Una generosa ración de tiritas de bistec. | Andrés Valente

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Hace muchos años, cuando restaurantes chinos del montón (con su ubicuo cerdo agridulce y arroz tres delicias) se abrieron hasta en los rincones menos pensados de la Part Forana, escribí en varias ocasiones que alguien podía haber montado un restaurante especializado en la célebre cocina china del norte, que muchos expertos consideran la mejor. Por fin alguien lo ha hecho. Se llama Hemudu, está en calle Rubén Dario (Tel:971-327902), y es de cocina auténtica. Es, además, uno de los pocos chinos con estilo y clase: sus paredes se podrían colgar en una galería de arte contemporáneo. Y se venderían.

China es un país tan inmenso que no se puede hablar de la cocina china: hay estilos culinarios muy diferentes en los cuatro puntos cardinales. Ni hay una sola cocina norteña: Hemudu es una, pero también hay Pekín, Szechuan, Foochow, Sinkiang, Shantung, Shansi, Hopei y otras. En China del norte los inviernos son tremendamente fríos: -20C es normalito para Pekín y estas temperaturas condicionan lo que se come por ahí. Hay platos reconfortantes como carnes estofadas a fuego lento durante tres horas y servidos con bollos al vapor bien calientes. Como hay inmensas llanuras de trigo, la harina tiene un papel culinario muy importante: comen mucho pan y derivados como tortas para envolver carnes y verduras, pero nunca pescado o marisco. Los fideos de harina son más populares que el mismo arroz.

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La carta de Hemudu es corta y enseguida se ven algunos de los platos emblemáticos de la cocina norteña. Está el más famoso, el pato pekinés, y otro de pato con la piel crujiente. Un plato que comeré cuando la temperatura me obligue a ponerme mi trenca, es el rabo de ternera, tiernísimo e ideal para servir con bollos bien calientes. También tomaré la sopa caliente y agria, el entrante más popular de Pekín cuando la temperatura baja hacia los -20C.

Los suculentos fideos con gambas.

Pero para esta primera visita he prescindido de la carta para pedir el menú del día que sirven de lunes a viernes (cierran los martes). Cuesta 18,80 € y es una verdadera ganga. Hemos compartido rollos de primavera, una ensalada, arroz frito, fideos fritos con gambas, tiras de bistec en salsa, pollo troceado en salsa, con plátanos rebozados y helado de vainilla de postre.

Los rollos, simples y básicos, con un relleno de tiritas de verduras, fueron de los mejores que he comido, incluyendo los de Chinatown de Londres. Un solo mordisco bastaba para saber que merecían un 10. Las hojas verdes de la ensalada crujían y dos gambas como las de la foto estaban tersas y deliciosas. Los fideos fueron memorables: suculentos, en su punto y con esas dos gambas espléndidas. Tanto las porciones del pollo como las tiritas de bistec fueron descomunales. Lo que sobró me sirvió para comer el día siguiente. Sólo un plato sacó un suspenso: el arroz frito no estaba a la altura de los demás. Hay mil maneras de hacer un arroz frito. Tendrían que escoger cualquiera de las otras 999.