El diseñador mallorquín Miguel Adrover, posando en 2009 en una calle de Nueva York. | Efe

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En septiembre de 2017 publicó en su perfil de Instagram The designer Miguel Adrover is dead (El diseñador Miguel Adrover está muerto); sin embargo, este mallorquín puede «resucitar» en cualquier momento tras recibir el Premio Nacional de Diseño de Moda.

«Puedo resucitar en cualquier momento», ha dicho este jueves a Efe Miguel Adrover, diseñador reivindicativo y con gran capacidad para trabajar la moda con materiales reciclados.

Reflexivo y comprometido con el medio ambiente y la sostenibilidad, Adrover (Calonge, 1965), dejó la escuela a muy temprana edad, con tan solo doce años, para trabajar en los almendros mallorquines, pero su espíritu viajero y libre le llevó a forjarse en la calles más alternativas de Londres durante los años 80.

Después, en los 90, Nueva York fue su gran universidad. Lanzó su primera línea de ropa en 1995 junto al sastre norteamericano Douglas Hobbs. Cuatro años más tarde, ya en solitario, Adrover comenzó a diseñar ropa para mujer, un trabajo que llamó la atención de la editora de moda Anna Wintour.

Desfiló por primera vez en la Semana de la Moda de la ciudad de los rascacielos en 1999, una colección reivindicativa, con mucho carácter, un homenaje a la mujer expulsada de su ambiente.

Ha sabido mirar la moda con distintos prismas como cuando en su colección «Midtown», de 2000, dio la vuelta a una gabardina de Burrberry y la transformó en un vestido, en el que seguía apareciendo el logotipo de la firma británica, perfectamente cosido.

De la noche a la mañana se convirtió en uno de los diseñadores españoles de mayor reconocimiento internacional, firmó un acuerdo con el grupo de moda más importante del momento y recibió el premio Perry Ellis al mejor diseñador emergente del año del Council of Fashion Designers of America.

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Disfrutó de un éxito abrumador gracias a sus primeras colecciones, pero pronto llegaron las hiles y saboreó el fracaso con unos diseños de inspiración árabe, por los que, con la sombra de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, le llegaron a acusar de promocionar al régimen talibán.

Amigo de Alexader McQueen, Adrover, en 2004 dirigió una escuela de moda en la Universidad de El Cairo, en la que explicaba que la moda ha recreado el pasado o ha imaginado el futuro, «pero no ha reflejado el presente, que es lo que intentamos nosotros», añadía Adrover, quien subrayaba el mestizaje cultural que impera en la era de la globalización.

Este diseñador, que abraza otras disciplinas artísticas como la fotografía y escultura, siempre ha reivindicado la ropa tal cual, sencilla y simple, la que sirve para vestirse y denuncia el mundo de la moda en general y, en particular, a «algunos estilistas como John Galiano, que deberían estar en la cárcel porque solo crean frustración».

«La moda es un negocio para que la economía de los países funcione, y solo incita al consumismo, pero no ayuda a la gente que viste la ropa a sentirse bien», manifestaba Adrover quien defiende su necesidad de crear con textiles de segunda mano, prendas desechadas a las que él les daba un uso nuevo.

Tommy Hilfiger le ofreció «el contrato que todo diseñador quisiera tener»; sin embargo, este mallorquín lo rechazó en favor de la firma alemana Hess Nature, una empresa que apuesta por la sostenibilidad en la moda, y rechaza que se cultive lino y algodón con productos químicos.

Hace diez años, Miguel Adrover llegó a Nueva York con un nuevo trabajo con la que quiso reinventar la «moda verde», era su debut en el diseño ecológico. «La gente ve todo lo orgánico o ecológico como algo aburrido, viejo, de hippy, quiero dar una salida nueva a ese tipo de ropa», explicaba.

En 2012 volvió a presentar en Nueva York «Out of Muy Mind». Su trabajo, ligado a la sostenibilidad, se ha visto también en museos como el Reina Sofía, el Metropolitan de Nueva York o el Victoria&Albert de Londres.

Ahora, esta galardón sirve para recuperar el legado de un creador con idas y venidas en el mundo de la moda, pero con una mirada que iba más allá de la confección con hilos y pespuntes. «La industria textil es un monstruo que no tiene alma», ha dicho este diseñador.