«Nunca agradeceré lo suficiente el esfuerzo que hicieron mis padres para que yo fuera músico»

| | Eivissa |

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En pleno vuelo. Durante la sesión de fotos en el Parque de la Paz encontramos unas colaboradoras improvisadas, las decenas de palomas que diariamente acuden a recibir alimento al lugar. Foto: DANI ESPINOSA

En pleno vuelo. Durante la sesión de fotos en el Parque de la Paz encontramos unas colaboradoras improvisadas, las decenas de palomas que diariamente acuden a recibir alimento al lugar. Foto: DANI ESPINOSA

13-12-2015

Iván Doménech es un hombre sencillo, afable y campechano. Tímido y con un gran sentido del humor, por su físico parece uno de esos actores secundarios que tanto nos han hecho reír a lo largo de la historia del cine español. De hecho, seguro que si Luis García Berlanga se hubiera cruzado con él muchos ibicencos y castellano leoneses se hubieran perdido un magnífico músico con una gran visión para el marketing.

Nacido hace 41 años en Medina del Campo, una villa de origen prerromano de Valladolid, hijo de un trabajador de la banca que fue trasladado a Eivissa, Iván se subió a un escenario por primera vez a los siete años en un festival para Manos Unidas en la antigua discoteca Coliseo de su ciudad natal y desde entonces su mundo ha girado en torno a la música. Cuando era menor de edad formó parte de la orquesta Última Nota, después creó el grupo Desperfectos, con los que grabó dos discos, y luego, en Eivissa, alcanzó la fama con el proyecto Ressonadors. Además, en solitario, ha editado los discos Iván DomenechPor una buena sonrisa, y No esperaré, y en los últimos siete años ha dado más de 400 conciertos con el exitoso grupo Te acuerdas del pop español? Y todo ello, siendo profesor de música para niños de 6 a 12 años en el colegio Virgen de las Nieves de Sant Jordi y desde hace unos meses de Didáctica de la Música y Proyectos Plásticos en la UIB.

Iván Doménech nos cita en el Parque de la Paz de Eivissa porque para él es un lugar muy especial. Vecino del barrio desde hace tiempo asegura que aquí ha vivido algunos de sus mejores momentos como músico. Además, fue el escenario escogido para la fotografía de la portada de su tercer disco. Aparece puntual, vestido todo de negro, y a pesar de su timidez, finalmente nuestro aspirante a Sardina Negra posa junto a varias decenas de palomas a las que amargamos su tranquila mañana.

—Han salido fotos chulas. Parece que ha cogido gusto a esto de posar en el Parque de la Paz de Eivissa...

—Si la verdad que sí. Llevo muchos años viviendo en este barrio y aquí hicimos las fotos de la portada de mi último disco, precisamente apoyado con la guitarra sobre la fuente. Tengo muchos y buenos recuerdos de este lugar.

—Tiene tres discos en solitario, dos con Los Desperfectos, ha dado más de 400 conciertos con Te acuerdas del pop español? y formó parte de Ressonadors. Vaya curriculum. ¿Se considera un afortunado viendo como está el mundo de la música?

—Más que un afortunado soy un currante que ha trabajado desde bien pequeño en este mundo y que ha ido creciendo a base de darse golpes y vivir equivocaciones. Eso sí, soy una persona que necesita enlazar un proyecto tras otro y al que le encanta estar liado. Creo que eso bueno porque en la música siempre tienes que estar presente y reinventándote para que no se olviden de tí.

—Hablando de reinventarse, usted ha hecho campañas de publicidad de su último disco muy ingeniosas. ¿Le han llamado de alguna compañía?

—(risas) No pero creo que hay alguien que me ha copiado.

—¿Cómo se le ocurrió lo de los discos y lo de ir a tocar a casa de un particular?

—Porque queríamos dar una vuelta más. Y al final, por ejemplo, lo de dejar discos en distintos lugares de Eivissa para que la gente los encontrara salió muy bien. Y por supuesto, lo de cantar en la terraza de la casa de una niña fue una pasada. Y sigo dando vueltas a nuevas cosas.

—¿Eso demuestra que ahora es todo mucho más difícil? ¿Ha cambiado mucho desde que comenzó usted?

—Por supuesto. Yo tengo 41 años pero hemos visto una gran evolución. He pasado por los vinilos, los lps, los cassettes, los cd y ahora las descargas digitales. Y antes se medía un cantante por venta de discos y ahora por número de descargas.

—¿Y los grupos y la música también han cambiado?Viendo el éxito de Te acuerdas del pop español da la sensación de que hay mucha nostalgia...

—Puede ser. Creo que ahora se hacen menos canciones eternas.Antes la letra y la música estaba más cuidada y ahora prácticamente todas se limitan a un buen estribillo y a una tonada pegadiza. Si no, piense en cuantos temas se recuerdan de esta década y cuantos de los ochenta o los noventa.

—La clave era la letra...

—Sin duda. Eran canciones que te tocaban la fibra.

—¿Y para Iván Doménech cual son las mejores?

—(risas).Es imposible quedarme solo con algunas. Por ejemplo me encanta La chica de ayer, pero hay otros días en los que me emociona cualquiera de Mecano o Santa Lucía de Miguel Ríos o me pongo un tema de Loquillo para que me de un subidón. Hay muchas porque todas forman parte de mi adn.

