Miquel Ensenyat. | Joan Torres

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Una supuesta «idea de bombero» del president del Consell, Miquel Ensenyat, ha dejado trastocados a políticos, empresarios y al conjunto de la sociedad civil isleña. Ensenyat propone que el aeropuerto de Palma pase a llevar el nombre de Ramon Llull, el mallorquín más universal. El president del Consell quiere mantener entrevistas con los otros primeros espadas institucionales del Archipiélago para llegar a un acuerdo y presentar esta propuesta conjunta a Madrid, concretamente al Ministerio de Fomento, de quien depende Son Sant Joan y del cual obtiene unos 200 millones de beneficios anuales, según algunos cálculos.

Pero en la Mallorca de los celos institucionales las «ideas de bombero» (como las califican, intentando despreciarlas) son cogidas con frialdad. No gusta que alguien piense demasiado. Se llame Llull o se llame Ensenyat (salvando las distancias). Y menos si es presidente de institución y puede aspirar en el futuro a más cotas de poder. Aquí sólo hay entusiasmo cuando los que mandan pueden colgarse la medalla. Si se la pone otro, mal vamos. Nadie se ha pronunciado en contra de la idea de Ensenyat (sería brutal una negativa tajante en el año del séptimo centenario del sabio), pero tampoco se han visto demasiados pasos al frente. Los celos paralizan.

La Conselleria de Turisme, al frente de la cual está el líder de Més, Biel Barceló, ha expresado su «total apoyo» para la iniciativa de su compañero de partido, pero de momento no ha habido ningún pronunciamiento de Turisme en pro de que el Govern Balear haga una declaración institucional a favor del cambio de nombre. Ni tampoco se ha intentado convencer a los hoteleros de lo que este cambio supondría para el turismo cultural.

El Grupo Parlamentario de Més sí ha visto la jugada. Su portavoz, David Abril, ha anunciado mociones en la Cámara y en todos los ayuntamientos exigiendo el cambio de nombre «como paso previo a una mayor participación de las instituciones baleares en Son Sant Joan». Un segundo paso que prevé Abril es «lograr la cogestión de las instalaciones, si es preciso mediante una consulta a la población con la nueva normativa que se está preparando. Aunque no sea vinculante, tendría mucho peso». Hay que recordar que en Madrid le pusieron a su aeropuerto el nombre de Adolfo Suárez prácticamente de la noche a la mañana.

No obstante, en Mallorca continua la frialdad: la CAEB ha hecho público un comunicado donde afirma que «si bien se ha de tomar en consideración la propuesta» habría cuestiones «más urgentes» que este cambio de hombre. Es un ejemplo claro del «efecto nevera» que algunos buscan.

Estas parece ser la consigna oficial de instituciones u organismos que se han visto sorprendidas por la idea de Ensenyat. No son capaces de dar un no rotundo, pero prefieren dejar las cosas como están porque...ha sido otro quién ha tenido la iniciativa.

Distancias aparte, a Ensenyat le está pasando algo parecido a los traumas que tuvo que soportar Ramon Llull en su tiempo. Tenía grandes ideas, avanzadas a su tiempo, pero muchos le despreciaron e intentaron orillar su obra. Tanta visión era demasiado para ellos. Ofende y perjudica. Es el drama mallorquín, desde siempre. El que ve más lejos que los demás es empujado a irse a predicar al desierto.

Ensenyat ha recibido mucho por sus acciones y proyectos durante este 2016. Se fue a la isla de Quíos (Grecia) a ayudar a refugiados y movilizó al Fons Mallorquí de Solidaritat para canalizar este apoyo. Al regresar le arrearon pedradas de todos los calibres. Se había salido del surco y eso en Mallorca no se perdona. Le dijeron que hacía política de cara a la galería.Total: que aquí no se puede tener ningún peso exterior, ni el más mínimo, porque los ataques de celos son más fuertes que un maremoto.

También lanzó la idea de cambiar la fecha de la Diada, dando varias alternativas. Abrió el debate y la Diada varía de fecha a partir del solemne pleno del Consell del próximo día 23. Será el 31 de Desembre. Pero ahí tuvo otra idea. Desarrollar una gran Festa de l'Estendard conjunta con Cort. El día de la exaltación del mallorquinismo político suprapartidista, con la participación de la Part Forana. Una fiesta para todos. Al alcalde José Hila (que deja de serlo dentro de seis meses) le dio un ataque de histeria. ¡Le había pisado su ego! Obligó al Consell a dar marcha atrás. Era demasiada idea y Ensenyat tuvo que envainársela (de momento).

Y ahí sigue Ensenyat con sus ideas. Quiere lograr que el Consell pase a controlar la Fundació Sa Nostra y que su Centre Cultural pase a formar parte de la titularidad pública insular, así como can Tàpera. Aún está en negociaciones, porque si lo logra es posible que también le caiga encima alguna pedrada. Los celos ciegan.

Veremos cómo acaba lo del Aeroport Ramon Llull. Pero los que deberían ponerse a su lado para lograrlo abren la puerta del congelador. Se quejan en privado de que hace «populismo». Y ya se sabe: ésta es la peor de las sentencias en una isla de equilibrios políticos donde ponerse en pie significa arriesgarse a perder la cresta. La lucidez hiere. Y si alguien lo duda, que se lo pregunte a los huesos incorruptos de Ramon Llull, que ya pasó lo suyo hace más de siete siglos. Por el mismo motivo.