Nacimiento

Un día para recordar

Un novedoso servicio telegráfico permitía publicar las últimas noticias de todo el mundo a primera hora de la tarde

Pere Comas | 01/05/2018

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El primer equipo. La Redacción de La Última Hora en 1893. De izquierda a derecha, y de arriba a abajo; José Tous Ferrer, fundador y editor propietario; Juan Luis Estelrich, director; y los redactores Pedro de Alcántara Peña, Antonio Noguera, Enrique Alzamora, Juan Bautista Enseñat, Plácido Pereira, Ángel Sureda, Mateo Ros, doctor Viñals, Miguel Sarmiento, Juan Roca, Nicasio Roca, Vicente López y Miguel Sastre.

El primer equipo. La Redacción de La Última Hora en 1893. De izquierda a derecha, y de arriba a abajo; José Tous Ferrer, fundador y editor propietario; Juan Luis Estelrich, director; y los redactores Pedro de Alcántara Peña, Antonio Noguera, Enrique Alzamora, Juan Bautista Enseñat, Plácido Pereira, Ángel Sureda, Mateo Ros, doctor Viñals, Miguel Sarmiento, Juan Roca, Nicasio Roca, Vicente López y Miguel Sastre.

01-05-2018

Desde el primer número, aquel lejano 1 de mayo de 1893, La Última Hora encontró una fórmula de éxito informativo, haciendo honor a la leyenda que aparecía junto a la cabecera: diario de noticias. Lo decía en su primer editorial: «Nuestro principal objetivo, al comenzar la tarea periodística, es ofrecer a nuestros lectores el mayor número de noticias nacionales, extranjeras y de nuestra localidad».

Y así se evidenció en los primeros ejemplares que salieron a la calle aquella tarde. En solo cuatro páginas se reflejó la intensidad informativa que quería darle al diario su fundador, José Tous Ferrer. Era su apuesta. Había muchos diarios matutinos y faltaba un vespertino: todas las noticias sin esperar al día siguiente. Y así lo hizo, lanzando ediciones especiales cuando había noticias muy relevantes. Gracias a un receptor de telegrafía instalado en el propio diario se podían publicar noticias de España y de todo el mundo con una rapidez inédita en la época.

Crónica local
Pero también se cuidó la crónica local. Sorprende la calidad y extensión de la crítica de una revista musical, género muy de moda en aquellos años. Técnicamente es perfecta, analizando con detalle tanto el libreto como la música. El crítico, que no firma su comentario, disecciona con maestría las distintas partes de la obra, subrayando los errores, elogiando algunos aspectos y aportando sugerencias. Y todo en una clave muy local como era la revista Políticos en agraz que, según el crítico, pese a estar centrada en los políticos locales más conocidos, no encuentra «ni con mucho el filón sagrado de los chistes de más o menos buena ley que constituyen la más irresistible seducción del género». Una crítica demoledora, bien argumentada y perfectamente vigente hoy en día, que no desentonaría en un periódico actual.

El gran hecho informativo del día era el suicidio de un hombre que había perdido su trabajo. La noticia está muy bien relatada con profusión de detalles de quienes intervinieron en el suceso. Es una información descriptiva, sin amarillismo, y un comentario final de carácter social: «Hay razones para pensar con tristeza que la sociedad no ha encontrado aún la fórmula de proteger a sus miembros contra la miseria y el hambre». De nuevo, estamos ante una pieza bien estructurada. Era obviamente una noticia no prevista que obligó a reaccionar con rapidez para contar lo que había sucedido aquella mañana y que debió de conmocionar a la sociedad palmesana.

Viajeros
No faltaban las noticias breves de viajeros ilustres que dejaban la isla de Mallorca rumbo a Valencia o Barcelona, o llegaban a Palma. Y las cotizaciones de la Bolsa y los horarios de culto. Aquel 1 de mayo fue un día intenso para La Última Hora, para sus periodistas y para sus impresores que trabajaban con las limitaciones tecnológicas de finales del siglo XIX. Tous quería un periodismo moderno, profesionalizado, alejado de los modelos políticos, literarios o religiosos de sus ocho competidores.

Publicidad
Se cerraba el primer número con una página de anuncios comerciales. Junto a la venta de ejemplares, en la calle o por suscripción, la publicidad era una fuente de financiación imprescindible. Es curioso que uno de los primeros anuncios fuese el de un comercio aún existente: ‘La Industrial’, en las calles Quint y Brossa. Ya no es un gran almacén de muebles, sino una juguetería.

Estaba en la calle el primer número, ya se voceaba en el centro de la ciudad, pero había que preparar el segundo. Y los siguientes. Quedaban muchas noticias que contar. Pasarían los años y nuevos redactores y lectores cogerían el relevo. El diario superaría dificultades, penurias y censuras, y se haría grande. No estuvo nada mal aquel primer día. Nuestra historia acababa de empezar.