Los cinco testigos de la tercera jornada del juicio fueron breves. La mayoría giraron en torno a los contratos de una empresa con la gestoría de Navarro. | ALEX SEPULVEDA

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El juicio al exjefe de la Policía Local de Calvià, José Antonio Navarro, sigue entre sobresaltos en la Audiencia. Ayer otro testigo se desdijo. De mantener graves acusaciones contra el mando policial en instrucción pasó a decir que todo era falso y que ni siquiera le conoce. En instrucción le vinculó con las altas y bajas laborales de chicas de alterne. Ahora que no. Preguntado por la contradicción dijo: «En esa época no estaba apto para declarar. Estuve ingresado en psiquiatría por un trastorno límite de personalidad y estaría bajo la influencia de las drogas».

El resto de los testigos de la jornada fueron antiguos empleados de la empresa MCP, que gestionaba varios locales en Magaluf y que había contratado la gestoría de Navarro y al otro mando policial acusado. Contradijeron a la principal testigo de cargo al decir que los pagos se realizaban por trasferencia y que se liquidaban una vez al año. La testigo había dicho el día anterior que eran mensuales, en metálico y que se daban en mano. Lo peor para Navarro fue que fijan su relación laboral en 2005 y mucho más continuada de lo que mantuvo el responsable policial en su declaración. Navarro se defiende de un delito de cohecho por el que la Fiscalía le reclama inicialmente seis años.

La pata de la acusación que se ha quedado más coja es la que afecta a dos agentes de la unidad canina de Calvià acusados de colocar droga en un establecimiento. Otro testigo respaldó ayer su versión de que lo ocurrido fue un simple ejercicio que era necesario para recompensar al animal y que se mantuviera operativo.