hay lugares en la Isla que traen imágenes de comportamientos descontrolados y que pesar de los esfuerzos por atraer a otro tipo de turismo, la etiqueta negativa ha permanecido.

Pero el equilibrio debe plantearse también en términos económicos. Apoyar principalmente un tipo de turismo basado en juergas, bajo poder adquisitivo y poco respeto por Cala Rajada significa que la mayoría de los comercios se verán obligados a reinventarse o desaparecer. Pero son estos comercios los que dan al pueblo su carácter y sin ellos sería un lugar incoloro y sin alma.

Entonces, Sr. Rafel Fernández, ¿qué piensa hacer al respecto? Un primer paso sería escuchar a los habitantes de Cala Rajada, que sin duda saben lo que es mejor para ellos y para su pueblo.