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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, afirmó ayer que su Gobierno seguirá adelante con una reforma exhaustiva del sistema migratorio que «refleje nuestros valores como un Estado de Derecho y un país de inmigrantes».
En un discurso sobre inmigración en la Facultad de Diplomacia de la Universidad Americana en Washington, ante unas 250 personas, Obama aseguró que su Gobierno no irá posponiendo la reforma de un sistema «fundamentalmente fracasado». «Hemos dejado claro que este Gobierno no va posponiendo las cosas y la reforma migratoria no es ninguna excepción», indicó en una alocución en la que, como se esperaba, no efectuó ningún anuncio y se centró en resumir su visión sobre la reforma.
Tras reconocer que la inmigración es un asunto «emocional» que se presta a la demagogia, subrayó su convencimiento de que es posible «dejar la política a un lado» y que el Partido Demócrata y el Republicano se unan para aprobar un sistema que «rinda cuentas».
La mayoría de los estadounidenses y de los legisladores demócratas, aseguró, «están preparados» para una reforma que incluya una vía para la regularización de los cerca de once millones de indocumentados que se calcula que residen en EEUU; multas para los empresarios que contraten a ilegales y que refuerce la seguridad en la frontera.
Tarea de todos
Para sacarla adelante, añadió, son necesarios los votos de la oposición republicana pues sólo con los 58 votos demócratas en el Senado no hay «síes» suficientes para garantizar que la medida sale adelante, algo para lo que hacen falta 60 escaños. «Sin el apoyo republicano no podremos resolver este problema, ésta es la realidad política y matemática», indicó, tras recordar que en intentos previos de acometer la reforma sí se contó con el apoyo republicano.
El último intento, en 2007, promovido por los senadores Ted Kennedy -demócrata- y John McCain -republicano- fracasó debido a desacuerdos entre los propios republicanos acerca de cómo tratar a los inmigrantes ilegales que ya se encontraran en Estados Unidos.
Obama insistió en que poner todo el énfasis en la seguridad en la frontera y detener y expulsar a los once millones de ilegales es «imposible desde el punto de vista logístico». El sistema actual para permitir la entrada de inmigrantes legales, subrayó, también ha fracasado.