Josep Juárez: «Zapatero y Rajoy son marionetas de un mismo teatro»

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Josep Juárez

Josep Juárez

05-06-2010 | Joan Torres

Vehemente, rotundo en el decir, recuerda a los sindicalistas de antaño. Josep Juárez (Pozuelo de Calatrava, 1953) es el secretario general de la Confederació General del Treball (CGT) en las Illes Balears, de inspiración libertaria, autogestionaria y federalista. Articulista y conferenciante, es un analista preciso del momento. Papers es la revista de periodicidad mensual que comparten la CGT de Catalunya y la de las Illes Balears. Las cifras de la crisis que publica en el número de mayo quitarían el sueño a las marmotas si, las marmotas, tuvieran conciencia.

En el Estado, actualmente, hay 4.166.613 de personas en paro, de las cuales una cuarta parte son extranjeras (el 29,70% de los extranjeros están desocupados); la crisis se ha llevado por delante un millón y medio de puestos de trabajo; el 20% de la población sobrevive con unos ingresos de 574 euros, pero el 29% tiene dificultades para llegar a fin de mes; en 2008 se produjeron 59.000 embargos y desahucios, mientras que en los nueve primeros meses de 2009 ya se habían alcanzado los 66.000. En 2009, también, un millón de personas perdieron el trabajo y el número de asalariados cayó en 815.000 personas, 668.000 de las cuales tenían contrato temporal. Aún así, el secretario de Estado de Economía ya ha anunciado que 2010 no será un año de creación de empleo. Leo en una pancarta la siguiente leyenda: "La crisi l'han provocada els rics, els bancs i les caixes! Que la paguin ells". ¿Que la paguen...? Hoy por hoy equivale a pedir la luna. Desde siempre la crisis es un cáncer que han de soportar primordialmente los de abajo. La respuesta del Gobierno Zapatero se centra en los recortes salariales y en la congelación de las pensiones. ¿Era esta la única respuesta posible? Puede. Pero de izquierdas no lo es.

Le pregunto si cada mañana acompaña el café con una buena dosis de mal humor. Me responde:

Josep Juárez.- En absoluto. Desayuno en casa y procuro separar mi vida familiar de la sindical. Por otra parte, con la que está cayendo, es imprescindible mantener la cabeza fría. Se lo digo yo, que soy de sangre caliente.
Llorenç Capellà.- Ya me dirá cómo lo consigue.
J.J.- Tengo experiencia. ¡Llevo tantos años en el sindicalismo, he luchado tanto...!
L.C.- Pues a Zapatero, todo un veterano, se le calentó la cabeza con la congelación de las pensiones.
J.J.- No sé si creérmelo. Más bien diría que ha renunciado conscientemente a las pinceladas de izquierdismo que adornaron su programa electoral. Vamos a ver: en un momento determinado de esta crisis se le planteó el dilema de decidir entre ceder al chantaje de los organismos que rigen la economía mundial o dar preferencia a los proyectos sociales que había anunciado.
L.C.- ¿Y se decidió...?
J.J.- Por plegarse a las exigencias de los de fuera. Así de sencillo y, a la vez de esperpéntico, porque a estos organismos no los ha votado nadie. En cambio, sus decisiones están por encima de las instituciones democráticas.
L.C.- ¿Se refiere al FMI?
J.J.- Y al Banco Mundial y a tantos otros organismos financieros dependientes de las Naciones Unidas que, en realidad, son instrumentos al servicio del capital. Zapatero acaba de ceder ante sus presiones, pero Rajoy hubiera hecho lo mismo. Zapatero y Rajoy son marionetas de un mismo teatro. Ahora bien, dicho esto, no me cabe duda de que Zapatero acaba de enterrar su carrera política.
L.C.- No tiene por qué. Felipe González también puso en marcha políticas anti-sociales.
J.J.- Pero usó más de la cabeza. En la década de los ochenta yo residía en València. Se lo digo porque viví de cerca el cierre, a causa de la reconversión siderúrgica, de los Altos Hornos del Mediterráneo, en Sagunt. Pues bien, tanto el protagonismo de la movilización obrera como el peso de las negociaciones recayeron en UGT, el sindicato socialista. ¿Me explico...?
L.C.- Sí.
J.J.- Así que González sabía que habría mucho ruido pero que no le harían un daño excesivo. Zapatero, en cambio, toma unas medidas absolutamente antipopulares dejando cabos sueltos.
L.C.- Volvamos a Europa. Usted viene a decir que la democracia europea es una democracia custodiada.
J.J.- Ni eso. Europa es la negación absoluta de la democracia. Si ya lo dijo claramente hace unos días Duran i Lleida en el Parlamento. "Haga usted lo que le mandan desde fuera y déjese de historias". Se lo aconsejó a Zapatero.
L.C.- Y Zapatero le escuchó.
J.J.- A pies juntillas. Renuncia de inmediato a las prioridades sociales y se aplica en la reducción del déficit a cuenta de los más necesitados.
L.C.- Igual no quedan millonarios.
J.J.- ¿Quiere hacerme reír...?
L.C.- Sí.
J.J.- Entonces, vale. Como broma, vale. Fíjese: los inspectores de Hacienda del Estado cifran el fraude fiscal en doscientos cuarenta y cinco mil millones de euros anuales. Si el gobierno tuviera voluntad política de hacer justicia, ya habría dotado al servicio de inspección de los medios adecuados para combatirlo. Pero no: ¡qué va...! En cambio, las rentas del trabajo suponen el ochenta por ciento del total de los impuestos recaudados.
L.C.-...
J.J.- España es un paraíso fiscal ¿quién no lo sabe...? Aún así, la necesidad de aumentar los ingresos del Estado no tiene por qué ir en detrimento de la inversión social. Que se reduzca el gasto militar, por ejemplo. O el de la Casa Real. O que no se dispense un trato de favor a la Iglesia católica...
L.C.- Zapatero afirma una y otra vez que acabará por gravar las rentas altas.
J.J.- Sí, claro. Y a continuación anuncia que no sabe cuándo. Mire, la relación de fuerzas entre la masa trabajadora y el gran capital, se inclina a favor del gran capital. Y se acabó. La crisis parte del FMI y, aún sabiéndolo todos, sus dirigentes no se avergüenzan de presentarse públicamente como gurús capaces de solucionarla. Y los gobiernos aceptan sus consejos mansamente, negándose a ver que ello equivale a otorgarle plaza en el cuerpo de bomberos a un incendiario recalcitrante. Le diré algo más...
L.C.- Diga.
J.J.- Desde la caída del muro de Berlín, de lo cual, por otra parte, me alegro...
L.C.- Continúe...
J.J.- Desde su caída, digo, el gran capital ya no tiene fronteras. Por cada euro que se destina a economía productiva, se invierten sesenta en especulativa. En Europa hemos incorporado lo peor de lo peor del modelo económico norteamericano, ¡y así nos van las cosas...! Seamos francos: no estamos ante una crisis de capital, sino que el capital es la crisis.
L.C.- En Europa la izquierda aún tiene un peso electoral determinante.
J.J.- Es cierto. Pero la izquierda que se presenta a las elecciones juega siempre en campo contrario, porque el sistema es conservador. En consecuencia, sus acciones de gobierno oscilarán entre las propias de una política bien intencionada y las que se generan en una cueva de ladrones. Para que me entienda, la izquierda hará sus pinitos de izquierda, pero en realidad su política es de derechas.
L.C.- Entonces ¿qué ha de hacerse...? ¿Refundar la izquierda?
J.J.- ¿Para tener más de lo mismo...? No. Mire, yo no tengo ninguna varita mágica que me permita dictar soluciones, pero es evidente que en un futuro deberá propiciarse el debate público. Las entidades sociales no subvencionadas han de retomar el protagonismo.
L.C.- ¿Qué pasa con las subvenciones institucionales?
J.J.- Que son algo así como echarle los grilletes a la conciencia individual y colectiva. ¿Conoce usted a alguien que muerda la mano que le da de comer...?
L.C.- No.

Fíjese en la actitud de los sindicatos más poderosos ante la crisis: están dosificando las protestas.”

J.J.- Yo tampoco. Fíjese en la actitud de los sindicatos más poderosos ante la crisis: están dosificando las protestas. Es evidente que tienen un pacto tácito de no agresión con el gobierno.
L.C.- ¿Se refiere a Comisiones y a UGT...?
J.J.- ¿A quiénes sino...? Tenga en cuenta que entre ambos tienen unos cincuenta mil militantes liberados.
L.C.- ¿Y...?
J.J.- Mantener vivo el espíritu de la confrontación social teniendo todo el organigrama del sindicato cobrando del Estado es difícil, por no decir imposible. Con el número de parados que hay ¿cómo es posible que no se haya convocado una huelga general...?
L.C.- ¿Usted la convocaría?
J.J.- Cualquier respuesta categórica, en uno u otro sentido, sería superficial. Yo considero que en las circunstancias actuales los sindicatos debieran canalizar la convulsión pública, teniendo en cuenta que no debe descartarse la huelga general. Pero la temen. Y ya le he dicho la razón: el sindicalismo no sirve los intereses del obrero. Es algo así como un utensilio oxidado.
L.C.- El ciudadano no reclama acciones contundentes.
J.J.- Es lógico. Tenga en cuenta que la precariedad no crea rebeldía, sino miedo. Si no fuera así, la gente en paro, vencida por la injusticia, saldría a la calle. Pero le puede el miedo. O la desconfianza en los sindicatos. Aunque hay más cosas...

