Dolors Marín: “En el anarquismo no hay privilegios de sexo”

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Dolors Marín

Dolors Marín

30-03-2011 | S. Amengual

Se apasiona hablando de una historia (o de unas historias) que ama. Es de trato jovial, entusiasta. Dolors Marín (l'Hospitalet, 1957) se licenció (UB, 1988) y se doctoró en historia (UB, 1995), y desde el presente curso trabaja en un instituto de bachillerato de Palma. Ha publicado diversos estudios sobre el anarquismo en Catalunya.

Le pregunto si Barcelona en algún momento se erigió en la capital europea del anarquismo. Me responde: Dolors Marín.- Desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil, sí. Coincidieron socialismo utópico, federalismo y catalanismo en una misma ciudad. En el XIX se publica La Tramuntana, el primer semanario anarquista en catalán. Lo dirigía el tipógrafo Josep Llunas y colaboraban, entre otros, Eudald Canivell, Emili Guanyabéns y Antoni Pellicer. Fue una publicación anticlerical y obrerista...
Llorenç Capellà.- Frecuentemente se ha asociado el anarquismo en Catalunya con la inmigración castellana.
D.M.- Ya lo sé. Se ha dicho que el anarquismo era una exclusiva de los murcianos. Y no es cierto, ya que se consolida, en Barcelona, a partir de los movimientos migratorios del interior, procedentes, sobre todo, de Lleida. La CNT es un sindicato puramente catalán, ya que se fundó en 1910, cuando aún no se había iniciado el aluvión inmigratorio. Los murcianos llegan en masa, a Barcelona, en los años veinte. Incluso la FAI tiene una gran presencia catalana. Garcia Oliver es de Reus. Y Josep Xena, de Cassà de la Selva...
L.C.-...
D.M.- El anarquismo catalán es de influencia francesa. Y Francia se convirtió en el refugio natural de quienes, desde Catalunya, se veían obligados a cruzar la frontera. ¿Que el uso de la violencia no es consubstancial al carácter catalán...? ¡No me digan eso...! Las Bullangues, y aún no habíamos llegado a la mitad del siglo XIX, suceden en Barcelona.
L.C.- ¿Será, el anarquismo, un movimiento urbano...?
D.M.- Al cien por cien. Tenga en cuenta que se alimenta de la red obrerista como pueden ser las mismas fábricas, los ateneos... Además, reconstruye los lazos afectivos que el payés ha roto cuando emigra del campo a la ciudad. Al amparo del anarquismo se recomiendan lecturas, se organizan excursiones dominicales, chico conoce a chica...
L.C.- ¿Qué me dice...?
D.M.- Que entre los jóvenes que participan en las excursiones o se relacionan en el ateneo, surgen infinidad de parejas que pasan a formar parte de la potente estructura social del anarquismo. Los comunistas actuaban de otra manera, pues los comités se estructuraban a partir de células formadas únicamente por hombres. En el anarquismo, en cambio, no hay privilegios de sexo. Aunque en la acción directa el protagonismo es, básicamente, masculino. Se iniciará cuando la CNT asume la vía sindical y proliferan los boicots laborales, las bombas... Se producen más atentados en Barcelona que en el conjunto del Estado.
