Vista de las obras de la serie 'Barcelona', de Joan Miró, una de las 250 obras, procedentes de las principales colecciones públicas y privadas de todo el mundo, que forman parte de la exposición 'Miró-Picasso', una muestra única que celebra la relación de amistad y complicidad entre ambos, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la muerte de Picasso y el cuarenta de la de Miró, y que podrá verse entre el 20 de octubre y el 25 de febrero de 2024 conjuntamente en la Fundació Miró y el Museo Picasso de Barcelona. | Alejandro Garcia / EFE

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Todo empezó con una ensaimada. El emblema por excelencia de la gastronomía mallorquina y «la excusa perfecta» para acercarse a su ídolo. Joan Miró (1893-1983) recurrió a ella, como quien pide un autógrafo, para aproximarse por vez primera a Pablo Picasso (1881-1973). Le regaló una ensaimada «de parte de su madre» y así pudo interactuar con el atrevido artista, 12 años mayor, al que admiraba. Corría el año 1921 en París y ese fue el germen de una prolífica e intensa relación, artística y personal, que unió a ambos genios nada más y nada menos que durante más de medio siglo, hasta 1974.

Ese es el período que abarca la doble exposición, «única y exclusiva», que la Fundació Joan Miró y el Museu Picasso han puesto en marcha después de tres años de ingente «trabajo en equipo» y que puede verse de forma simultánea en ambos espacios de Barcelona hasta el próximo 25 de febrero de 2024.

Las cuatro comisarias de la muestra coincidieron ayer, durante la presentación a los medios, en destacar el extraordinario influjo que Picasso tuvo sobre Miró. Quien, por su parte, no lo ocultó ni en sus obras ni en la prolija correspondencia que mantuvo con el creador del cubismo.


Referente

«Para Miró, Picasso siempre fue un referente. Desde el principio, le impactó su fuerza creativa, su empeño en llevar la pintura al límite», resumió Teresa Montaner, sorprendida por la «generosidad» del pintor, escultor y ceramista mallorquín «por tributar homenajes constantes a Picasso». Tan es así que, tras la muerte del malagueño, colgó una fotografía suya en cada uno de los talleres en los que trabajaba.

Después de su primer encuentro en París, Picasso también fue considerando cada vez más a su joven amigo surrealista, a quien predijo que, «después de mí, tú abrirás nuevas puertas». En sus primeras cartas, Miró le llamaba «maestro», pero con el tiempo se le fue dirigiendo en las misivas con mayor cercanía. «Pero ni Miró le copiaba ni es tributario de su obra», remarcó Montaner quien, a su vez, puso como ejemplo de ello «lo crítico que fue con su virtuosismo».

De hecho, tras unirse durante la Guerra Civil a favor de la República y en contra del fascismo, la Segunda Guerra Mundial les distanció. Con la ocupación nazi, Picasso se quedó en París y Miró volvió para España. Y cuando por fin se reencontraron en la capital francesa en el año 1948, «se estrechó su amistad» a nivel personal, pero, sin embargo, desde el punto de vista creativo ya no eran los mismos.

Mientras Picasso abundaba en el inconsciente y la deformación de la figura humana, Miró bebía del dadaísmo para reducirla a su mínima expresión. La desmaterialización llevada al extremo. Como el alfiler, el corcho y la pluma con los que dio vida a su retrato de una bailarina. Cada vez un arte más desnudo y audaz, en el que le influyeron amigos y poetas de la época, como Matisse, Duchamp o Kandinsky.

Pero, por encima de todo, «existía una admiración y complicidad mutuas», dijo Emmanuel Guigon, director del museo Picasso de Barcelona, que este año celebra también el 50 aniversario de su muerte.
Guigon destacó el influjo de ambos artistas en los autores contemporáneos. «Hasta Xavier Mariscal bebe de la enorme influencia de Joan Miró, gracias a la que dio vida a Cobi», resaltó en sintonía el concejal de Cultura del Ajuntament de Barcelona, Xavier Marcé, «convencido del gran éxito social» que tendrá la iniciativa.

