Un pueblo de cine

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En la imagen, aspecto de la sala donde se emitió la película.

En la imagen, aspecto de la sala donde se emitió la película.

25-10-2015

Cuando bajan las temperaturas y nos adentramos en el otoño, ¿qué mejor plan que verse una película en el cine? Ese es precisamente el éxito del Tapacine, el programa cultural impulsado por el Ayuntamiento de Sant Josep: Un poble de cine, con una oferta difícil de resistir. Un cortometraje, una película independiente en versión original y un ticket para tomar tapa y refresco en alguno de los bares asociados. Y todo ello gratis.

Surgió para comprobar si valía la pena hacer cine en el municipio y ya llevan tres años. Según afirma Gerardo Marín, técnico de cultura de Sant Josep: «Como estábamos empezando la reforma del cine de Can Jeroni, que lleva más de treinta años cerrado, decidimos rehabilitar esta sala para ver la acogida que tendría y la respuesta ha sido fantástica». Claro que el éxito no puede entenderse sin la colaboración de los bares Can Xicu, La Focacheria, No te olvides de acordarte, Botiga Bar Can Jordi y Es Pla.

Aunque estaba previsto que este nuevo periodo, que comenzó el viernes 23, se iniciara ya en Can Jeroni, pues los cines ya están habilitados, aún continúan haciéndose las sesiones en Les Escoles Velles, pero la capacidad se va quedando cada vez más justa. «Cuando planteamos este programa esperábamos una asistencia de como mucho 30 personas, pero al final somos casi siempre cerca de 90, que es el aforo completo».

Tanto éxito tiene el Tapacine que el estreno de este nuevo ciclo no se lo perdió ni Elena Benlloch, regidora de cultura de Sant Josep, quien inauguró la temporada con estas palabras: «Para mí es un placer seguir con esta iniciativa que ha sido un éxito desde el primer momento y nos parece interesante continuar porque así fomentamos gratuitamente la cultura. De momento tenemos que conformarnos con las proyecciones en este espacio pero cuando abra Can Jeroni nos trasladaremos allí». Agradeció tanto la asistencia del público como la colaboración de los bares.

The Desert Dancer narra la historia de un chico iraní cuyo sueño es convertirse en bailarín, un arte prohibido en su país de origen. «Lo que nos plantea la película es las ganas de trabajar, de alcanzar lo que uno quiere y de seguir creando», comentó Marín durante la presentación del film.

Una película de raza, con estilo propio y, sobre todo, con mucho carácter. Rodada con tomas cortas que le dan agilidad al principio e intensos silencios que recrean el clima de tensión que se vivió en el país donde el régimen anuló la libertad de expresión.

Una historia de valentía, una coreografía que hila la trama de la rebelión con la delicadeza del baile. Un equilibrio que consigue despertar sentimientos contradictorios de huir y hacer frente, al mismo tiempo, tanto en el protagonista como entre el público.

 

 

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