María José Rodríguez: “La democracia exige la recuperación de la ética"

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María José Rodríguez es miembro del Consell Polític de UM.

María José Rodríguez es miembro del Consell Polític de UM.

09-01-2010 | T. Ayuga

María José Rodríguez fue fichada para la política por María Antònia Munar dada su implicación en los movimientos feministas. Rápidamente se salió del papel asignado y abarcó otros campos. Ha sido candidata a las elecciones europeas de 2005 y directora insular de Emergencias, es Defensora del Paciente y forma parte del Consell Polític de UM. Lleva veinte años de actividad pública. Sin embargo, conserva una frescura de lenguaje que puede proporcionarle estimables réditos entre un electorado que observa al político con mirada de gato resabiado. Una parrafada suya: "Los políticos han patrimonializado la Administración haciendo de la función pública un chiringuito al servicio de sus intereses". La rescato de la hemeroteca, por lo que no va con ella la acusación de oportunista. Ahora se muestra dispuesta a reemplazar a Isidre Cañellas al frente de la candidatura centrista de Calvià. Y puede provocar una nueva grieta en la estructura de su partido, últimamente en peligro de derrumbe por tantas y tantas cosas. Cañellas y su esposa, Aina Colom, saben moverse entre bambalinas y no van a renunciar graciosamente a su parcela de poder. Luego están las dificultades del propio partido por mantener o mejorar su cuota electoral en el municipio. En Calvià, UM es tierra quemada por su apoyo al conservador Carlos Delgado, cuyo paso por la alcaldía ha de considerarse como una auténtica tragedia. En cualquier caso, María José Rodríguez está dispuesta a jugársela. Tienedon de gentes, una cualidad que se echa en falta en la mayoría de políticos actuales. Y quiere echar mano de un lenguaje renovador. En sus manos está que lo sea.Parte de la clase política (Partido Popular y UM) continúa estando en el punto de mira de la fiscalía. Le pregunto cómo afecta todo ello al conjunto de la sociedad. Me responde:


María José Rodríguez.- Estamos ante una situación kafkiana, nada normal. Y el gran reto de los políticos estriba en recuperar la confianza de la ciudadanía. A veces me digo que será difícil, otras que no. Lo cierto es que el ser humano tiene la virtud de olvidar pronto lo malo.
Llorenç Capellà.- ¿Es una virtud...?
M.R.- Claro que sí. De otra forma, la vida se nos haría insufrible.
L.C.- Por olvidar como las gasta el Pepé y confiarle la Xunta a Núñez Feijóo, los gallegos se enfrentan a un Decreto de Trilingüismo que puede arrinconar su idioma.
M.R.- Es cierto. Y me duele en el alma, porque la lengua es patrimonio del pueblo. Tanto con mi padre como con mis abuelos siempre hablé en gallego. En cambio, con mi madre, en castellano. Las monjas, en el colegio, nos regañaban si hablábamos en gallego... Pero yo pasaba de sus sermones. El idioma forma parte de la tierra, de la cultura, de la forma de ser de un pueblo.