L.C.- ¿Por la actitud de la patronal...?
D.M.- Claro. En España había caciques, pero muy pocos empresarios. En cambio, en Barcelona, los empresarios amasan fortunas y los obreros malviven. A principios del siglo pasado, la media de vida de un trabajador industrial era de treinta y cinco años. Mi bisabuelo no vivió más... Y a todo esto añádale que los hospicios estaban a rebosar. En 1909 hay más prostitutas en Barcelona que en cualquier otro puerto del Mediterráneo.
L.C.- ¿Qué le pasó a su bisabuelo...?
D.M.- Trabajaba en una fábrica de sedas y cayó tuberculoso. Murió a los treinta y pocos años y dejó a la viuda y a los hijos en el mayor de los desamparos.
L.C.- ¿Tragedias como ésta, la ayudaron a escoger el anarquismo como tema de estudio?
D.M.- Puede que me influyeran, pero me decidí después de leer a Manuel Cruells y a otros historiadores que nos hablaban de una gente olvidada a causa de la guerra. En el Hospitalet de mi infancia la guerra era un tema tabú.
L.C.- ¿Y...?
D.M.- Me puse a investigar. Busqué la complicidad del vecindario y descubrí un pasado deslumbrante. ¡Si incluso pude conocer a quienes fueron compañeros de Quico Sabaté...! Le hablo de los años setenta. ¡Lo que se perdió la Universidad por no salir de las aulas...! Conseguí hablar con Josep Peirats, con Lola Iturbe, con Josep Xena, todos ellos historia viva del obrerismo... Cuando regresaron a Barcelona, a la muerte de Franco, casi nadie se interesó por sus recuerdos. En una Diada, en el Fossar de les Moreres, me fijé en un anciano que discurseaba. Le saludé y resultó ser Joan Blanc ¡uno de los combatientes que, en el veintiséis, había entrado con Macià en Prats de Molló...!
L.C.- ¿Qué tal se comportaron los anarquistas que, durante la guerra, fueron ministros?
D.M.- Pusieron buena fe, de eso no hay duda. Federica Montseny estuvo al frente de la cartera de Sanidad y no hubo, ni en los frentes ni en la retaguardia, grandes infecciones. Joan Peiró, desde Industria, diseñó el decreto de incautaciones y proyectó la creación de un banco de crédito industrial.
L.C.- ¿Y García Oliver?
D.M.- Estuvo al frente del ministerio de Justicia. ¡Ya me dirá! ¿Qué podía hacer un atracador en Justicia...? Al margen del chiste fácil, le diré que se preocupó por destruir los antecedentes penales anteriores al treinta y seis lo cual, en una Europa que caminaba hacia el fascismo, debió de salvar muchas vidas. Y prestó atención preferente a los niños de los orfanatos. Aquellos anarquistas eran hijos de la Ilustración y pensaban que el hombre es bueno por naturaleza. Después de la Segunda Guerra Mundial comprendieron que su ideario carecía de futuro.
L.C.- En Catalunya y en España quedaron los maquis.

