Pedro Prieto: “Lo mío es recorrer paisajes tras la batalla”

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Pedro Prieto.

Pedro Prieto.

23-01-2010 | T. Ayuga

Camina arrastrando ligeramente los pies, pero llega antes que nadie al lugar de la noticia. Es un perro callejero, un caza-entrevistas, un reportero. Pedro Prieto (Antigua, Fuerteventura, 1945) estudió magisterio (Escuela Normal, 1964), pero después de diez años de profesión se pasó al periodismo. Lleva treinta y cinco años en Ultima Hora. Acaba de publicar, con fotos de Joan Torres, «De Palma a Palma, cròniques d'un reporter a través del món».

Quien me preguntara si en el ejercicio de su profesión Pedro Prieto ha gastado más suelas de zapato o más bolígrafos, se quedaría sin respuesta. El pisar calle bolígrafo en ristre es cosa de los periodistas de ley. Al menos en épocas pasadas. Prieto pertenece a una especie en desuso, la del repórter, que se ha ido extinguiendo a lo largo del último medio siglo. Pero los ha habido. Pau Llull (firmando Pablito) y Antoni Pizà (a quien me cuesta llamarle Antonio) fueron las estrellas de un periodismo cercano y cotidiano, de indudable mérito en tiempos de censura. Pere Serra fue su antecesor, aunque la censura de la inmediata posguerra condicionara muchísimo la información. Más tarde, después de Llull y de Pizà, aparecerían las firmas de Planas Sanmartí, Antoni Serra, Antoni Torres, Pep Roig, Santiago Miró y algunos otros que ahora mismo no recuerdo. Todos ellos, cada uno con unas características propias y bien definidas, consiguieron tomarle el pulso a la calle. Tenían vocación de todo-terreno. A las diez de la mañana tomaban café con un cirujano que les hablaba de las operaciones a corazón abierto, y quince minutos más tarde dialogaban con un domador de leones. Al igual que ellos, Pedro Prieto se ha pateado Palma. Pero, a diferencia de ellos, también ha recorrido las otras Palma que hay esparcidas por el mundo. Sobrepasan la docena. La idea de visitarlas para acercarlas al lector mallorquín, surgió de Joan Torres, su compañero inseparable durante muchos kilómetros, horas y días.
Pedro Prieto se define a sí mismo como un contador de historias. "De Palma a Palma" (Hiperdimensional Edicions, 2009) recoge un racimo de estas historias que reflejan desamor y ternura, curiosidad y pasión.

Más que conversador, es buen narrador. Iba a preguntarle cualquier cosa y se me adelanta. Dice:
Pedro Prieto.- Soy de un lugar que sesenta años atrás ni figuraba en los mapas. Mi padre era un militar, de Zamora. Procedía de la División Azul y cualquier destino le iba bien. Afortunadamente le trasladaron a los seis meses de yo haber nacido. Estuvimos en las Islas Canarias, en Melilla... Pasamos diez años, casi toda mi infancia, en Eivissa. Luego ya vinimos a Palma.
Llorenç Capellà.- Dígame de dónde es su madre y ya sabré toda su procedencia.
P.P.- Es burgalesa. Y a mí se me pegó algo de Eivissa, pues soy del Español. Todos los ibicencos lo éramos. ¿Sabe por qué...? ¡Imagíneselo! Porque Matutes jugaba de defensa central con los periquitos.
L.C.- Entiendo.
P.P.- Pero la mayor parte de mi vida ha transcurrido en Mallorca. Me considero mallorquín.
L.C.- Dígame ¿por qué no está ahora mismo en Haití?
P.P.- Porque ya están ahí todas las grandes empresas periodísticas. ¿Cómo puedo competir informativamente con la CNN o con la BBC...? ¡Si nos han saturado de información...! Además, lo mío es otra cosa. Recorro paisajes después de la batalla.
L.C.- ¿Y qué ve?
P.P.- Lo que los periodistas al servicio de los grandes trusts no han visto o no han querido ver. El terremoto del Perú, en 2007, fue espantoso. Estuve allí con Lourdes Terrasa y pudimos ver cómo llegaba ayuda humanitaria de medio mundo. Pues bien, sor Margarita Colmillo, una misionera de Binissalem, me informaba hace unos meses que a estas alturas aún no han recibido nada de nada.
L.C.- ¿Y dónde ha ido a parar todo...?
P.P.- Quién sabe. Han pasado doce años desde que el Mitch asoló Honduras. ¿Y a dónde han ido a parar las ropas, las medicinas, los alimentos...? He hablado con las gentes que quedaron en la miseria y me han confirmado que no han recibido ni un puto euro. ¡Si le contara...!
L.C.- Cuénteme.
P.P.- Con Joan Torres estuve en Pemba, en Mozambique. Y en un almacén de la residencia del gobernador vimos almacenadas infinidad de cajas de Unicef. ¡Si las medicinas y los botes de alimentos se vendían en los mercados...!
L.C.- Todo esto es demoledor.
P.P.- Y digo la verdad. Los únicos administradores fiables de la solidaridad, al margen de algunas ONG's consolidadas, son los curas y las monjas. Les das un euro y lo multiplican por veinte. Además, enseñan oficios, imparten estudios. Le garantizo que la labor de los misioneros es impagable.
L.C.- Lo creo.
P.P.- Pero la de los misioneros católicos. El Vaticano será censurable, pero quienes van a las misiones dan el callo.
L.C.- ¿Por qué hace esta matización?
P.P.- Porque cuando en Guatemala, hace cuatro años, hubo un derrumbe de tierra que sepultó Panabaj y otras poblaciones vecinas, la ayuda internacional se canalizó a través de la Iglesia Evangélica. Y nada de nada. No llegó a los necesitados. Le digo la verdad: soy el primero en criticar la política del Vaticano, pero me rindo ante la evidencia. Allí donde la miseria clama al cielo, allí están los curitas dando lecciones de solidaridad. Y con dos cojones como la Catedral de Burgos. Porque hay países en los que se pasa miedo.
L.C.- ¿Dónde se ha sentido más inseguro...?
P.P.- En Ciudad Juárez. Aquello es una jungla. Tenga en cuenta que el año pasado hubo cerca de cuatro mil asesinatos... Cogí un taxi para que me llevara al casco antiguo. Quería visitarlo y era en pleno día...
L.C.- ¿Y...?
P.P.- El taxista me advirtió que solo a un loco podía ocurrírsele tal cosa. La violencia se palpa, es algo consubstancial a la forma de vida. Un conocido con el que me había citado, llegó a la cita transmutado. En un control, la policía le sustrajo el móvil y todo el dinero que llevaba encima. Además le amenazó de muerte: si presentaba una denuncia, desaparecería para siempre.
L.C.- Y calló.
P.P.- Aunque no iba a servirle de mucho. Al cabo de unos pocos días se hallaba haciendo la compra en un súper, se produjo un tiroteo entre dos bandas rivales y a él le cogió en medio. Murió acribillado.

