Magdalena destaca la buena relación que siempre ha habido entre ellos y su otro hijo. A la izquierda, Abdi y ella en un avión. Arriba, cuando le visitó en el campamento saharaui.

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Magdalena Rosselló se describe a sí misma como una madre con suerte, sobre todo desde que llegó Abdi al hogar monoparental. El primer contacto con estos programas de acogida lo tuvo con Vacances en Pau. Abdi, que por aquel entonces tenía seis años, pasó los veranos de 2000, 2001 y 2002 con Magdalena y su hermano. Anteriormente, ya había tenido una experiencia parecida en el verano del 98 en Hospitalet de Llobregat (Barcelona).

«Mi decisión de acoger a un niño saharaui los veranos fue porque sabía que sería una experiencia maravillosa para todos», destaca Magdalenta. El primer año, aparte de acoger a Abdi, también convivió con ella y su hijo biológico otro chico llamado Mohammed. Luego ya solo continuó Abdi, hasta que Magdalena dio el paso para acogerle desde el programa Escola en Pau.

Abdi reconoce que «la primera vez que dejé a mi familia biológica fue un shock muy fuerte para mí y para mi madre, pero ella veía que la única solución que había para mi futuro era irme fuera. Aparte, soy hijo de un mártir (su padre murió como consecuencia de un enfrentamiento con el Ejército marroquí)». Madgalena Rosselló recuerda los años siguientes como muy positivos. «Son muchos años juntos, para mí es un hijo más», dice. Abdi fue un adolescente muy estudioso y, gracias a su empeño, ha podido estudiar una FP relacionada con la sanidad.