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La presión internacional que siguió al asalto a la «Flotilla de la Libertad» dio ayer sus frutos con el anuncio de Israel de que suavizará el bloqueo a la franja de Gaza, donde permitirá la entrada de bienes de uso civil.
Las llamadas unívocas reiteradas por miembros de la comunidad de naciones en las últimas semanas y, sobre todo, las voces procedentes de la Unión Europea y de Estados Unidos -principal aliado de Israel en la esfera internacional- han forzado al Gobierno del conservador Benjamín Netanyahu a aceptar una «liberalización» del cerco.
El Gabinete de Seguridad, formado por el núcleo duro del Gobierno, anunció que «flexibilizará el sistema por el que los bienes civiles entran en Gaza y ampliará el flujo de materiales para proyectos civiles que estén bajo supervisión internacional, al tiempo que continuará con los procedimientos de seguridad existentes para impedir la entrada de armas y material de guerra».
Es una decisión de principio, que aún tiene que ser ratificada por el Gabinete al completo, que también deberá determinar los pasos adicionales a seguir para hacer efectiva esta política, dijo el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Andy David. Por el momento, nadie ha explicado en qué va a consistir exactamente la «liberalización» y qué productos no se permitirá introducir por temor a que puedan ser utilizados por las milicias.