Honda Civic DTEC

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La marca japonesa ha trabajado a conciencia en este propulsor DTEC, que ofrece unas buenas prestaciones, un consumo moderado, además de haber ganado finura de funcionamiento

La marca japonesa ha trabajado a conciencia en este propulsor DTEC, que ofrece unas buenas prestaciones, un consumo moderado, además de haber ganado finura de funcionamiento

27-05-2018 | Miquel Àngel Llabrés

En su día tuvimos la oportunidad de probar el Honda Civic en sus versiones 1.5 VTEC Turbo de 182 CV, 1.0 VTEC Turbo de 95 kW (129 CV), y el impresionante Type-R. Todos ellos contaban con propulsores con la tecnología Earth Dreams que ofrecen el equilibrio perfecto entre rendimiento y eficiencia. En esta ocasión le toca el turno al 1.6 DTEC de 120 CV, un modelo que nos ha vuelto a sorprender positivamente en todos los aspectos. Se nota que el fabricante nipón ha trabajado en profundidad en este motor, ya que cuenta con una finura impresionante, además de transmitir unas sensaciones mayores que las que ofrecen la mayoría de motores de esta cilindrada y potencia.

Hay que tener en cuenta que este propulsor ya está adaptado a la nueva normativa de la Unión Europea en relación a la contaminación, que se ha reducido mucho.

Recordamos que la primera versión de este modelo se puso a la venta en 1972; es uno de los modelos mundiales más longevos junto con el Volkswagen Golf.

Además, este modelo, de 4,51 metros de largo, es el primero que la marca japonesa ha lanzado a nivel mundial, con lo que la firma tenía el deber de acertar teniendo en cuenta los gustos americano, asiático y europeo, y al menos en este último lo ha conseguido.

La parte delantera se caracteriza por incorporar unos faros muy afilados, con una excelente iluminación full led. Los spoilers delanteros muy bajos y una interesante combinación azul-negro le acaban de dar este toque deportivo tan especial. La parte posterior cuenta con unos faros de lo más originales, que recuerdan un poco a las dos generaciones anteriores, pero que a la vez se distingue profundamente de las mismas. La ausencia del difusor que adoptaba la versión más potente la verdad es que no le viene nada mal, pero los embellecedores le dan un toque también bastante deportivo.

Ya hemos avanzado que este propulsor diésel de 1.597 cc, de cuatro cilindros y 120 CV nos ha gustado mucho, ya que muestra un gran equilibrio en todos los apartados al contar con unas cifras notables, lo cual se agradece.

La aceleración es más que interesante y suficiente. De hecho tarda sólo 10 segundos para pasar de 0 a 100 Km/h con una elasticidad más propia de un vehículo de gasolina que diésel. Sube desde bajas vueltas y hasta las 3.600 no deja de tener una respuesta enérgica.

En la recuperación el 1.6 DTEC también presenta unos buenos registros, ya que en marchas largas –incorpora seis velocidades– tarda relativamente poco para volver a recuperar revoluciones.

El consumo es el apartado donde el nuevo Civic demuestra su eficiencia máxima, ya que los 3,7 litros a los 100 Km que indica la marca, nosotros sólo los hemos conseguido subir hasta los 4’6, que también es una cifra muy buena para un vehículo de sus dimensiones y peso. A ello contribuye de forma clara el botón ECO, clásico de la marca nipona. En cuanto al comportamiento en carretera, el Civic traza muy bien las curvas, con la ventaja de poder cambiar la dureza de las suspensiones, lo cual se agradece mucho. Con ello se consigue un paso por curva muy neutro, sin molestas tendencias subviradoras. La suspensión de confort es bastante blanda, y la más dura es ideal.

En el interior la marca ha optado por la información totalmente digital (quizá demasiado), con muchas configuraciones controlables desde la pantalla central, además de todos los elementos de conectividad y de seguridad que lo convierten en uno de los vehículos más seguros de su segmento. El espacio interior es notable, tanto en lo que se refiere a las plazas posteriores como en capacidad de maletero, ya que ambos espacios son muy amplios.

Lástima que la banqueta de las plazas posteriores ya no permita plegarlas con la máxima facilidad, lo que permite poner grandes objetos sin que el maletero se vea perjudicado.

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