Los osos pudieron interpretar sus bailes.

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Varias decenas de peregrinos se acercaron hasta el oratorio de Sant Blai para celebra la tradicional romería. «Estamos de fiesta y no nos podemos quejar de la lluvia. La necesitábamos», con estas palabras iniciaba la misa el rector de Campos, Francesc Munar.

El ya tradicional «A Sant Blai sense fum» este año no se celebró y tan solo dos valientes en bicicleta y algunos más a pie se acercaron hasta el oratorio sin utilizar el coche. De todas maneras la poca afluencia de gente no provocó ningún colapso de vehículos en el entorno de Sant Blai.

Los peregrinos se acercaron hasta la iglesia rural con el fin de ungirse con el aceite esencial bendecido en el oratorio dedicado al santo. Según la antigua creencia religiosa, quien recibe la esencia bendecida en su cuello, queda preservado de toda dolencia infecciosa.