Carlos González, pediatra

Carlos González, pediatra

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19-02-2015

Carlos González (Zaragoza, 1960), es uno de los pediatras más seguidos por todos aquellos que han sido padres en España. Doctor en pediatría, es autor de ocho libros sobre crianza, alimentación y salud infantil, el último Creciendo juntos, publicado en 2013. Además, es presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM), asesor de la iniciativa Hospital Amigo de los niños de Unicef, y conferenciante habitual por toda España. Su próxima cita será mañana en el Palau de Congressos de Santa Eulària a partir de las 19,30 horas dentro del ciclo La aventura de educar en familia.

¿Cada vez se educa menos en familia?

—En cierta medida si porque los niños cada vez disfrutan menos de sus padres.

¿A que se debe esto?

—Fundamentalmente porque cada vez se escolarizan antes. En España es normal que un niño de un año ya esté en la guardería cuando en los países nórdicos o más avanzados esto es impensable.

¿Y por qué esa prisa?

—Principalmente porque en España tenemos una legislación de proteción a la familia que es una porquería. En los países decentes tienen dos o tres años de permiso por maternidad y luego ayudas del Estado, mientras que en nuestro país sólo disponemos de cuatro raquíticos meses y luego permiso sin sueldo. Una barbaridad.

Y luego, cuando son más mayores, ¿no cree que cada vez pasamos menos tiempo con los hijos?

—Sí. Además de escolarizarles pronto también influyen otros factores como que, por ejemplo, todos van al comedor de la escuela porque existe la falsa creencia de que si no lo hacen no aprenden a comer. Es tiempo que pierden de estar con sus padres.

¿Y las actividades extraescolares?

—Lo mismo. En muchos casos están pensadas para que un niño disfrute pero realmente es porque no tenemos tiempo para llegar a tiempo.

¿Qué opina de las nuevas tecnologías y la infancia?

—No creo que sean malas en su justa medida. Muchas veces son los padres los que no queremos saber nada nuestros hijos cuando las usamos. Incluso hay estudios científicos que demuestran que se les grita más cuando estamos con la televisión.

¿Entonces la educación es mucho peor ahora?

—Hay que diferenciar entre educar y formar. Hasta hace un siglo se daba por seguro que a la escuela se iba a aprender matemáticas, ciencias o lengua y que los valores los inculcaba la familia a través de la convivencia cotidiana y el ejemplo. Ahora todo ha cambiado y se vuelca todo en la escuela, lo que es un grave error.

¿Todo eso hace que muchos niños se vuelvan tiranos?

—No estoy de acuerdo. Creo que los padres son los que son tiranos obligando siempre a hacer lo que ellos quieren a sus hijos. Por ejemplo, nosotros elegimos nuestra ropa pero también la de nuestros hijos o escogemos nuestro lugar de vacaciones y el de nuestros hijos. ¿No será entonces que los padres somos los dictadores?

Pero hay muchos niños que crean rabietas tremendas para conseguir lo que quieren.

—En algunos casos, pero la mayoría de las veces aceptan sin rechistar. También hay que se conscientes que los niños han de tener rabietas y eso es algo con lo que hay que convivir y también aprender a manejar.

¿Cómo?

—Siendo buenos negociadores. Está claro que no se les puede permitir todo, como por ejemplo pegar a un compañero o beber lejía, pero si que se puede ceder en cosas como comer un helado intentándole explicar que sólo puede tomar uno para que no se ponga malo. Es más, antes que gritarle para que no se queme los dedos es más sencillo quitar las cerillas de su alcance.

¿Y para los niños que no comen? ¿Hay alguna solución?

—Lo de que no comen es relativo. Todos lo hacen porque sino se morirían. Ya me encantaría a mí que África estuviera lleno de niños de esos que no comen de nada. Y además, algo falla cuando en España un 30% de nuestros niños están en sobrepeso. No es malo que no coman algún alimento pero si hacerles saber desde pequeños lo que es bueno y es malo. Hay que aprovechar que hasta cierta edad ellos solo comen lo que nosotros les damos. Es decir, que una vez más, todo se basa en el ejemplo. No podemos educarles correctamente si en nuestra mesa siempre hay Coca Cola, bollos, o fritos.

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