—Yo con muchas me enamoré. ¿Y usted?

—(risas). Con alguna, pero casi que al revés. Era de los que cuando estaba de bajón me ponía Los Secretos. Me encantan aunque corría el riesgo de tirarme por un balcón (risas)

—¿Se imagina que algún día canciones suyas forman parte de este repertorio?

—(risas). Sería la leche. Pero vamos lo veo complicado.

—Por experiencia no será. Usted casi fue un niño prodigio de la música. Empezó a los siete años...

—(risas). Casi como Joselito. No. En serio. Fue gracias a mi madre que me llevó a un festival benéfico en Medina del Campo y luego fue todo rodado.

—Y de Joselito a David Bisbal. Usted también tocó en una orquesta.

—(risas). Si bueno pero seguro que ligaba menos que él. Se llamaba Última Nota y allí hice de todo, desde cargar cajas de música a tocar con la guitarra desde pasodobles al éxito del momento. Era menor de edad y nunca agradeceré lo bastante el esfuerzo que hacía mi padre para acompañarme en los conciertos.Allí estaba siempre él como un campeón.

—En esa orquesta, ¿le tiraron alguna vez a un pilón?

—(risas). No que va. Eso sí, en algún que otro pueblo tuvimos que salir escoltados porque los vecinos queríamos que tocáramos más y nosotros estábamos agotados.

—Y desde allí, ¿cómo acaba enEivissa?

—Por un traslado de mi padre. Nos trajeron a Eivissa y al principio para mí, con 15 o 16 años, fue muy duro. Además, viví muchos contrastes porque venía de Medina del Campo, donde en la piscina nos bañábamos con gorro.

—¿Y cómo termina en Ressonadors?

—Porque conocí a Joan Barbé y aOmar Gisbert, quienes me propusieron colaborar con el proyecto de trasladar al pop canciones y poemas tradicionales.

—Fue un bombazo. ¿Son conscientes de que marcaron un antes y un después en la isla?

—Puede ser. Fue una gran idea y de ello me llevo grandes recuerdos. Aún recuerdo los tiempos en los que todo el mundo llevaba en su coche con la ventanilla bajada temas nuestros. Y eso por no hablar de Jo tenc una enamorada que casi se ha convertido en un himno. Pero creo que lo más importante fue que los jóvenes de Eivissa se acercaran a sus temas más tradicionales.Eso fue el gran éxito de Ressonadors.

—¿Y no le ha picado el gusanillo de trasladar la idea a su tierra, Castilla y León?

—Tal vez pero es muy complicado porque Castilla y León es muy grande y tiene muchas provincias, cada una con sus temas propios. Sería difícil pero ya he empezado a mover algunos hilos hablando con expertos que me ayuden a recuperar textos clásicos. Y a Joan Barbé ya le he tirado el hilo (risas)

—Usted habla de que con Ressonadors los jóvenes descubrieron sus canciones tradicionales. ¿Cómo son los niños de hoy en día usted que es profesor en el Colegio Virgen de las Nieves de Sant Jordi?

—Bueno también les gusta la música pero es distinta a la que estamos acostumbrados nosotros a los que nos ven como unos carrozas. Lo bueno que yo tengo es que doy clase a niños de 6 a 12 años y a esa edad, aún podemos conseguir que les acabe gustando otro tipo de música que no sea el chunda chunda.

—¿Cómo es Iván Doménech como profesor?

—(risas) Soy bastante buenazo la verdad.

—No le veo mucho de suspender...

—(risas) La verdad que no. A los pocos que he suspendido es porque no ha habido más remedio.Se lo digo de verdad. Soy de los que intento sacar el mejor rendimiento posible de un niño desde el buen rollo.

—¿Y qué le dice a los jóvenes que quieren ser músicos actualmente?

—Que es un mundo muy complicado. Que hay que luchar mucho y que te tienes que tropezar una y mil veces antes de llegar arriba. Y que músico se nace, no se hace.

—¿Ni siquiera en los grupos modernos donde prima más la imagen que la música?

—Bueno eso habría que verlo. Cada vez más en la música es más importante la imagen y yo entiendo que entre unos chicos jóvenes y guapos y yo, Iván Doménech, las niñas les preferirán a ellos. Lo normal es que ellos se muevan en el escenario y yo cante por detrás (risas).

EL TEST

Un libro

Cualquier autobiografía

Una película

Cinema Paradiso

Una serie

7 vidas

Un cantante o un grupo

Cualquiera disco que hagan Los Secretos y Alchemy de Dire Straits

Una persona a la que admira

Mis padres

Un color

Azul

Un plato de cocina

Huevos fritos

Un deporte

Fútbol, aunque de pequeño también hacía ciclismo. Todo lo contrario de ahora.

Un lugar de la isla donde perderse

Dalt Vila

Un viaje que nunca olvidará

Me encanta Lisboa …

Un objeto fetiche

Los zapatos

Una manía

Tocar madera

Un defecto

Muchos…. Soy cabezota

Una virtud

Amigo de mis amigos

Un sueño por cumplir

Que a mis hijos les vaya bien en su vida

 

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