Carlos Ramón: «Saber cómo se vive en otros países hace mejores a los niños de Eivissa»

| | Eivissa |

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13-01-2015

Carlos Ramón es ibicenco. Tiene 34 años y tiene dos grandes pasiones, los niños y los viajes. Por ello, en apenas unos días se va a embarcar en un increíble recorrido por medio mundo que le llevará a Kenia, Tanzania y la India para colaborar durante varios meses con organizaciones no gubernamentales que trabajan con niños desfavorecidos. Su estancia quedará plasmada en varios vídeos para que los escolares de Eivissa sean conscientes de la realidad que se vive en otros países sin tantos recursos.

—Recorrer dos continentes para ayudar a los niños. ¿Menudo viaje no?

—La verdad que sí. Marcho el próximo día 14 de enero y estaré hasta principios de abril, aunque el billete de vuelta está abierto dependiendo de lo que me pueda encontrar en India, mi último destino.

—¿Dónde llega primero?

—A Kenia, en la región de Marakwet, al oeste del país. Allí colaboraré con una pequeña organización no gubernamental de Mallorca que trabaja en un orfanato con niños con SIDA. Después, visitaré Tanzania y la India, donde aún estoy en conversaciones para ayudar con una organización que trabaja con niñas de Delhi para combatir los problemas de violencia de género.

—Trabajará con ONG’s pequeñas. ¿Por qué?

—Siempre lo he hecho así porque creo que te permite tener más contacto con la población local. Ya lo hice cuando estuve en Fidji, ayudando a una organización que luchaba por evitar la prostitución infantil y la desigualdad y creo que resultó muy útil, tanto para ellos como para mí.

—¿Cuenta con algún apoyo desde Eivissa?

—Económicamente no. Si es cierto que tengo amigos que me han dado material para que lleve y regale a los niños.

—¿Viajará con alguien más o lo hace solo?

—En principio lo haré yo sólo aunque eso no quita para que me pueda encontrar con algún compañero de viaje. No me impone viajar solo porque no es la primera vez que lo he hecho y nunca he tenido problemas. Además, en cuanto llegue al orfanato en Kenia seguro que ya estaré en muy buena compañía.

—¿Tiene idea de lo que va a hacer allí?

—Realmente un poco de todo. No hay nada preestablecido en un principio porque todo va surgiendo sobre la marcha, en el día a día. Pero ya sabe, allí se hace de todo, desde lavar la ropa a jugar con ellos o construir edificios. Lo importante es conseguir que los niños sean un poco más felices en su día a día.

—¿Tiene algún secreto para conseguirlo?

—Sencillamente ser yo mismo e intentar reir mucho. Es verdad que desde Eivissa me llevo libretas, cosas de magia, juguetes o camisetas pero una vez que se llega allí y ves la sonrisa de un niño todo eso queda casi en un segundo plano. No hay secretos. Sólo ser uno mismo y tratar a los niños como te gustaría que trataran a tí.

—¿Hará un pequeño diario del viaje?

—Sí, creo que será algo lo suficientemente especial para plasmarlo de alguna manera. Intentaré escribir mis vivencias lo mejor posible y que salga publicado cada cierto tiempo en su periódico. Creo que es importante que la gente sepa cómo se vive en otros países y que somos unos auténticos privilegiados.

—Y además lo grabará en vídeo.

—Lo intentaré. Me llevo una pequeña cámara para que todo quede inmortalizado y posteriormente poder mostrar el resultado en Eivissa. La intención es enseñar la imagen de estos países pero sin dramatismo y con cercanía.

—En resumen, no caer en el sensacionalismo.

—Por supuesto. Está claro que la vida en los orfanatos no es nada sencilla pero tampoco podemos caer en la autocomplacencia y pensar que todo es negativo. Creo que el trabajo que hacen algunas organizaciones en países como Kenia merece la pena ser conocido por los ciudadanos de toda España.

—¿Y entre los niños?

—Entre estos los que más. Por eso me gustaría que los vídeos que hagamos puedan ser mostrados en los colegios para que los niños de Eivissa sean conscientes de que son unos afortunados por tener agua corriente y limpia, o por no dormir 250 juntos en una misma habitación.

—Eso les haría mejores personas.

—Por supuesto. Ellos son el futuro y ser conscientes de esta realidad ayudaría a que se vuelvan mucho más responsables y solidarios.

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