El tenista serbio Novak Djokovic devuelve una bola durante el partido de semifinales del US Open. | Reuters

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El serbio Novak Djokovic, número uno del mundo, aunque no mostrase su mejor versión, si hizo buenos los pronósticos de llegar de nuevo a la final del Abierto de Estados Unidos para defender el título de campeón ante el suizo Stan Wawrinka, tercer favorito.

Novak Djokovic alcanzó la final tras vencer al francés Gael Monfils, décimo cabeza de serie, de la peor manera que podría hacerlo, con la sensación para los espectadores neoyorquinos presentes en la pista central Arthur Ashe, que su rival por momentos pareció que no quería ganar el partido.

La poca competitividad mostrada en el campo por Monfils hizo que los espectadores comenzasen a abuchear a ambos tenistas, una imagen nunca vista en el US Open y mucho menos en un partido de semifinal. Más tarde, Monfils dijo que todo fue parte de una «gran estrategia», con la esperanza de que Djokovic, se confiase y comenzase a cometer errores.

El efecto fue todo lo contrario de lo que quería conseguir Monfils que cuando quiso ser el mismo tenista competitivo que lo hizo merecedor a jugar su primera semifinal del Abierto la perdiese en cuatro sets por 6-3, 6-2, 3-6, 6-2.

Mientras que Djokovic sin demasiado esfuerzo logró tener la ventaja de dos sets a su favor cuando reaccionó Monfils y aunque de nuevo necesitó la ayuda de un masajista para que le trabajase en los hombros todo fue demasiado fácil para alcanzar la final, al margen del espejismo de haber cedido la tercera manga.

Djokovic tuvo también tiempo para protagonizar su propio show, con acciones de enfado que nada tenían que ver con la realidad deportiva que se daba en el campo cuando Gael Monfils obligó a un cuarto set, pero al final perdió el decimotercer duelo que ha protagonizado contra el número uno del mundo.

Luego volvió a mostrar su condición de número uno y llegó a la vigésima primera final de un Grand Slam, séptima del Abierto, donde en las seis anteriores consiguió ganar dos.

Final

Su rival en la nueva final será Stan Wawrinka, que ganó al japonés Kei Nishikori, sexto favorito, por 4-6, 7-5, 6-4 y 6-2, y ambos tendrán la oportunidad de protagonizar una reedición de la final del Roland Garros del año pasado.

«Bueno, fue un partido extraño», admitió Djokovic. «Supongo que los encuentros siempre son así cuando uno enfrenta a Gael (Monfils), quien es un jugador impredecible, además que el calor y la humedad también afectó».

Sin embargo, el espectáculo deportivo dado por Monfils fue rechazado por todos los aficionados, aunque el jugador francés, reiteró durante la rueda de prensa posterior al partido que se trataba de una estrategia, que definió ser el equivalente al boxeo del legendario Muhammad Alí, quien absorbía algunos golpes del rival y fingía que no le interesaba atacar.

«Tuve que cambiar. Es algo difícil porque, desde luego, la gente no está lista para ver algo así», comentó el francés. «Definitivamente traté de meterme en su mente y de que viera algo nuevo».

De algún modo, la táctica fue eficaz por el tiempo que Djokovic se dio asimismo un respiro con su juego en el tercer set para luego volver a el mismo ganador de siempre.

Cuando los periodistas le pidieron su opinión sobre la forma de jugar de Monfils, el serbio comentó «creo que a veces, él se comportó de una forma inaceptable para ciertos criterios. Pero supongo que fue parte de su táctica. Si él dijo eso, supongo que deben creerle».

Djokovic, que llegó al duelo con Monfils tras recorrer el camino más fácil a semifinales en medio siglo de historia del torneo, siguió por el mismo ante el tenista francés.

Monfils no se retiró como habían hecho tres de los rivales anteriores de Djokovic, uno no lo comenzó, y los otros tuvieron que abandonar en el primero y tercero, set, respectivamente, por culpa de las lesiones, pero la estrategia elegida para intentar sorprender al número uno del mundo pasará a la historia por ser la más inaceptable dentro del tenis.