Croacia, tierra de contrastes

F. Garrido | 01/07/2015

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El Parque Nacional de Krka deleita al visitante con sus impresionantes cascadas. Skradinski Buk (arriba) es la más espectacular de todas.

El Parque Nacional de Krka deleita al visitante con sus impresionantes cascadas. Skradinski Buk (arriba) es la más espectacular de todas.

06-07-2011 | Fátima Garrido
El Parque Nacional de Krka en CroaciaCiudad de Trogir en Croacia

Croacia es un destino muy popular cuyo contraste entre naturaleza, patrimonio arquitectónico y su espectacular costa ofrecen unos parajes inigualables. Lo atestiguan las numerosas visitas turísticas que reciben sus ciudades cada año, tanto nacionales como internacionales, sobre todo en los meses de julio y agosto.

Pero comencemos ya nuestro viaje por algunos de sus lugares más bellos para conocer con más detalle lo que significa Croacia.

En el norte de Dalmacia encontramos una preciosa ciudad, Zadar, un destino generalmente ignorando por el turismo pero que esconde grandes bellezas. Se asienta en una península alargada de 4km de longitud y apenas 500 metros de anchura. Su casco antiguo acoge museos, iglesias y monumentos; en él nos dejaremos atrapar por el sonido del  Órgano del Mar (único en el mundo), diseñado por el arquitecto local Nikola Basic, unas escaleras que descienden al mar cuyo interior está horadado con un sistema de tubos y silbatos que emiten suspiros melancólicos con el movimiento de las olas, que hacen que el aire salga por sus orificios. Justo al lado, encontraremos el Saludo al Sol, otro diseño de Basic que consiste en un círculo de 22 metros en la acera que contiene 300 placas de cristal que conforman un espectáculo de luz parecido al sistema solar desde el atardecer hasta el amanecer. Hay numerosas islas que acompañan la costa Dálmata de norte a sur, y todas merecen una visita. Desde Zadar, una buena opción es Pag, de donde es famoso el paski sir, su tradicional queso macerado en aceite de oliva y curado en piedra, y que en los últimos años está adoptando la etiqueta de 'Ibiza croata'; su arquitectura singular, su entramado de calles limpias y una impresionante plaza mayor de mármol blanco llaman especialmente la atención.

En nuestro recorrido por este país, se hace imprescindible una parada en el Parque Nacional de los Lagos Plitvice (Región de Zadar), una joya en un valle ubicado entre montañas que fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1979. Sus dieciséis lagos de aguas turquesas y cristalinas con cascadas y numerosos senderos de manera entre ellos (18 kilómetros de puentes peatonales) para pasear nos ofrecerán una visión de extraordinaria belleza natural alejada de las masas multitudinarias de turistas. Se puede hacer una excursión de un día desde Zadar o Zagreb, la capital de Croacia, pero bien merece la pena una visita más larga para descubrirlos en profundidad.

Otra parada natural esencial en este viaje es el Parque Nacional de Krka (Región de Sibenik-Knin) que, aunque más turístico que el anterior, no nos dejará indiferente con sus impresionantes cascadas cuyo volumen de agua es mucho mayor que en los Lagos Plitvice, con una media de 55m3 de agua por segundo en la última cascada, Skradinski Buk, la más espectacular de todas.

Split es una ciudad que equilibra tradición y modernidad. Buena prueba de ello es el Palacio Diocleciano (Patrimonio Mundial por la Unesco), donde sus impresionantes ruinas romanas forman un conjunto arquitectónico que se convierten en el corazón de la ciudad; sus laberínticas callejas acojen durante todo el año una vida frenética de foráneos y gente local. Desde Split, podemos acercarnos a Trogir, una diminuta ciudad de gran encanto que en 1997 se ganó el estatus de Patrimonio Mundial; los estilos románico y renacentista de sus edificios prosperaron simultáneamente durante el reinado veneciano.

Conocida como la 'joya del Adriático', Dubrovnik cautiva a todos sus visitantes sin tregua alguna. Pese a haber sufrido un bombardeo en 1991, esta ciudad ha sabido recuperarse de sus heridas y hoy en día es uno de los destinos turísticos más visitados de todo el mundo. Las imágenes más tradicionales que trascienden de Dubrovnik son las de su casco antiguo, y no es de extrañar, está envuelto por dos kilómetros de murallas de 25 metros de altura cuyo grosor llega a alcanzar hasta seis metros en la parte interior de algunos tramos. Desde ellas, se obtienen unas vistas magníficas de la ciudad y del mar.

No hay palabras que describan la belleza de este país, así que lo mejor es comprobarlo uno mismo con un viaje que nos descubrirá la singularidad y el esplendor de estos parajes.