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El 26 de abril de 1986, esta semana hace 25 años, la ciudad de Chernóbil (Ucrania) fue víctima del accidente nuclear más grave de la historia y los habitantes de la zona siguen hoy padeciendo sus consecuencias. La catástrofe de Chernóbil también nos afectó a nosotros, física y emocionalmente.

Emocionalmente, el desastre dio lugar al nacimiento de la ONG Infants del Món que, bajo la presidencia de Sebastià Roig, ha traído durante todos estos años a unos 1.250 niños de las zonas más afectadas para pasar un mes y medio de vacaciones y ayudarles así a recuperarse. «Esas semanas de aire puro y buena alimentación les suponía a ellos no pisar un hospital en dos años», recuerda Roig, quien afirma que «actualmente aún traemos niños, porque siguen padeciendo los efectos de la radiación y naciendo con secuelas».

Y físicamente porque un informe de Greenpeace concluyó que la radiación llegó también, en niveles inferiores, a España, sobre todo a Balears y Catalunya. Y algunos recordarán que aquel año se prohibió en las Islas la caza y comercialización de tordos, ante el peligro de que estuvieran contaminados.