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En 2022, la planta de tratamiento de envases de Son Reus, gestionada por Tirme y con personal de la Fundació Deixalles, recibió unas 26.000 toneladas de este tipo de residuos (contenedor amarillo), aunque hay que tener en cuenta que aproximadamente un 25 % de todo ese peso corresponde a los llamados impropios, es decir, desechos que corresponden a otra fracción y no han sido seleccionados debidamente. La media de recogida de envases es de 28 kilos por habitante y año.

Joan Mateu y Jesús Martín, de Tirme, y Leticia Pou y Álvaro Otero, de Ecoembes (organización sin ánimo de lucro que gestiona el reciclaje de los envases domésticos ligeros en toda España), explicaron ayer el proceso de tratamiento de estos residuos en la planta de Son Reus, que además cuenta con cinco estaciones de transferencia (donde se realizan compactados previos) en Binissalem, Campos, Manacor, Alcúdia y Calvià. En Mallorca hay 1.600 contenedores amarillos, si bien cabe tener en cuenta que hay municipios que practican la recogida puerta a puerta.

Los envases (de diversos tipos de plástico, briks y metálicos) son depositados por camiones procedentes de toda Mallorca en la llamada playa de descarga. Allí, con una pala excavadora, son introducidos en la planta de tratamiento y pasan por una primera cabina donde se separan los residuos muy voluminosos. De allí pasan al trómel, un clindro giratorio de grandes dimensiones que hace una selección de tamaños gracias a sus agujeros interiores de diferentes diámetros. Tras pasar por el trómel, los envases llegan a diversas cintas según los distintos tamaños y ya diferenciados en residuos planos o rodantes. A partir de aquí, un laberinto de cintas a diferentes velocidades va depurando la selección de residuos hasta que resultan los siguientes: polietileno de alta densidad, polietileno de baja densidad, bricks, los llamados PET (las conocidas botellas de plástico de agua y refrescos), metálicos (latas), mix (mezcla de plásticos) y los residuos de rechazo. Éstos no son envases y son llevados a la incineradora.

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Las selecciones se llevan a cabo con métodos realmente llamativos. Así, los PET son detectados por un sistema óptico que activa un soplador que los separa del resto de envases. Los metálicos son detectados por imanes y también son separados del resto de residuos.

Aun así, todo el proceso pasa por una sala de control de calidad, con separaciones realizadas a mano por el personal, y hay un centro que vigila con cámaras y ordenadores el funcionamiento de todos los equipos.

Debidamente seleccionados, los plásticos y los metales son compactados por separado y ya están preparados para ser transportados a centros de la Península para su reciclaje. Evidentemente, aquí puede llegar de todo, como los casos de alguna que otra pistola y una bomba de mano que obligó a detener todo el proceso y a la intervención de especialistas en explosivos.