María Molero, una de las okupas, muestra la cerradura de la casa. | Alejandro Sepúlveda

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«Tengo 66 años, no sé leer ni escribir y cobro una pensión de unos 400 euros. Con este panorama, ¿qué quieres que haga? Lo único que hicimos fue darle un patadón a la puerta y entrar a vivir para no tener que dormir en la calle. Es una cuestión de humanidad». Así se defiende María Molero, una pensionista que afirma vivir «atemorizada» ante la posibilidad de «que vuelva la que dice ser la dueña de la casa y quiera sacarme fuera». Molero sostiene que Inmaculada Efna no es la dueña de la casa ocupada porque debe dos millones de pesetas (12.000 euros) al banco. «Estamos seguros que la casa es del banco. La Policía Local de Palma cuando se la llevaron detenida me dio la cerradura y las llaves y me dijeron que podía seguir viviendo aquí hasta que el juez me sacara», puntualiza María.

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«Nosotros -en referencia a ella y a su amigo Diego S., español detenido por intentar agredir con un cuchillo a la dueña del piso- entramos en la casa el día 8 de marzo. El piso estaba vacío y por eso entramos. Recuerdo que salimos a comprar unas cosas y cuando llegamos de nuevo a la vivienda nos encontramos a Inmaculada (Guinea Ecuatorial) y a un joven forzando la puerta con una pata de cabra y un destornillador. La mujer empezó a gritar diciendo que era su casa y que nos fuéramos de allí», añade la ocupa.

Finalmente, la nueva inquilina de la casa, ubicada en el número 4 de la calle pasaje Pico de Urbión, afirma que cuando pusieron en libertad con cargos a la legítima propietaria regresó de nuevo al piso, le aporreó la puerta y que le gritó para que se marchara. «Tengo mucho miedo. Espero que pasen varios meses hasta que el juez decida echarme de la casa. ¿Dónde voy a vivir? ¿En la calle? Y también tengo miedo de que algún día esta mujer venga acompañada de más gente y quiera sacarme fuera. Desde que sucedió esto, Diego vive conmigo por la noches».