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El jueves el Banco Central Europeo subió, por décima vez consecutiva, los tipos de interés, lo que supone un agujero más en el apretado cinturón que llevamos. ¿Todavía podemos respirar? Según se mire. Millones de familias españolas que sobrevivían con cierto apuro con una cuota hipotecaria de seiscientos o setecientos euros ven ahora cómo la cifra se encumbra hasta los mil, mil doscientos o más. Un salario completo que se va por el desagüe y ni siquiera sirve para ir amortizando la deuda, sino que va a engordar los resultados de bancos multimillonarios que se frotan las manos con la sangría europea en forma de intereses. Dinero tirado a la basura. Todos callamos mientras recortamos gastos, con el empeño de seguir cumpliendo. Pero los medios de comunicación, especialmente la televisión, tan popular entre personas de cierta edad, nos emborrachan con la tontada del beso de Rubiales, los dimes y diretes de una investidura que quizá nunca se logre y las horribles catástrofes naturales que sacuden otras partes del mundo. Siempre ha sido una maniobra eficaz distraer la opinión pública con fuegos artificiales que desvíen la atención hacia bobadas sin importancia mientras por debajo de la mesa gran parte de la población recibe una profunda puñalada trapera capaz de ir desangrándonos poco a poco. De momento, la mandamasa del BCE, Christine Lagarde, ni siquiera quiere confirmar que los tipos han tocado techo, pero sí deja vislumbrar que este 4,5 % permanecerá ahí durante muchos meses, quizá más de un año. Nuestra hipoteca anual pasará a comerse todos nuestros ingresos y no se puede descartar otra nueva oleada de desahucios si esto se prolonga en el tiempo. Pero lo importante es la «agresión sexual» del idiota ese.