L.C.- Usted coqueteó con el BNG.
M.R.- Era en los comienzos de la democracia, cuando nos planteábamos que no habría democracia en el Estado si no recuperábamos las libertades de las naciones oprimidas. Llegado el momento, mi madre fue una firme partidaria de los ideales galleguistas.
L.C.- Su madre le hablaba en castellano.
M.R.- ¿Le digo por qué...? Porque daba tono social. Así de claro. Pero en casa éramos gallegos de la cabeza a los pies. Mi abuelo paterno era un xamoneiro de O Carballiño, muy conocido en la comarca.
L.C.- ¿Qué es un xamoneiro...?
M.R.- Compraba y vendía jamones y suministraba caballos al ejército. Era todo un personaje. Quiso que yo participara del negocio familiar, con las mismas responsabilidades de un varón. Y me enseñó a calar jamones. Soy una gran caladora.
L.C.- ¿Por qué abandonó aquel mundo?
M.R.- Porque con dieciocho años me enamoré de un mallorquín que me aventajaba en trece. Pero no me desvinculé de Galicia. Cada veintiséis de julio estoy en la manifestación de Santiago reivindicando país y pueblo.
L.C.- Y Mallorca ¿qué lugar ocupa en su ideario político?
M.R.- Uno idéntico al de Galicia. Mallorca me lo ha dado todo: amor, profesión, amistades... Además, me siento de aquí. Apenas llegué, aprendí el catalán.
L.C.- Pero el BNG es una coalición de partidos de izquierdas y UM es de derechas.
M.R.- De centro...
L.C.- Como usted diga.
M.R.- En cuanto a su pregunta, mire, la izquierda tiene muchas cosas que puedo asumir perfectamente. Tal vez porque provengo de una familia con unos grandes valores democráticos. El abuelo Aquilino me dio una lección diaria de humanidad. El último día de cada mes hay feria en O Carballiño. Pues bien, el abuelo mandaba que las puertas de casa estuvieran abiertas para que los labriegos de las aldeas cercanas entraran a probar nuestro jamón y nuestro Ribeiro.
L.C.- Deme la dirección y el próximo treinta y uno estaré allí.
M.R.- Ya no. Tendría que ir a fonda porque el abuelo murió hace años. Pero su generosidad tiene lógica. Los labriegos eran gente muy pobre y él, el abuelo Aquilino, les compraba los jamones de la matanza. Si me los venden a mí, decía, es porque son tan pobres que no pueden comérselos. Por esto les invitaba. Podía ser generoso y sabía serlo. Regalaba a los labriegos los caballos que le retornaba el ejército. Uno porque era cojo, otro vaya usted a saber por qué.
L.C.- ¿Ama los animales...?
M.R.- Los adoro. Tengo dos perritos y un loro, los tres forman parte de mi entorno afectivo. No se burle de mí con lo que voy a decirle: le hice el boca a boca a un cerdo al que se le paraba el corazón.
L.C.- Me río.
M.R.- ¡No...! Lo salvé. Me crié en contacto con la naturaleza. ¿Sabe que noto a faltar de Galicia...? El olor a tierra mojada. Cuando viajo a casa beso un puñado de hierba. Es la mejor manera que se me ocurre de vencer la añoranza.
L.C.- Me ha dicho que al llegar a Mallorca se preocupó de aprender el catalán.
M.R.- Por una razón muy sencilla: si quiero que se respete a mi pueblo de procedencia, he de respetar a mi pueblo de adopción. Me parece lógico que todo aquel que venga a vivir aquí aprenda la lengua de los de aquí. Por si esto no bastara, tenía razones familiares. Jesús, mi marido, es de Binissalem. Comprendí que el castellano iba a ser una barrera para mi integración en la familia. ¿Cómo iban a entenderme sus tiítas...?

Si quiero que se respete a mi pueblo de procedencia, he de respetar a mi pueblo de adopción"

