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Talentya ha vuelto a dejarnos con la boca abierta y la sensación de que poder estar presentes junto a personalidades y personas de talla descomunal, o sea, talentos de verdad, es un gran regalo de la vida. Sucedió como siempre en la casa de los creadores de esta familia ya enorme que es Talentya, un lugar donde escuchar, ver y aprender compartiendo. Un lugar donde no falta la diversión, el baile y la buena comida, aunque lo importante es absorber toda la magia que el encuentro genera año tras año. Y se hace con discreción, sin ningún afán de protagonismo, porque ni Juanjo Fraile ni su esposa, Belén Blanco, ni sus hijas maravillosas lo quieren. Son, se lo aseguro, una familia maravillosa de genios y del saber estar y bien recibir.

La primera noche en su casa medieval del casco antiguo, bajo los arcos centenarios, se celebró una cena de bienvenida a los invitados de este año. Todos de un nivel apabullante. Abrió la noche la familia dando las gracias por estar en su casa, y de repente sonó la voz de Sole Giménez y nos llevó al cielo. Tras la cena regresó la música a nuestras vidas y sentimos que estábamos en el mejor lugar del mundo y con la mejor gente. Esto es Talentya. Les contaré más la semana que viene, porque han sido y son días muy intensos los que nos han regalado estos seres de otra galaxia que tanto aportan a Mallorca sin que muchos lo sepan. Gracias. Por cierto, su hija, la bellísima Lara Fraile Blanco ha cogido mando en plaza y es un placer ver cómo sigue los pasos de sus padres.