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Oiga, ¿sabe de quién es ese barco?

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Nunca vista
Tras pasar un rato por el Club de Mar, escenario de la regata Campeonato del Mundo 2001, que dio comienzo ayer, y ver salir al «Fortuna» llevando a bordo a los duques de Luxemburgo, saltó la alarma: el «Blue One» de Valentino ponía rumbo hacia Poniente. ¿Hacia es Trenc? ¡Pero si ya había estado la víspera! Sí, el lunes, anteayer, antes de atracar en Puerto Portals, había pasado todo el día en es Trenc, con Kiril, Rosario, y las nenas, a bordo. Incluso hubo fotos cuando estos se bañaban, como también las hubo cuando regresaron a tierra, a bordo de una lancha neumática. Pues no importa.

Ayer, nuevo fondeo en las mismas aguas, a unos cuatrocientos metros de la costa. Llegamos un poco tarde, lo reconocemos, pues el «Blue One» va muy deprisa y nosotros nos equivocamos de ruta. Así que si hubo baño, nos lo perdimos, como también perdimos todo el día esperando a que se volvieran a bañar. Y como éramos unos cuantos frente al «BO» con todos los tubos y cámaras desplegados sobre la arena, causamos sensación. ¿De quién es ese barco? y ¿quién va en él? fueron dos preguntas que nos estuvieron haciendo los bañistas, locales, peninsulares y extranjeros, durante las cinco horas que anduvimos allí, poniéndonos rojos como cangrejos, a la espera de ese baño que hasta que aguantamos, las seis de la tarde, no se produjo.

Eso sí, algunos de nosotros nos bañamos, ¡hacía tanto calor! También nos lo pasamos bien observado la carrera de dos ciclistas acuáticos, o nos alucinamos viendo lo cerca que pasan los windsurfistas de los bañistas. Por supuesto, nos recreamos la vista observando hermosos cuerpos de mujer, por delante, por detrás, y cuando estábamos dando cuenta de ricos bocadillos comprados en el chiringuito, ¿saben quién apareció por allí? Àlvaro de Marichalar.

Llegaba con gente de Teltronic, «una empresa que me va a instalar todos los sistemas de comunicación en la moto acuática para cruzar el Atlántico». Porque Àlvaro cruza el Atlántico en moto acuática. A eso que se hicieron las seis, y como todos seguían a bordo, regresamos a Palma más rojos que dos perdigachos. ¡Qué le vamos a hacer! Hay días que no salen las cosas como uno quisiera.

Pedro Prieto

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