Fotografía que muestra a la cantante y representante de Rusia en el festival de Eurovisión Julia Samóylova. | Efe

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La batalla política entre Rusia y Ucrania llegó este miércoles definitivamente al Festival de Eurovisión que acogerá Kiev en mayo, después de que las autoridades ucranianas anunciaran su decisión de dejar fuera del festival a la representante rusa, Julia Samóylova.

Ucrania cumplió con su amenaza y prohibió la entrada al país a la cantante rusa, en silla de ruedas por una atrofia muscular espinal, por su participación hace dos años en un concierto en la anexionada Crimea.

El Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU, antiguo KGB) argumentó su decisión con que la joven intérprete, a punto de cumplir los 28 años, cruzó ilegalmente la frontera al acceder sin autorización a la península, un territorio que Kiev perdió en 2014 y que no renuncia a recuperar.

Moscú no tardó en advertir de que el paso dado por Kiev, sin precedentes en las 61 ediciones anteriores del concurso, podría incluso hacer peligrar el proceso de Minsk para la paz en el este de Ucrania.

«Es la hora de la verdad para la comunidad europea, que debe decidir si le va a seguir la corriente al SBU y alentar así a los radicales ucranianos, lo que enterrará todos los esfuerzos en el proceso de Minsk; o si va a demostrar que Europa, con sus valores fundamentales, sigue viva», señaló la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova.

Al mismo tiempo, el viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Grigori Karasin, calificó la resolución de Kiev de «enésimo acto indignante, cínico e inhumano de las autoridades ucranianas».

La Unión Europea de Radiodifusión (UER), responsable de organizar el concurso de la canción, expresó su gran decepción por lo sucedido, aunque adelantó que insistirá al Gobierno ucraniano para que de marcha atrás.

«Debemos respetar las leyes del país anfitrión. Sin embargo, estamos profundamente decepcionados por esta decisión, ya que sentimos que va tanto contra el espíritu del concurso, como del principio de inclusión que está en el centro de sus valores», indicó la entidad en un comunicado.

Aunque la UER también aseguró que insistirá en el diálogo con Ucrania para garantizar «que todos los artistas puedan actuar en mayo en la 62 edición de Eurovisión en Kiev», el viceprimer ministro ucraniano, Viacheslav Kirilenko, enseguida le respondió que no debe perder el tiempo.

«No tiene sentido que la UER trate de convencer a Ucrania para que cambie su decisión sobre Samóylova. Será mejor que convenza a Rusia para que envíe a un participante que no haya violado las leyes ucranianas», escribió en Twitter.

Por si fuera poco, Ucrania anunció que también podría prohibir participar en el concurso a la representante armenia, Artsvik Arutunián, que, según algunos medios, cruzó ilegalmente a la anexionada Crimea al igual que Samóylova.

«Si alguno de los concursantes de otros países, sean de la Unión Europea o de Armenia, también entraron en Crimea o en los territorios ocupados, la decisión debe ser la misma que se tomó en relación a la ya exconcursante de Rusia», dijo hoy Antón Gueraschenko, consejero del Ministerio de Interior de Ucrania.

Si se demuestra que la artista armenia también entró en Crimea sin autorización del Gobierno ucraniano, las autoridades de este país tomarán una decisión al respecto, advirtió.

«Con este ejemplo demostraremos a los rusos y a representantes de otros países que Ucrania es un país soberano e independiente», aseveró Gueráschenko en declaraciones a una televisión local.

El exministro de Cultura ruso Mijail Shvidkoi lamentó que el Gobierno de Kiev cometiera «una tontería» y observó que un país que asume la responsabilidad de organizar un evento internacional «debe garantizar el acceso a todos los participantes».

«Hay que entender que en caso de eventos internacionales hay que hacer excepciones. En general, adoptar sanciones o listas negras contra artistas y la cultura es una soberana tontería que debe ser excluida de la práctica internacional», subrayó Shvidkoi.

Rusia mantuvo hasta el final el suspense sobre su participación en Eurovisión y anunció la candidatura de Samóylova hace diez días, a falta de un hora para que se agotara el plazo y en medio de insistentes llamamientos de parte de la sociedad rusa a no acudir este año al concurso.

Políticos, periodistas y personalidades de la cultura argumentaban que el país no debía arriesgarse a ser objeto de burlas y ataques en una edición del concurso que se celebrará en Kiev, y recordaban que Ucrania ganó el año pasado con una canción de contenido político dirigido contra Moscú.

El tema «1944» de la cantante tártaro-ucraniana Jamala -vencedora gracias a los votos del jurado pese a que su rival ruso, Serguéi Lázarev, ganara por voto popular- hacía referencia a la deportación de los tártaros de Crimea a manos de la URSS durante la Segunda Guerra Mundial.