Estrella Alba: «La última vez que fui al médico, miró más al ordenador que a mi»

| Artà, Mallorca |

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Estrella Alba

Estrella Alba

21-05-2011 | S. Amengual

Un domingo al mes se reunía con dos amigas, Catalina Piris y Mª Antònia Santandreu, cocinaban juntas unos cuantos platos y después se los comían. El resultado ha sido un libro de cocina mallorquina vegetariana.
Xisco Busquets.- ¿Y quiere hacerme creer que puedo comer 'frit' sin cordero o 'escladums' sin pollo?
Estrella Alba.- (Risas) ¡Se sorprendería...! Usamos todos los ingredientes a excepción de la carne, y en lugar de proteína animal utilizamos tofu, seitán, temphe... En el libro hay una receta de 'frit' que visualmente es muy parecido y el gusto muy acertado.
X.B.- ¿Me puede dar una receta sencilla, fácil y sabrosa?
E.A.- Síííííí. Se llama receta de la vida, apunte: un pellizco de ilusión, un manojo de valor y unas cucharadas de humor. ¡Remuévalo todo muy bien, con mucho amor...!
X.B.- Muchas gracias, pero usted es naturópata, titulada en Medicina China...
E.A.- Sí. Tanto la medicina china como la naturopatía dan la importancia al enfermo y no a la patología; desarrollas otra visión de la enfermedad y sientes que ésta no es una lotería de la que sólo tienes el papel de víctima. Muy al revés, la enfermedad puede ser de gran ayuda para observarte, cuidarte, conocer los mecanismos que te han llevado a la misma y en definitiva tomar la responsabilidad de vivir.
X.B.- ¿Cómo trata unas anginas, por ejemplo?
E.A.- Valoro los síntomas como es el dolor, cuanto tiempo hace que lo tiene, si son de repetición o puntuales, si hay o no placas de pus....
X.B.- Y ¿qué hace?
E.A.- Miro la cara y observo si la tez es roja (que me puede indicar calor) o blanca (que indica frío), toco el pulso para diferenciar si es de insuficiencia o de exceso y por último le pido que saque la lengua. Después de todo esto aplico la acupuntura y aconsejo la fitoterapia (plantas medicinales como ayuda terapéutica)
X.B.- ¡Pero si esto es lo que hacían los médicos tradicionales cuando yo era un niño...!
E.A.- Pues yo, la última vez que fui al médico, éste miró mucho más el ordenador que no a mí...
X.B.- Tengo una amiga que trabaja de médico en Son Espases y se queja constantemente de la burocracia que les hacen hacer y de la falta de rigor. Eso en su consulta no pasa, ¿verdad?
E.A.- Me encanta no tener que quejarme. Yo soy la que impongo mis propias normas y mi manera de trabajar, y lo único que necesito es un papel en blanco y un bolígrafo de los de siempre.
X.B.- ¡Qué suerte!
E.A.- Pienso que unos estudios nunca nos tienen que condicionar ni cortar las alas, sino dárnoslas y gozar de hacer aquello que nos gusta. Y cuando lo que estamos haciendo nos estresa y hace que nos quejemos, es mejor ser médico y trabajar de camarero pero ser feliz, que al fin y al cabo es lo que venimos a aprender y nada más.
X.B.- ¿Usted es médico?
E.A.- No, no soy médico y en consecuencia no diagnostico ninguna patología, igual que no receto ningún medicamento.
X.B.- ¿Entonces?
E.A.- Mi lenguaje es mucho más sencillo, escucho a la persona y doy importancia a cosas muy básicas: respirar bien, comer de forma adecuada (y diferente en cada persona). Y luego aplico acupuntura y fitoterapia.
X.B.- ¿Cree que los humanos tenemos poder para autocurarnos?
E.A.- Tenemos muchas más potencialidades de las que creemos y están dentro de nosotros aún sin descubrirlas. Encontrar el mecanismo que nos condujo hacia la patología nos puede servir de ayuda para reestablecer nuestro equilibrio.
X.B.- Entonces, ¿para qué sirven los médicos y terapeutas?

Cuando uno está enfermo suele tener el corazón más abierto, es más sensible, y si la enfermedad es grave, cada día es único”

E.A.- La ayuda externa es un catalizador para que esto suceda. Cuando uno está enfermo suele tener el corazón más abierto, es más sensible, y si la enfermedad es grave, cada día es único.
X.B.- ¿Tiene algún sentido el sufrimiento?
E.A.- Cuando sufrimos, descubrimos y conectamos con partes de nosotros mismos que nos eran desconocidas. A mí personalmente me gusta estar en contacto con la persona que sufre, acompañarle (basta una llamada o un apretón de manos) en ese proceso que es duro para quien lo vive y del que todos debemos aprender para afrontar la vida con otros ojos. Cuando esta es tu disposición, el enfermo te da más de lo que tú le puedes dar a él.

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