Décadas más tarde habrá otro anarquismo con un nuevo envoltorio: los hippies, las propuestas naturistas, la lucha antinuclear...”

D.M.- Es cierto. Son el último bastión de un gran sueño. Décadas más tarde habrá otro anarquismo con un nuevo envoltorio: los hippies, las propuestas naturistas, la lucha antinuclear.... Pero yo me siento atraída por el anarquismo de la posguerra. Cada seis de enero, en el aniversario de su muerte, viajo a Sant Celoni para depositar flores en la tumba de Quico Sabaté.
L.C.- ¿Se halla vivo, aún, en la memoria sentimental del Hospitalet?
D.M.- Claro. Un grupo de amigos hemos organizado, para las mañanas de los domingos, una ruta cultural por los lugares que frecuentaba. Visitamos la escuela a la que asistió... El primer banco que atracó: una sucursal del Banco Hispano Colonial, más tarde convertido en Banco Hispano Americano.
L.C.- ¿Y no protestan los representantes de la moral oficial...?
D.M.- Qué va. En el Hospitalet la moral imperante es la moral obrera. Y, ya sabe, las cosas cambian de color según el cristal con que se miran. García Oliver afirmaba que es más inmoral fundar un banco que robarlo.
L.C.- Los bancos han provocado la actual crisis. Así que debo admitir que el tiempo le ha dado la razón.
D.M.- Bromas al margen, a Quico se le quería. Es sorprendente la abundancia de material gráfico que vamos recogiendo de sus visitas clandestinas al barrio. Nos lo ceden los vecinos. ¿Sabe lo que significa esto...?
L.C.- ¿Qué se paseaba con la mayor impunidad...?
D.M.- Eso es. ¡Le protegían...! Antes de significarse en la lucha armada había trabajado como electricista. Pues bien, cuando supo que su patrón había muerto no quiso faltar al funeral. Y acudió. Y nadie lo denunció. Uno de mis tíos, también electricista, le había tenido por compañero de taller.
L.C.- ¿Y qué le contaba?
D.M.- Nada de nada. Por cautela o por miedo. O por las dos cosas. Cuando llegaron los de Franco al Hospitalet, pusieron a un capellán castrense al frente de la parroquia. Y los soldados se repartieron por el vecindario. Comían en sus casas. Dormían en sus casas.
L.C.- ¿Espiaban...?
D.M.- Usted dirá. Todo el mundo los odiaba. Y conste que la mitad de las casas estaban vacías, porque muchas vecinas habían marchado hacia Francia a pie, con sus niños de la mano. La represión fue brutal. Es comprensible que surgieran personajes románticos como el Quico, como Facerias...
L.C.- Facerias cayó en una emboscada, en el cincuenta y siete.
D.M.- Y Sabaté en el sesenta. Todos fueron cayendo. Pero les sobrevive un halo de honestidad. Facerias solo atracaba a los ricos. Y Quico Sabaté repartía el dinero robado entre las familias de los presos. Hay un hecho constatable. Sus hijas han llevado una vida más bien modesta.
L.C.- Continuemos en Barcelona. Se culpa a los anarquistas de los paseos, tan abundantes en los primeros meses de la guerra.
D.M.- Todas las revoluciones tienen una parte de violencia incontrolada. Aún así, los historiadores aún no hemos averiguado quien movía los hijos de las patrullas de control.
L.C.- ¿Qué sabe usted...?
D.M.- Nada. Pero tuve la oportunidad de comentarlo con Ventura Gassol. Y también tenía sus dudas sobre el origen de tanta violencia. Lo cierto es que los anarquistas, tan fieros ellos, llegaron a Montserrat y no molestaron ni a un solo fraile. ¿Y sabe por qué...? Porque veneraban los libros. Sentían un respecto enorme por la cultura.
L.C.- Algo se le habrá impregnado, a usted, de ellos.
D.M.- Puede que la alegría de vivir. Pero también un sentido trágico de la vida que se traduce en dignidad.
L.C.- ¿Se refiere...?
D.M.- A que abandonaron Catalunya hambrientos y vestidos con harapos. Y, en el exilio, supieron rehacerse. Luchando, sino con las armas, con la actitud positiva de quien jamás se da por vencido.


Dolors Marín recuerda la escasez de estudios rigurosos en torno a la historia del anarquismo en Catalunya. Esta anomalía, si nos centramos en Mallorca, se agrava. La CNT fue fundada en 1910, en Barcelona. Y dos años después se publicaba, en Palma, El Rayo (1912-1914), un semanario de tendencia anarquista controlado por el Centre de Picapedrers. El Grup d'Estudis Llibertaris Els Oblidats ha publicado "Cent anys construint llibertat, la CNT a Mallorca 1910/2010", en un intento de desenterrar un siglo de historia. Y algo han conseguido. Cada vez es menos espeso el olvido. Resurge Francesc Tomàs (1850-1903), un icono de la lucha obrera. O Pere Font Adrover, el Iaio, compañero de Facerias y fusilado en el Camp de la Bota, en 1952, después de haber intentado por dos veces acabar con la vida de Franco. Y también otros hechos, siempre relacionados con Barcelona, que son historia y corazón: el mitin que dio en Palma Salvador Seguí, igualmente conocido como El Noi del Sucre, acompañado por el doctor Jaume Queraltó, autor de un libro titulado "Aspecto social de la lucha contra la tuberculosis" (1910) en el que denunciaba la insalubridad y el hacinamiento en los centros de trabajo y barriadas obreras. O los de Àngel Pestaña i Federica Montseny. O la negativa, en 1931, del Sindicat de la Fusta, también controlado por la CNT, a reparar las puertas de la prisión Modelo, de Barcelona, repleta de obreros y que finalmente fueron reparadas por carpinteros adscritos a UGT.

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