L.C.- Parte de esta argumentación es válida para los médicos y personal sanitario que se niegan a aprender el catalán.
M.R.- Es cierto. Pero yo soy partidaria de que el aprendizaje sea una obligatoriedad moral. Nos hacen falta médicos, buenos especialistas... Y no podemos prescindir de ellos porque se nieguen a hablar nuestra lengua. Hemos de decirles que Mallorca es una tierra maravillosa, con una gente súper acogedora...
L.C.- ¿Se da cuenta de que me está pronunciando un mitin...?
M.R.- No me avergüence. Le aseguro que no lo pretendía. Me apasiono hablando, porque defiendo cosas en las que creo. Nunca miento.
L.C.- ¿Nunca, nunca...?
M.R.- Si es necesario, guardo silencio. Pero mentir, nunca.
L.C.- Su nombre se relaciona con una candidatura alternativa a la actual de UM en Calvià.
M.R.- Y tal vez cuaje. Últimamente me he entrevistado con un grupo de jóvenes que se sienten marginados por Isidre Cañellas. Y si me lo piden, no voy a negarme a representarles.
L.C.- Isidre Cañellas...
M.R.- Con veinte años mandando en la agrupación no ha sido capaz de convocar ni una sola asamblea. Y nuestra gente tiene derecho a ser informada y escuchada.
L.C.- UM únicamente cuenta con un concejal en Calvià y debe de crecer por la derecha. ¿Cómo se enfrentaría al tándem Onieva-Delgado?
M.R.- Con un lenguaje sencillo y claro, el que entiende la gente. En estas últimas semanas he visitado a algunos vecinos y me han abierto las puertas de su casa. En Calvià se sienten marginados, ninguneados. Quieren ser tenidos en cuenta. Y yo me brindo a hacerme eco de sus deseos y preocupaciones. ¿Puedo decirlo más claro...?
L.C.- Puede decirme, con igual claridad, si aspira a presidir UM.
M.R.- En el partido hay personas más indicadas. Además, UM me absorbería la vida. Tardo en decidirme. Pero cuando acepto un cargo me entrego en cuerpo y alma a mis compromisos. Soy así por mi abuelo. ¡Cómo si le oyera...! Si puedes hacer algo por el mundo, hazlo, me decía.
L.C.- ¿Cuándo murió?
M.R.- No lo recuerdo exactamente. Pero tenía noventa y dos años. Se rompió la cadera al caerse del caballo. Al acercarme a su lecho de muerte me cogió una mano entre las suyas y me susurró que fuera siempre justa.
L.C.- No se emocione.
M.R.- No puedo evitarlo. Se me saltan las lágrimas.
L.C.- Lo veo.
M.R.- Los valores morales básicos están cayendo en desuso. Hablamos de la crisis económica. Y sí, es cierto, es preocupante. Pero ¿y la crisis de valores no lo es...? La democracia, para consolidarse, exige la recuperación de la ética y de toda una serie de cuestiones elementales que afectan a la convivencia.
L.C.- Con todo lo que podría decir, el pueblo no dice mucho. Apenas nada.
M.R.- Se ha llegado tan lejos con la corrupción que ya ha empezado a verla como algo lógico, inseparable del sistema. Y esto es fatal. En una de sus obras, Italo Calvino cuenta cómo un gobernante anota en un cuaderno las quejas y sugerencias que le trasmite la gente.
L.C.- Bien seguro que lo llena en un santiamén.
M.R.- Segurísimo. Luego recapacita. ¿Quién es el valiente, se pregunta, que actúa de acuerdo con el cuaderno...?
L.C.- ¿Quién es...?
M.R.- Nadie. Entonces cuelga el cuaderno de un árbol para que sus enseñanzas le sirvan a quién se atreva a consultarlo. Pero nadie lo coge. Llueve y la tinta se corre. ¿Conclusión...?
L.C.- Dígamela.
M.R.- Que ya no hay políticos que estén en contacto con la realidad porque la desconocen. Y algo de eso puede pasarle a mi partido si no espabila.
L.C.- Si usted tuviera oportunidad de hacerse con el cuaderno de Calvino ¿con qué mano lo cogería?
M.R.- Con las dos, porque en mí no pesa más la derecha que la izquierda. Lluís Pomar, el veterinario... ¿Conoció usted a Lluís Pomar...?
L.C.- Por supuesto.
M.R.- Cómo lloré su muerte. Le escribí un poema de despedida para leer en el acto fúnebre y me fue imposible. Me pudo la pena. En cierta ocasión me dijo: María José eres una persona de izquierdas y tienes el encanto de no saberlo.
L.C.- ¿UM está hundida?
M.R.- Digamos que tiene un agujero de escalofrío en la línea de flotación. Pero entre los tripulantes hay buenos marineros, así que llegará a buen puerto.
L.C.- ¿Lo ha hablado con Jeroni Albertí?
M.R.- No. Pero Albertí es un modelo a imitar por todos los afiliados. Como lo fue Josep Melià. Ambos, al igual que la gente de la Transición, tenían voluntad de servicio. Sabían escuchar, dialogar, pactar...
L.C.-...
M.R.- Y estamos faltos de esta madurez. No solo en UM, sino en todos los partidos que gobernamos o hemos gobernado. No hemos sabido hacernos respetar por Madrid y el país se resiente de ello. Mallorca tenía la renta per cápita más alta del Estado y actualmente es la quinta o la sexta. Las pensiones son las segundas más bajas... El Estado, gobierne el Pepé o el PSOE, pasa olímpicamente de Balears.
L.C.- Se apasiona.
M.R.- ¡Naturalmente! Vivo con total intensidad, lo cual es bueno y es malo.
L.C.- ¿Por qué malo...?
M.R.- Porque la pasión no siempre es goce, sino sufrimiento. Y hago míos los problemas de las personas y sufro por los animales que padecen.
L.C.-¿Se me morirá...?
M.R.- Qué va. Soy una pesimista total que ha aprendido a disfrutar de lo bueno que le ofrece la vida. Pero volviendo a los animales, me impresiona muchísimo la mirada de los perros. Tanta ternura, tanta lealtad...
L.C.- ¿Qué le gusta de los gatos?
M.R.- Lo que me une a ellos, la rebeldía. En cambio, de las personas, valoro mucho la inteligencia. Tal vez porque la inteligencia es inseparable de la bondad.
L.C.- ¿Es mañanera?
M.R.- Lo procuro. Me gusta desayunar sin prisas. Pienso en todo. Y también pienso en mí misma.
L.C.- ¿Cómo se juzga?
M.R.- No se lo digo porque soy muy exigente. Dialogo con mis perritos. O con Lolo, el loro. En realidad, monologo. Y paso del rigor a la ternura en un santiamén. ¡En fin...! Conservo un gramo de locura, imprescindible para aspirar a ser feliz.
L.C.- ¿Hay meigas?
M.R.- Haberlas, haylas. Pero no lo voceemos. De locura un gramo, ya se lo he dicho. Una dosis superior es contraproducente n