Hjassirtg Ojeda: “El alzhéimer se ha convertido en un problema social“

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Hjassirtg Ojeda

Hjassirtg Ojeda

01-10-2011 | M. À. Cañellas

El cutis es aceitunado y la mirada profunda. Lleva la nacionalidad escrita en la cara. Hjassirtg Ojeda (Maracay, 1970) es la coordinadora de AFAM (Associació de Familiars d'Alzhèimer de Mallorca). Se le adivina un carácter firme. Pero es de conversación dulce y amena. Probablemente su trato es la mejor medicina para los enfermos.

Me cita en la sede de AFAM, en una travesía de la calle Héroes de Manacor. Le comento que esta calle es simplemente la calle de Manacor. Me responde:
Hjassirtg Ojeda.- Me ha dejado sorprendida, porque aparece reseñada en el callejero tal como le he indicado. No me he fijado en los rótulos de las esquinas, pero lo haré porque tengo voluntad de integrarme y de ser una mallorquina más. Llevo ocho años en la isla. Abandoné Maracay empujada por cierto espíritu de aventura.
L.C.- ¿Ya trabajaba, allí, con enfermos de alzhéimer?
H.O.- Más bien con jóvenes con problemas sociales, que forman parte de un sector bastante desasistido. Nada que ver lo de allí con la protección y el trato humano que se les da en España.
L.C.- Su contacto profesional con el alzhéimer...
H.O.- Se produjo en Mallorca. Me incorporé al equipo de AFAM desde los trabajos más modestos y paralelamente realicé cursillos de especialización. He sido, por tanto, cocinero antes que fraile, lo que me permite conocer el proceso de la dolencia en todas sus fases.
L.C.- Pocas personas pueden presumir de ello.
H.O.- No le entiendo...
L.C.- Digo que aún hay un gran desconocimiento sobre el alzhéimer.
H.O.- Y en España más que en la mayoría de países europeos. De hecho es el tercero con un mayor desconocimiento, pese a que el alzhéimer ya se ha convertido en un problema social. En Balears reciben atención unas quince mil personas.
L.C.- ¿Y debe de haber más...?
H.O.- Algunas más, claro. Hasta hace poco era normal que confundiéramos el alzhéimer con los síntomas propios de la vejez, como pueden ser la pérdida de la memoria o el despiste. Sólo las personas adineradas llamaban al neurólogo cuando observaban que su padre, abuelo o pariente se irritaba sin motivo, dejaba de mostrar interés por las cosas cotidianas, no se aseaba... Ahora bien, quien diagnostica la enfermedad es el neurólogo. Lo digo porque si no recordamos dónde hemos dejado las llaves del coche o si hemos o no hemos echado sal en el guiso, no debemos alarmarnos.
L.C.- ¿El número de afectados se halla estancado o aumenta?
H.O.- Aumenta. En Balears se registran alrededor de ochocientos nuevos casos al año. Y al margen del tratamiento farmacológico, me atrevo a sugerir la importancia para la salud que tiene una alimentación equilibrada o una vida sin tensiones excesivas. No puede ser que nos tomemos tan a pecho cualquier problema.
L.C.- ¿Se incluye a usted...?
H.O.- Sí, claro. Pero enseguida reflexiono y me digo que la vida me sonríe si tengo para llegar a fin de mes. ¿Qué más puedo decirle...? A muchas personas se les cae el mundo encima si surge algún problema en su relación con los hijos. Y no vale la pena.
L.C.- ¿Tiene hijos...?
H.O.- Tres. Y los tres adolescentes. Pero no me dan excesivos quebraderos de cabeza, porque procuro ponerme en su lugar. La familia se tiene que sustentar sobre una base de convivencia muy sólida. Se lo digo yo, que estoy divorciada.
L.C.- Vale.
H.O.- Sin embargo mantengo una relación de exquisita complicidad con mi exmarido y ambos nos conjuramos para que no se resienta la estabilidad emocional de los hijos.
L.C.- En España, ¿cuántos casos de alzhéimer hay detectados actualmente?

“Es una enfermedad que no se ceba en una clase social determinada, aunque afecta menos a los pueblos asiáticos. Y me digo que algo tendrá que ver en ello la alimentación. Los asiáticos comen sano. Nosotros, en cambio, nos alimentamos de congelados”

H.O.- Entre seiscientos y ochocientos mil. Es una enfermedad que no se ceba en una clase social determinada, aunque afecta menos a los pueblos asiáticos. Y me digo que algo tendrá que ver en ello la alimentación. Los asiáticos comen sano. Nosotros, en cambio, nos alimentamos de congelados.
L.C.- No le digo los yanquis...
H.O.- Comen basura. Y no solo están expuestos a sufrir algún tipo de enfermedad neurodegenerativa, sino del corazón, del hígado...
L.C.- ¿Recomienda a los sesentones hacer crucigramas?
H.O.- Y también sudokus, ejercicios mentales... Yo aún soy relativamente joven, pero en mis pocos momentos de ocio atrapo un periódico y busco las páginas de pasatiempos. Además, leo cuanto puedo. No solo en español, sino en italiano y en catalán. Quiero hablar en catalán y lo conseguiré: solo me falta perder la vergüenza. Me siento obligada, por algo vivo en Mallorca. Pero, además, lo haré por puro egoísmo: las personas que hablan muchos idiomas son menos propensas al alzhéimer.

