Llucmajor

El presidente del club náutico de s´Estanyol asegura al juez que no ha robado dinero

Ginard reconoce que ingresó talones en su cuenta y que antes adelantó estas cantidades

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«Jamás me he enriquecido a costa del Club Náutico de s'Estanyol ni he tocado un solo duro». Antoni Ginard Torelló, presidente del club, mantuvo ayer su inocencia y rechazó los cargos de apropiación indebida que le presentaron ante la magistrada Magdalena Ferraté, del Juzgado de lo Penal número 2 de Palma. Ginard está acusado por la Fiscalía y por dos socios, que le imputan haberse apoderado de más de cinco millones de pesetas pertenecientes a las arcas del club. El fiscal pide un año de cárcel, mientras que las acusaciones plantean cuatro años, más una indemnización a favor del club.

El presidente del club fue sometido ayer a un duro interrogatorio de más de dos horas por la fiscal Amparo González, que intentó aclarar el destino de cuatro talones que fueron cobrados de las arcas del club e ingresadas en las cuentas personales de Ginard. Estas gestiones económicas datan de 1993, cuando el club proyectó ampliar el puerto deportivo, que provocó la denuncia de un grupo de socios, disconformes con la gestión del presidente.

El acusado, defendido por el abogado Gabriel Garcías, explicó a la juez que en 1983 se encargaba de la gestión económica de la entidad, si bien la junta de socios había abordado que los pagos de talones debían presentar, como mínimo, dos firmas, la suya y la del vicepresidente. Ginard explicó que el club tenía pendiente de pago parte de los honorarios del ingeniero que había realizado el proyecto, factura que debía abonarse una vez que se aprobara la ampliación. (Este pago se efectuó en 1995). Ginard detalló, que para «evitar un desbarajuste en la tesorería» se decidió apartar una serie de cantidades y guardarlas en la caja fuerte, a la espera de que el ingeniero presentara la factura. Los cuatro talones se firman en 1993 y en realidad no se obtuvo el dinero metálico directamente desde la entidad bancaria, sino que aparecen ingresados en una cuenta corriente, a nombre de Ginard, en la que casualmente tenía pendiente un crédito personal.

El acusado explicó que el importe de los talones lo adelantó con dinero de su empresa (se lo entregó su contable) y que para recuperarlo ingresó los talones en la cuenta corriente. A pesar de que se le insistió en que esta cuenta presentaba un saldo negativo, y además el banco había cobrado intereses, Ginard defendió su solvencia económica: «Podría tratarse de un despiste». Las explicaciones de Ginard parece que no han convencido a la juez, quien le hizo varias preguntas que así lo evidencian. La magistrada le preguntó que, si su propósito al cobrar estos talones era apartar unas cantidades para pagar al ingeniero, no hubiera sido más lógico abrir una cuenta corriente en vez de introducirlo en la caja fuerte del club. Ginard dijo: «No se me había ocurrido».

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