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Dentro de unos meses se celebrarán elecciones en Alemania y tanto a la socialdemocracia pactista como a Die Linke (la izquierda más radical) no parecen esperarle buenos augurios.

Hace unos años en Francia, Macron escindió al Partido Socialista, creando una especie de neocentrismo que dejó bailando al Partido Socialista... Y que ganó en las elecciones. La resultante es que el año que viene tendrán lugar las elecciones presidenciales francesas, que Macron está a la baja (aunque puede que gane), que el Partido Socialista sube (aunque sin opción de ganar) y que Melanchon (el Pablo Iglesias francés) sigue perdiendo fuelle.

No quiero castigar al lector con los datos de la presencia de la izquierda en Europa desde hace 25 años y en la actualidad. En todo caso, llama la atención del caso de Portugal, ese país que despreciamos absurdamente, como si fuera algo irrelevante. Y también el caso de España, con una gobernanza mucho más complicada que la de Portugal. Ambos son, ahora mismo, la aldea gala de la izquierda europea.

Quizás deberíamos dejar de ir detrás de tanto Twitter y tanto Facebook (pecado que soy el primero en cometer) y pensar qué le está pasando a la izquierda en España, en Europa y en el mundo.