Juan Ferriol junto a su nieto de seis meses en Nueva York. | Nuria Ferriol

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Juan Ferriol llegó a Nueva York este pasado lunes. Después de volar más de ocho horas en un avión que «iba lleno de españoles» y pasar un exhaustivo control de pasaportes tras la puerta de Llegadas ha vivido el que será uno de los momentos más emotivos de su vida. Allí le esperaban su hija Nuria Ferriol y el pequeño Leo. «Mi padre ha conocido a su nieto de seis meses», cuenta emocionada esta mallorquina. Pero no es el único, los reencuentros han vuelto a la terminal de Llegadas después de que este lunes, tras más de 20 meses, Estados Unidos haya abierto sus fronteras aéreas y terrestres a viajes no esenciales, de turismo, ocio o encuentros familiares; es decir, todos los que no son de negocios o estudios.

Padre e hija han podido reencontrarse tras casi un año. Once meses sin verse en los que la familia ha crecido. Juan se ha convertido en un orgulloso abuelo. «El plan era que mi padre pasara su mes de vacaciones en Nueva York cuando Leo naciera, pero la COVID le impidió venir hasta este lunes», explica Ferriol, que reside en Estados Unidos desde hace cuatro años. La mallorquina cuenta que estos meses separados los han vivido con mucha «frustración». Y añade: «Mi padre tenía muchas ganas de conocer al niño». Han sido meses alejados de los suyos, aunque por suerte, cuando nació el bebé pudo tener la visita de su madre tras pasar por República Dominicana.

Ahora, una vez hechas las presentaciones nieto y abuelo, los tres planean su regreso a Mallorca. «Mi padre estará conmigo un mes y volaremos los dos la primera semana de diciembre para pasar las navidades en la Isla, mi marido también vendrá un par de días durante las fiestas para volver todos juntos», narra ilusionada.

El ilustrador mallorquín Carles García O'Dowd durante la exposición de su proyecto de tesis en la galería TW art en Brooklyn.

El ilustrador mallorquín Carles García O'Dowd, conocido como Carles GOD, se trasladó a Estados Unidos después de ganar la prestigiosa beca Fulbright de arte a finales de 2019. Sólo unos meses más tarde estalló la pandemia del coronavirus, un hecho que le ha obligado a estar lejos de familiares y amigos durante más de un año. «He estado 18 meses atascado en Nueva York sin poder ir a Mallorca, pude ir en junio pero fue por los privilegios que me da la beca Fulbright si no hubiese sido por eso hubiese tenido que esperar», narra el artista. «Ahora voy a ir en Navidades a Mallorca y en Semana Santa vendrán a verme amigos», añade. En cuanto a las visitas a partir de ahora, cuando ya se permite el turismo internacional, asegura que «todo el mundo está animado», aunque muchos «están esperando a que se estabilice la situación».

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Por su parte, Josep Magraner, otro mallorquín residente en Nueva York, también celebra la apertura a los viajes no esenciales, aunque explica que ha sido uno de los afortunados que apenas se ha visto perjudicado durante estos meses. «He tenido mucha suerte. Mi tipo de visado me ha permitido viajar libremente a España y a otros destinos desde julio de 2020. He tenido ocasión de celebrar fechas señaladas con mis familiares y amigos. También he podido visitar algunos lugares como México o Grecia». De cara a las fiestas, cuenta ilusionado que recibirá la visita de su padres. «Como es tradición, mis padres van a pasar las Navidades en Nueva York conmigo y con mi marido. Les gusta mucho la escena navideña de la ciudad. También tenemos previsto hacer turismo dentro de los Estados Unidos», dice Magraner.

Josep Magraner, mallorquín residente en EE.UU.

El mallorquín, que tras años viviendo allí conoce la ciudad como la palma de su mano, anima a los paisanos a aprovechar la bajada de precios tras la apertura. «Nueva York ha sido siempre una ciudad bastante cara para visitar. Tras consultar con algunos amigos sobre precios de hoteles, he podido ver que los precios han bajado radicalmente. ¡Aprovechad para venir pronto!», afirma.

Alejandro de Miguel Pavón, mallorquín que estudia en St.Cloud Minnesota, recuerda que cuando más se vio afectado por el cierre de frontera fue a principios de la pandemia. «Cuando el coronavirus apareció por primera vez tuve que volver rápidamente a España y no acabé mi primer año en el instituto en Estados Unidos. Los vuelos iban con menos gente e iba con miedo de que no me dejaran entrar por no tener unos documentos, ya que cambiaban las normativas continuamente. Tenia más miedo de volar a España que a Estados Unidos, ya que aquí parecía que no le daban tanta importancia», asegura. Y recuerda una incidencia que tuvo que vivir el año pasado al regresar de vacaciones navideñas: «Casi no me dejan entrar al avión. La fronteras estaban cerradas y creían que gente con mi visado no podía entrar, lo pude solucionar fácilmente con una búsqueda en Internet».

Alejandro de Miguel Pavón, mallorquín que estudia en St.Cloud Minnesota.

El joven mallorquín es optimista de cara al futuro y ya tiene ganas de recibir visitas. «Ahora que ya se puede viajar con normalidad, mis padres están deseando venir para mi graduación y visitar Estados Unidos. Hace dos años que tenían previsto venir pero a una semana de coger el avión cerraron las fronteras», cuenta.

Por otra parte, coinciden en que la apertura de las fronteras todavía no se ha traducido en un aumento del turismo internacional. «Por ahora, los únicos turistas que vemos son los de origen nacional. Pero pronto volveremos a ver las calles inundadas de gente, la estampa típica de Nueva York», explica Magraner. «Aún es demasiado pronto, pero muchos amigos españoles van a recibir a familiares este mes», añade Ferriol.