Para la consellera de Cultura de la Generalitat, Natàlia Garriga, «no es casual que dos artistas de esta talla dialogasen en Barcelona, donde se formaron y desarrollaron artísticamente» y fundaron en vida los museos en los que ahora exhiben todo su legado pictórico.

«Es un sueño hecho realidad. Un proyecto irrepetible, de una magnitud insólita, que ha supuesto un esfuerzo económico y humano sin precedentes», afirmó el director de la Fundació Miró, Marko Daniel, quien rehuyó poner cifra al coste «prohibitivo» de la exposición, que se nutre de aportaciones de la Generalitat, el Ajuntament de Barcelona, Telefónica y el BBVA. «Tras la pandemia, todas las grandes exposiciones se han encarecido mucho», por lo que agradeció sobremanera la implicación de instituciones públicas y privadas por hacer posible una iniciativa de tal calado «que jamás volveré a ver nada parecido en lo que me queda de vida».

Hasta Barcelona han llegado más de cien originales procedentes de 35 de los museos más prestigiosos de todo el mundo. Desde el Pompidou de París hasta la Tate Gallery de Londres, la galería nacional de Washington, el MoMA de Nueva York o Philadelphia, con el objeto de reunir una valiosa colección de incunables «que seguramente atraerá aún más turismo a Barcelona. Realzará su vocación como ciudad de una gran riqueza y diversidad cultural». Lo notará también la propia Fundació Miró, que aumentará probablemente los 370.000 visitantes que recibe al año en su sede del Parc de Montjuïc.

Así, Daniel vaticina que la exposición inaugurada este jueves «ayudará a acercar su obra a las nuevas generaciones, ya que los mensajes expresivos de Picasso y Miró siguen siendo plenamente vigentes» entre los autores de hoy en día. También se muestra convencida de ello Elena Llorens, comisaria del Museu Picasso, quien invita a los jóvenes a sumarse a «la fiesta para los sentidos» que supone la doble exposición. «Juntar dos artistas con personalidades y maneras de expresarse tan opuestas… Es imposible que su obra les deje indiferentes».

El apunte

Jaime Martínez visita las sedes catalanas del 'Triangle Miró' e intenta "potenciar las actividades" de la Fundació Miró

El alcalde de Palma, Jaime Martínez, ha visitado las sedes de la Fundació Pilar y Joan Miró situadas en Barcelona y la localidad tarraconense de Mont-roig del Camp, los dos equipamientos culturales que conforman el llamado 'Triangle Miró' junto con el centro de Palma, y ha anunciado que pretende "potenciar las actividades" de la Fundació Miró en Mallorca. El edil ha aprovechado estas visitas para reivindicar "el legado artístico de Miró, que tanta huella ha dejado en Palma por su relevancia mundial", según ha comunicado el Ayuntamiento de Palma en una nota de prensa. Martínez ha avanzado su intención de "potenciar, en la medida que resulte factible, las actividades de la Fundació en Palma, al reforzar su papel de eje aglutinador de la vida cultural palmesana y priorizar también las relaciones de colaboración con las demás sedes situadas fuera de la isla".

En la comitiva desplazada desde Palma también estaba el teniente de alcalde de Cultura, Javier Bonet, y el administrador de Sucessió Miró --la entidad que gestiona los derechos de las obras del artista- y nieto del artista, Joan Punyet. Esta es la primera visita oficial que un alcalde de Palma realiza en las sedes de la Fundació Pilar y Joan Miró de Barcelona y Mont-roig del Camp. Martínez ha alegado que esto "pone de manifiesto la determinación del actual Consistorio a la hora de apostar claramente por dar a conocer la figura de este artista irrepetible, y hacerlo desde una dinámica de cooperación con los otros equipamientos que también conforman el 'Triangle Miró', un patrimonio del que los palmesanos se sienten plenamente orgullosos".