Imagen de Magaluf. | Michel's

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El descontento de vecinos y comerciantes de la zona de las antiguas casas de Magaluf se hace evidente. Las quejas por las obras municipales y el excesivo tráfico son frecuentes. Pero también se quejan de la ocupación de espacios de paso por parte de terrazas y de hoteles.

Unos vecinos se quejan de que tienen un vado permanente en su casa, pero no pueden acceder a ella por ser dirección prohibida. Además, les han colocado una farola delante de la entrada, una escultura y las terrazas de los bares ocupan también el espacio.

Algunas de las casas se construyeron en la década de 1930 y se encuentran junto al Nikki Beach. No es mejor la opinión que tienen los comerciantes, que se quejan de que la segunda fase de las obras de transformación de Magaluf han supuesto para ellos suciedad, falta de espacios verdes y jardines y que la zona se haya convertido en una segunda Punta Ballena.

Denuncian, además, la presencia de prostitución callejera por las noches y la de vendedores ilegales durante las horas del día. Aseguran que la policía «nunca pasa».

Vecinos

Jacinta lleva cuarenta años en la zona vendiendo prensa y comenta: «Esto es una porquería. Había un eslogan de propaganda de las obras que decía que cambiaría para mejorar y, sin embargo, ha sido para empeorar. Ha habido muy mala programación de las obras» explica.

Por su parte, José Antonio Moreno, de un supermercado, dice: «Todo parece hecho para fomentar la prostitución y que haya borrachos. Los políticos dicen que quieren calidad. Nosotros aguantamos y ellos no hacen nada. Nosotros somos los primeros que queremos que todo funcione bien y que venga turismo de calidad».

Entre los vecinos es común la opinión de que nadie se preocupa de la gente de toda la vida, que lleva toda su vida viviendo en la zona. Incluso algunos aseguran: «Solo quieren gente rica, han hecho un gran bulevar peatonal, pasan todos los coches, pero no se preocupan de la gente que vive aquí».

José Pardo asegura: «No ha mejorado nada. Los taxis pasan a cien por hora. Esto es una segunda Punta Ballena. Y, además, ¿dónde están los jardines?».

Hay quien además añade: «Nosotros no nos hemos quejado nunca y tenemos que soportar el ruido, gritos, las mesas del bar que ponen al lado de nuestra entrada, nuestros niños no pueden ir a pescar y casi no podemos ir a nadar. Lo que quieren es sacarnos de nuestras casas».