Imagen promocional del quinteto catalán Dorian. | Redacción Cultura

TW
0

Desde 2002, año de su formación, Dorian no ha parado de crecer. El proceso culminó con un cambio de registro que ensanchó su repertorio. Desde entonces, una potente sección rítmica arropa sus atmósferas de synth pop, forjando una nueva generación de himnos taciturnos y atemporales. Los catalanes cerrarán su gira Diez años y un día en Trui Teatre (Palma) el próximo 15 de diciembre, a las 22.00.

Phil Vinall, arquitecto del sonido de Elastica, The Auters o Pulp, influyó en la reinvención de Dorian. En su estudio mexicano le dio la vuelta a unas canciones que, no obstante, «mantienen la esencia, ya que tenemos un sonido y un tipo de letras muy reconocibles», opina Marc Gili, vocalista de la banda. «Las letras de Dorian hablan de personajes que no encajan dentro de los moldes que la sociedad impone, y luchan por encontrar su lugar en el mundo», subraya Gili. El nihilismo y una visión gris y melancólica de la vida también juegan un papel crucial en su repertorio. «Como muchos artistas, soy una persona tímida e incluso algo huraña que se transforma al subir a un escenario», prosigue.

Esa mezcla de luz y sombras se traduce en canciones luminosas, que podrían embotellarse y venderse como antidepresivo, temas como 'Verte amanecer', «que habla de lo bonito que es despertarse cada mañana junto a la persona que amas». O su reverso melancólico: 'El temblor', «una canción que compuse tras vivir un terremoto bestial en México, de esa experiencia tan fuerte a la que no estamos acostubrados los europeos, nació esta letra que habla del desasosiego interior y exterior de la gente».