Funeral en el Cementerio Nacional de Arlington por la soldado estadounidense Morganne M. McBeth, fallecida mientras servía en Irak. | JIM LO SCALZO

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El jefe del Estado Mayor de Irak, general Babakar Zibari, reconoció ayer que el Ejército iraquí no está preparado para asumir todas las misiones, tras la reducción de soldados estadounidenses que culminará el próximo día 31.

En una rueda de prensa, después de una reunión de altos mandos del Ejército iraquí en el Ministerio de Defensa, Zibari advirtió de que la preparación de las Fuerzas Armadas «llegará a su más alto nivel en próximas etapas».

En diciembre del 2008, ambos países firmaron un pacto de seguridad que estipulaba el repliegue total estadounidense para finales de 2011.

Babakar aseguró que Irak trabajará con efectividad para asumir las misiones a partir de 2011, aunque «los políticos deben hallar otros métodos para compensar el vacío que se producirá tras la retirada estadounidense, porque el Ejército no se consolidará antes de 2020».

El jefe del Estado Mayor iraquí agregó que los 50.000 militares de EEUU que permanecerán en el país después del 31 de agosto se dedicarán a tareas de asesoramiento, respaldo y entrenamiento. Aun así, Zibari señaló que se requiere de un plan de seguridad, en coordinación con EEUU y otros países de la región, además de lograr acuerdos, para proteger las fronteras.

Fortalecer la seguridad

Por su parte, el ministro de Defensa iraquí, Abdelqader al Obeidi, explicó que los responsables militares han revisado «con mucha exactitud todos los aspectos para fortalecer la seguridad de Irak».

Por otra parte, funcionarios estadounidenses brindaron el miércoles una evaluación optimista sobre la situación en Irak, pese al fracaso de los políticos iraquíes por formar un gobierno cinco meses después de las elecciones y un aumento en las bajas civiles durante julio. «Irak va en una trayectoria positiva», dijo a la prensa en la Casa Blanca Ben Rhodes, asesor adjunto de seguridad nacional del presidente Barack Obama.

Rhodes habló el mismo día en que la insurgencia dio muerte a ocho soldados iraquíes en la provincia de Diyala y a dos policías en Bagdad, los últimos ataques contra las fuerzas de seguridad locales en momentos en que las tropas de EEUU se aprontan a terminar su misión.