Mateu Isern y José María Rodríguez. | Teresa Ayuga

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Mateu Isern recibió este miércoles la bendición y el ánimo de la flor y nata del regionalismo para encabezar la lista del PP Balear al Congreso el próximo 20-D. Company fue el que más coraje le dio, junto a los combativos Rotger, Sansaloni y Fiol. En total diez hombres justos que quieren pararle los pies a José María Rodríguez en nombre de la Part Forana y de «buena parte de Palma». La reunión fue tan secreta que durante la mañana en la sede del partido creían que la comida se celebraría en el restaurante Nimo's, justo delante del Ocimax. En realidad aconteció en Inca bajo el padrinazgo de Pere Rotger, que vuelve por sus fueros una vez que José Ramón Bauzá ha desaparecido de escena y Rafa Torres está más apagado que el mechero de Jerónimo. La decisión final para designar a Isern queda en manos de la junta insular de Mallorca, que se reunirá la próxima semana y donde Rodríguez no tiene el control.

Rodríguez ha hecho lo imposible para pararle los pies a Isern. Prácticamente lo había conseguido. De hecho «Mateo estaba completamente desmoralizado y con ganas de dejarlo todo. Pero «ha sido el partido quien le ha animado a presentarse. Que Rodríguez tome buena nota». Tan envalentonado estaba el rodriguismo este verano, tan machacado tenían a Isern, que uno de sus puntales llamó por teléfono a la calle Génova, habló con un miembro de la cúpula y le dijo: «Por supuesto que sabeis que al número uno de la lista lo va a elegir esta vez Baleares». La respuesta de Génova desconcertó pero no descentró a Rodríguez: «Por supuesto que sabéis que al número uno por Baleares lo va a elegir Génova».

A partir de ahí nació el apoyo rodriguista a Isabel Borrego, con peso en Madrid, secretaria de Estado de Turismo y esposa de un buda pepero de los madriles. Era la persona ideal para lograr que Isern arrojase la toalla. En paralelo, Rodríguez le dijo al presidente Miquel Vidal que «Palma elegirá esta vez al candidato». Era una jugada a dos bandas, una tenaza perfecta para lograr el objetivo fundamental: desollar a Isern, enemigo jurado del rodriguismo desde el fiasco del proyecto del casino en la Playa de Palma, que dejó a la directiva del PP-Palma con los pantalones a la altura del betún.

Miquel Vidal no se achantó. Su buena relación con Biel Company y su extensa red de contactos en la Part Forana desencadenaron la jugada final. Vidal, que este miércoles estaba en Madrid, ha vendido muy bien la candidatura de Isern en la capital. Además, Isern mantiene una gran relación personal con María Dolores de Cospedal. «Y en la calle Génova pasan más de Rodríguez que del caballo de Espartero».

La resurrección provocada de Isern va mucho más allá del lanzamiento de un número uno en la lista al Congreso. «Es el puñetazo definitivo al rodriguismo. Es levantar buena parte del PP de Palma contra el poderío del alicantino a lo largo de décadas. Es el control del partido». Por ejemplo, Company sabe que o acorrala a Rodríguez o «no podrá ejercer de presidente como Dios manda caso de salir elegido en el congreso del PP Balear de la próxima primavera».

Un factor que pesa en Madrid es que Isern es una máquina de cosechar votos. Rajoy no está en condiciones de perder ni uno el 20-D ante el evidente peligro de quedarse muy lejos de la mayoría absoluta. De esta forma, Rodríguez se la tendrá que envainar, «en esta ocasión tal vez por los siglos de los siglos».

Dicen que José María ponía este miércoles «una cara entre verde y violeta, como si se hubiera tragado una pastilla de jabón». Fue él quien «forzó a Bauzá a decapitar al alcalde Isern alimentando sus celos» e imponer un nuevo candidato a Cort que finalmente fue Marga Bauzá, laminada en las urnas. Aquella jugada le costó al PP «una tonelada de votos. Bauzá se hizo el harakiri».

Ahora llega el ajuste de cuentas final, con el nihil obstat de Madrid, que sólo piensa en salvar los muebles cinco días antes de Navidad y que «en el fondo le traen al pairo los follones mallorquines».