L.C.- ¿Por ejemplo...?
J.J.- En las últimas décadas el modelo del triunfador ha ido ligado al pelotazo y al dinero fácil. Y el triunfador era, en realidad, un delincuente social. Este modelo ha embrutecido la conciencia de la gente. Es inaudito... Le digo otra cosa.
L.C.- Sí.
J.J.- En el País Valencià el Partido Popular gana las elecciones porque el ciudadano tiene conciencia de que es un partido corrupto. ¿Me entiende...? ¡La realidad es así de brutal! Y parte de culpa de todo ello la hallaremos en las maniobras del Poder tendientes a individualizar la fibra asociativa. El ciudadano necesita comunicarse con los demás. Y no lo hace. Sin que lo sepa, se lo están prohibiendo. Fíjese en los sindicatos de los años treinta: eran modélicos.
L.C.- ¿En qué sentido?
J.J.- No sólo defendían los derechos laborales, sino que creaban un espacio de relación. En sus locales había un bar, un teatro, una biblioteca. Ahora, en cambio, los sindicatos son simples gestorías.
L.C.- En las Illes Balears, pese a los múltiples casos de corrupción que se han dado entre los conservadores, no ha disminuido la intención de voto a favor del Partido Popular.
J.J.- Y es preocupante. Pero no es el mismo caso del País Valencià. Allí la derecha ha manipulado la cuestión identitaria sin ningún tipo de vergüenza y le ha dado unos resultados excelentes.
L.C.- También lo está haciendo aquí.
J.J.- Pero no le irá tan bien, porque el sustrato social del País Valencià difiere del de Mallorca. Además, el País Valencià está machacado, indefenso. Y la culpa no es sólo de la derecha, sino también de la izquierda.
L.C.- ¿Qué quiere decir?
J.J.- La manifestación identitaria y social del 9 de octubre de 1977 fue algo increíble. Estaba renaciendo todo un pueblo, con una pujanza enorme, de las cenizas del franquismo. Pero ¿qué pasó en los años siguientes hasta que el Partido Popular desplaza al PSOE y se hace con el control de la Generalitat?
L.C.- Dígamelo.
J.J.- Pues que los socialistas y sus aliados, los del PCE, se asustaron con lo de la identidad y del idioma, y empezaron a echar agua sobre los rescoldos que ya ardían. Y dejaron que la derecha hurgara en la polémica entre catalán y valenciano y que se hiciera con el control de expresiones populares de enorme raigambre como son, por ejemplo, las Fallas. Yo vivía en Paterna. Y, a diferencia de ahora, en Paterna solo se hablaba catalán. Yo tuve que aprenderlo para integrarme.
L.C.- ¿Me está diciendo que el PSOE entregó en bandeja el País Valencià al Partido Popular?
J.J.- Exactamente. Y ya es hora de que la izquierda de ámbito estatal haga acto de contrición. La derecha avanza porque los demás hacen las cosas mal. Y porque las patronales trabajan día y noche para mantener o aumentar sus privilegios.
L.C.- Díaz Ferrán se tambalea al frente de la CEOE.
J.J.- Pero no cae. Y estamos hablando de un individuo con claros indicios delictivos en su haber. No nos engañemos: la derecha sabe a lo que juega.
L.C.- El Govern de las Illes Balears ha ampliado el decreto Nadal que permite legalizar las plazas hoteleras alegales.
J.J.- Lo que pone en evidencia que la política hotelera no está al servicio del país, sino de los lobbys empresariales. Aunque no debe extrañarnos. Cuando el Govern consintió la construcción del hospital de Son Espases perdió toda su credibilidad. Y estábamos al comienzo de la legislatura. De todas formas, la factura de Son Espases no la pagará el PSOE, sino el Bloc. O más concretamente, el PSM. En los últimos diez años ha sufrido un abandono espectacular de militancia. Sus dirigentes deberían reflexionar sobre ello.
L.C.- Igual lo hacen.
J.J.- Pues no se aclaran. ¿Hacia dónde van los partidos del Bloc? ¿Quieren continuar, en el futuro, haciendo de colilleros del PSOE...? Días atrás participé en una mesa redonda para debatir si es preferible votar o abstenerse.
L.C.- Y usted ¿a qué conclusión ha llegado...?
J.J.- Pienso que es necesario que nos planteemos si la izquierda que tenemos es la que queremos. En caso de que no lo sea... Bueno, yo qué sé. Frustraciones como las sufridas en esta legislatura no pueden repetirse.

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