En la punta del Pi de Ternelles se coloca una bolsa con confetti y una cesta que guarda en su interior el gallo vivo y dinero. | S. Cases

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El joven o la joven que el próximo 17 de enero corone el Pi de Sant Antoni en la Plaça Vella de Pollença no recogerá un gallo vivo de su corona. El alcalde, Miquel Àngel March, se comprometió este jueves públicamente en pleno a cumplir con la Ley 1/1992 de Protección Animal que prohibe expresamente el uso de animales en fiestas o espectáculos en los que puedan ser objeto de muerte, tortura, maltratos, daños, sufrimientos, tratamientos antinaturales o que puedan herir la sensibilidad del espectador.

La utilización del gallo como premio en la Pujada al Pi no entra en las excepciones que prevé la Ley al no haberse podido acreditar la utilización del gallo en la celebración de forma ininterrumpida durante 100 años antes de la promulgación de la norma. La presencia más antigua datada de un gallo en la fiesta es de 1897.

Por ese motivo, el Ajuntament ya se había tenido que enfrentar en 2010 a un expediente que acabó con la imposición de una multa de 1.500 euros. Había recibido otros avisos desde entonces y agentes del Seprona vigilaron la celebración hace ahora solo un mes para ver si había reincidencia.

El alcalde confirmó este viernes que no se descarta realizar una consulta ciudadana para decidir si el gallo se sustituye por otro elemento (un trofeo con forma de gallo, por ejemplo) o si el ganador recibirá un gallo vivo una vez descienda del pino. «Lo que está claro es que no puede haber un gallo vivo arriba del pino», dijo Miquel Àngel March.