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Queridos Reyes Magos: Este año me he portado muy bien y me gustaría que me trajeran… Así empezaban todas mis cartas a sus Majestades de Oriente. Las escribía mi hermano mayor. Nunca sabía qué pedir –había tanto por escoger–… Así que cogía el catálogo de El Corte Inglés y señalaba lo que más me llamaba la atención, sin especial interés por nada en particular. Los Reyes, que sabían lo que quería realmente, siempre acertaban y me traían juguetes que no había pedido pero que me encantaban, o los que había pedido con algún cambio sorpresa, como una vez en la que yo pedí la caravana de Barbie y me llegó la casa-radio. Una vez me trajeron una muñeca más alta que yo a la que podía hacer mechas y lavar el pelo. Claro que por ese entonces yo quería ser peluquera. Eso sí, pasaba apuros por si no llegaban a tiempo o por si les caían mis regalos al mar. No es para menos, llegar de Oriente tan cargados. Es normal tener algún descuido. Me quedé desconcertada cuando me enteré que existe una localidad mallorquina que se llama así, ¿acaso los Reyes vivían en Mallorca mismo? Incluso lo busqué en el atlas, y efectivamente existía, pero no quedaba muy claro qué carretera coger (la mayoría de mis familiares no había estado nunca y el Google Maps no existía hace treinta años). Así que yo misma señalaba una estrella del cielo que brillaba mucho y no tenía dudas: estaban en camino.

En mi casa no llegaba Papá Noel, quizás porque vivía en el campo… o eso pensaba yo (tampoco el Ratoncito Pérez). Solo lo veía en las películas. Por lo visto, ahora es más popular que Melchor, Gaspar y Baltasar y entiendo el principal argumento a favor: hay muchos más días de vacaciones para poder disfrutar de los juguetes que trae. Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás es hoy lo que conocemos por un señor que llega del Polo Norte en un trineo volador que entra en las casas por la chimenea para dejar los regalos. ¿Que no hay chimenea? No hay problema, también puede entrar por la puerta o por la ventana. Por lo visto, también hay que escribirle una carta (a lo mejor por eso yo no tenía regalos). Pero a pesar de que tiene una imagen entrañable, con su traje rojo, su barba blanca y su cara de abuelo majo, no tiene el privilegio de estar en el belén. No llega en barco, camello, caballo, tractor o lo que sea… en cada sitio al mismo tiempo. Ni tampoco llega acompañado de una carrozas llenas de regalos ni todos los niños salen a la plaza a recibirle.

En mi pueblo, los ayudantes de Melchor, Gaspar y Baltasar dicen tu nombre en voz alta –¡saben tu nombre y apellidos!– y cuando te acercas, ¡uno de ellos te entrega personalmente tu regalo! Como comprenderá Papá Noel, esto es insuperable.