México es el país más inseguro del mungo, pero he sentido miedo en otros muchos sitios ”

L.C.- Fue su destino.
P.P.- Y qué destino. México es el país más inseguro del mundo. Y conste que he sentido miedo en muchos otros sitios. En Kabul, por ejemplo. Iba con Joan Torres y nos perdimos en el aeropuerto. Y de repente nos encontramos entre un mar de turbantes. Me acojoné. Por suerte vimos pasar una patrulla en formación de soldados italianos y les seguimos hasta que rompieron filas. Luego, nos acompañaron hasta un cuartel español que estaba bajo el mando de un menorquín, el general Coll Benejam.
L.C.- ¿Es válido aquello de a donde fueres haz lo que vieres?
P.P.- Sí. Aunque lo más aconsejable es la discreción y la cautela. Cuando viajo a Cuba digo que hago turismo, porque si los funcionarios supieran que soy periodista tendría un policía pisándome los talones. Y en los países de Àfrica no iría por la calle con un ordenador, porque seguro que me lo robaban. En cambio, si me roban los bolígrafos, que me los roban, no pasa nada. Los africanos sienten una atracción irresistible por los bolígrafos. Sobre todo los más jóvenes. Y le diré por qué. El bolígrafo significa progreso, posibilidad de aprender a escribir... Por esto, los jóvenes quieren bolígrafos. Luego, de adultos, cambian su percepción del mundo. Quieren otra cosa.
L.C.- ¿Cuál?
P.P.- Una ametralladora. A fuerza de palos aprenden que el futuro no está en la cultura sino en las armas.
L.C.- Las grandes cadenas informativas eluden llegar a conclusiones tan radicales.
P.P.- Naturalmente. Porque mueven la opinión pública de acorde con sus intereses. En la Navidad de 2008 toda la atención informativa estaba centrada en el Congo. De repente, Israel atacó Gaza y la noticia estuvo en Oriente Medio. Ya no se habló más del Congo. Y en el Congo continúan asesinando a seres inocentes. El problema de Haití, desde la óptica informativa, es que ya no habrá más muertes. Si se produjeran masacres a diario, los telediarios harían su agosto.
L.C.- ¿La tragedia se ha convertido en un espectáculo?
P.P.- Claro que sí. Aunque recibe un tratamiento distinto según cuál sea el país o los países implicados. Cuando los americanos bombardearon Bagdad, veíamos cómo las bombas levantaban columnas de humo. Pero no nos enseñaban las consecuencias trágicas de las explosiones. En cambio, en Haití, las cámaras se dan un atracón de muerto. Haití es un país pobre y nadie salvaguarda la dignidad de los pobres.
L.C.- ¿Si usted estuviera en Haití...?
P.P.- Retrataría cuanto cadáver viese. Pero en Irak hubiera hecho lo mismo. Los gobiernos han conseguido que la sociedad participe de una moral que es simple y llanamente hipócrita. Cuando murió Lady Di se nos preguntaba, a los reporteros, si hubiéramos hecho fotos en caso de encontrarnos casualmente en el Puente del Alma. Siempre respondí afirmativamente.
L.C.- ¿Las hubiera hecho...?
P.P.- No lo dude. Soy periodista. Imagínese que me presento en el periódico y le digo al director que no fotografié el accidente por motivos éticos...
L.C.- Seguro que va directo al paro.
P.P.- Aún así, habría otro motivo para hacer las fotografías. ¿Si se pueden convertir en espectáculo los cadáveres de la pobre gente de Haití, por qué tenía que hacerse una excepción con la Princesa de Gales...?
L.C.- Hábleme del famoseo.
P.P.- He conseguido algunas exclusivas importantes. Por ejemplo la de Lady Di bañándose en Cabrera. Y de la familia Real, las que he querido. Pero le confieso que los actuales personajes del corazón me cansan. No tienen categoría alguna. No cantan, ni bailan, ni son estrellas del cine. En realidad, no son nadie.
