Panorámica de la calle Blanquerna, el nuevo eje cívico de Palma.

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El eje cívico de Blanquerna se abrió el viernes a los palmesanos en un ambiente festivo y navideño. Vecinos, comerciantes, viandantes, conductores o trabajadores de la zona han pasado más de medio año soportando polvo, ruido, atascos... Pero la cosa no ha terminado. Puesto que el eje cívico de Blanquerna no está acabado, más bien está tan desangelado como un piso nuevo sin muebles.

Por el momento, falta el carril bici, delimitar de qué manera volverán los coches y si el tráfico se restringirá. Como preguntó ayer un lector «¿Resistirán los adoquines nuevos el paso de coches y camiones de carga?».

Blanquerna adolece de falta de mobiliario urbano como bancos, papeleras, aparcamientos para bicicletas, más jardineras... Y también falta ambiente.
Ayer sábado, la mayor parte del comercio de la citada calle estaba cerrado, y eran pocos los locales que habían dispuesto terrazas, si bien el frío no acompañó en absoluto.

Con todo, más de un viandante que aprovechó el sábado libre para conocer los cambios en Blanquerna, se encontró con un ambiente que distó mucho de lo que pretende ser una calle comercial y de entretenimiento importante en Palma.

Más allá de los «detalles» que faltan para que realmente el eje cívico de Blanquerna sea una realidad, por el momento la valoración es positiva, «pero con prudencia».

«Falta tiempo para ver qué tal prospera esto», dijeron las personas encuestadas.
Punto y aparte entre los encuestados es el mantenimiento y la seguridad de la zona.
Una vez más, los vecinos temen que la calle acabe siendo una zona insegura toda vez que cierren los comercios o que «cunda el botellón», decían.