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Moll Nova Editorial acaba de sacar a la luz pública la redición de una de mis obras de narrativa, Contes del Call. Se trata de una versión más completa que la que salió de la imprenta en 1984, con una espléndida maquetación, un escrito introductorio de Tomeu Canyelles y diversas notas de editor a pie de página que facilitan la comprensión de muchos detalles. Al releer estos textos he sentido la necesidad de acudir al acopio de papeles y documentos que me sirvieron para la redacción del libro y de entre éstos, las págine ebraiche del profesor Arnaldo Momigliano que en aquellos días adquirí en Roma. Me interesaron los trabajos de investigación de este maestro de la historiografía, en especial los referentes a las juderías medievales.

¿Cómo eran aquellos espacios cerrados y cercados por la mayoría étnica dominante? ¿Qué sentimientos palpitaban bajo una amenaza continuada? Contaba Momigliano que siempre que se hallaba en una antigua ciudad trataba de imaginar a los judíos que vivieron en ella y cómo lo hicieron para llegar a viejos. Afirmaba que, paseando por sus calles, era capaz de reconstruir los hábitos y costumbres de aquellas sociedades que se movían en núcleos paralelos y que cuando se metía en una callejuela donde una iglesia cristiana ocupaba el solar de una antigua sinagoga, se sentía confuso y se hacía preguntas, en cierto modo angustiosas.

¿Dónde habrían ido a parar los descendientes de tanta aljama desaparecida, de tantos doctores judíos autores y conservadores de libros? Hojeando y ojeando esas páginas hebraicas de Momigliano, que por cierto había perdido a su padre y a su madre en un campo de exterminio nazi, no hallamos sino el inmenso clamor de los que ya pasaron por este mundo tras padecer la ira permanente del rechazo exterior, la carencia de derechos sociales y políticos, la intermitente compañía del miedo, el martirio de los pogroms en el momento menos pensado… Y, sin embargo, el comercio, la banca, la artesanía, la actividad intelectual... se movían entre muros y entre voces bajas. La fuerza del valor moral, de la tradición trascendente, crearon un mundo de supervivientes. Ahí están Leo Strauss, Gershom Scholem, Walter Benjamin, Moisés Finley, Gertrud Bing, Eduard Fraenkel, Cecil Roth… y otros muchos genios del pensamiento en un ámbito que siempre se negó a fenecer y que Momigliano estudió a fondo.