L.C.- El fenómeno Belén Esteban...
P.P.- Se explica porque hay una cadena de televisión que ha apostado por ella en un momento en que el nivel cultural de los españoles está por los suelos. Jamás habíamos sido tan incultos. Si cada ciudadano leyera catorce libros al año no se darían casos tan bochornosos de memez colectiva.
L.C.- Ya.
P.P.- Se anunciará una conferencia a cargo de una eminencia y acudirán cuatro gatos. Antonio David, en cambio, arrastra multitudes. Y bueno ¿qué puedo decirle...? Me cabreo. Rocío Jurado fue una primera figura y es lógico que tuviera sus admiradores. Pero Rociíto... ¿quién es Rociíto? O quién es el novio de Rociíto...? ¿O quién es la Bermúdez o la hija de Pajares...? Algo anda mal en este país. Probablemente el Rey sabe cómo se llama la hija de Belén Esteban. Sin embargo dudo que la Esteban sepa quién fue la madre del Rey. ¿Me explico...?
L.C.- A la perfección.
P.P.- De todas formas, este famoseo es efímero. Tan pronto como Belén Esteban deje de aparecer en pantalla, desaparecerá de la iconografía cívica. David Beckman ya ha manifestado su malestar porque Cristiano Ronaldo le está apartando de los spots publicitarios. Es ley de vida.
L.C.- En su página diaria de Ultima Hora tiene cabida la voz de los marginados.
P.P.- Es una obligación moral que me impongo. Me parece una vergüenza que iluminemos el Castell de Bellver de azul porque España preside la Unión Europea, cuando en las calles de Palma duermen entre trescientos y cuatrocientos pobres de remate. Pero las cosas son así, más agrias que dulces.
L.C.- Seguro.
P.P.- Segurísimo. Aunque he vivido de cerca muestras de solidaridad magníficas. Cuando Joaquín José Martínez estuvo en el corredor de la muerte, en Florida, aquí, en España, la gente se movilizó hasta conseguir su libertad.
L.C.- Se le acusaba de un doble asesinato...
P.P.- Que pudo cometer o no. Pero no había pruebas que lo inculparan. Si un presunto culpable, en Estados Unidos, no dispone de dinero para contratar los servicios de un buen abogado, acaba condenado con total seguridad. Hay infinidad de casos de gente que ha sido condenada a muerte y que después, si se revisa el caso, es puesta en libertad. Yo vi la silla eléctrica. Exclame qué mierda, no pude evitarlo.
L.C.- ¿Su visión de la vida...?
P.P.- Es pesimista. No vamos a legarles un mundo fácil a nuestros hijos. Ya estoy en la recta final de mi carrera y debería sentirme feliz por cuanto he hecho. Y lo estoy, pero no logro acallar un sentimiento de frustración colectiva. Afortunadamente soy un buen lector. Y me refugio en la lectura.
L.C.-...
P.P.- Me queda la satisfacción de haber tocado la historia con mis propias manos. Me di cuenta de que he sido un privilegiado cuando estuve en el lugar en donde asesinaron al Che. Hablé con la gente que le conocía, acaricié la piedra donde murió... Y también me quedo con las pequeñas anécdotas.
L.C.- Cuénteme una.
P.P.- Unos historiadores mallorquines viajaron a Cuba, subvencionados por el Govern, para escribir sobre la vida de los pescadores de esponja de Andratx. Luego publicaron un libro con sus impresiones. Contaban que al acabar la jornada, los andritxols se reunían en el muelle para cenar y cantar habaneras.
L.C.- ¿Y...?
O.P.- Viajé a Batabanó y quise informarme con los historiadores cubanos.
L.C.- ¿Qué le dijeron?
O.P.- Que de habaneras, nada de nada. Que al pisar tierra, quien no se había agenciado una mulata se iba al Trasvaal.
L.C.- ¿A dónde...?
P.P.- Al Trasvaal. O sea, al Barrio Chino. ¡Y yo que me los imaginaba cantando a la luz de la luna...! Me equivoqué de medio a medio. La realidad no es idílica. Nunca lo ha sido.