L.C.- El estrés puede ser uno de tantos detonantes del alzhéimer...
H.O.- Sin duda.
L.C.- Pero usted me dice que apenas dispone de instantes de ocio.
H.O.- Porque el ocio es igualmente malo si no se relaciona con alguna actividad física o creativa. ¿Dormir y abanicarte...? ¿Qué es esto...? ¡Esto es malo! Yo he hecho aerobic. ¡Me encantaba! Pero también me enamoran las flores. Si alguien no tiene con qué distraerse, que riegue las macetas. O que hable con el vecino. Que hable mucho.
L.C.- Nos lo pone fatal. Actualmente monologamos con el televisor.
H.O.- Ya lo sé. Y es una de las tragedias de nuestro tiempo, porque fomenta el aislamiento social. Y el enfermo no sólo necesita compañía, sino que además el entorno familiar se adapte a sus patrones de conducta. La familia tiene que saber que el abuelo, el marido o el padre se está convirtiendo en un niño pese a que no cambie de aspecto.
L.C.- ¿Y este abuelo, marido o padre, toma conciencia de su enfermedad?
H.O.- Por supuesto. Ahí tiene a Pasqual Maragall, un hombre de una entereza admirable. Es un ejemplo para todos. Porque suele pasar que el enfermo se derrumbe psíquicamente. Y lo comprendo. No siente dolor físico, pero nota inseguridad. Y una necesidad casi visceral de apoyarse en los demás. Se irritará por nada, no querrá comer... Es un enfermo. Pero un enfermo que ha iniciado en su reloj biológico la cuenta atrás. Retrocede mentalmente. Se vuelve niño.
L.C.- ¿Y si no come...?
H.O.- Se le retira el plato y pasados unos minutos se le vuelve a servir lo mismo y se lo come todo. Y si le pusiéramos un segundo plato, igualmente se lo comería.
L.C.- ¿Y un tercero...?
H.O.- Posiblemente. El cerebro es un ordenador y se ha roto un hilillo.

L.C.- ¿Les hace bien una alimentación sana?
H.O.- Como a cualquiera. Y si va acompañada de una copa de vino tinto, mucho mejor. Los neurólogos la recomiendan en casi todas las dietas.
L.C.- Se ha referido a una menor presencia del alzhéimer en los países asiáticos. ¿Qué pasa en los africanos...?
H.O.- Que la enfermedad hace estragos, porque no hay recursos económicos para combatirla. ¡Si no los hay en Venezuela, mi país...! Cuando les detallo a mis amigos de allí los síntomas del alzhéimer, me dicen que les estoy hablando de locos comunes.
L.C.-...
H.O.- Siendo yo niña, enfrente de mi casa, en la otra acera, cantaba y bailaba la Profesora Zoraida.
L.C.- ¿La...?
H.O.- Era una indigente. Un lujo para la vista y la sensibilidad. Rondaba, por aquel entonces, la cincuentena. La familia la internaba en un centro asistencial, pero ella se fugaba y retornaba a su lugar callejero, frente a la plaza de toros que se llama La Maestranza, como la de Sevilla, y está dedicada a uno de nuestros mejores toreros, César Girón.
L.C.- Sí...
H.O.- La Profesora me fascinaba. Yo la observaba desde una ventana de casa, en un séptimo piso. Recitaba, cantaba y bailaba a cambio de unas monedillas para ir tirando.
L.C.- ¿Por qué la llamaban la Profesora?
H.O.- Porque lo fue. Antes de echarse a la calle daba clases de lengua española. Yo no dejaba de mirarla. Y la veía feliz, pero no entendía su comportamiento. Ahora pienso que padecía algún tipo de demencia y los suyos, en cambio, la consideraban la vergüenza de la familia.
L.C.- ¿Hay gente que se avergüenza del familiar con alzhéimer?
H.O.- No me atrevo a afirmarlo. No obstante he conocido familias que no se explican cómo su papá, que era un gran ejecutivo, se ha convertido en un niño.
L.C.- ¿Cuál es la edad del enfermo?
H.O.- En AFAM hemos tenido uno de cincuenta y cuatro años. Y, a veces, la enfermedad puede incubarse desde la niñez. Pero la media se sitúa en los sesenta y cinco años.
L.C.- ¿Afecta el alzhéimer menos a las mujeres?
H.O.- Al revés. Aunque no sé la razón. De todas formas el tratamiento de los cuidadores no varía.
L.C.- ¿En qué se basa?
H.O.- En enseñarles a valerse por sí mismos con risas y alegría. Este niño enfermo ya vivió todo cuanto tenía que vivir cuando fue adulto. Démosle, ahora, toda la felicidad.

No se conoce, en el día de hoy, ningún medicamento capaz de curar el alzhéimer, pero sí ya los hay capaces de entorpecer su avance. Y también hay ejercicios que ayudan a recuperar algunos hábitos que con la enfermedad se pierden irremisiblemente. En cualquier caso, Hjassirtg Ojeda afirma que el alzhéimer es un viaje en línea recta, sin posibilidad de retroceso. Pero pese a lo dramático de tal afirmación, en los talleres de AFAM reina la atmósfera cordial de una guardería. En AFAM trabajan un equipo de profesionales auxiliados por el voluntariado. Una labor, la de todos, encomiable, basada en el conocimiento y la experiencia, bajo el denominador común de la ternura. Hjassirtg Ojeda quería presentarme a la Puri, pero la Puri no está porque ha sido operada de una rodilla. La Puri es una extremeña de setenta y seis años. Es carismática, inteligente. La psicóloga de AFAM la define como el buque-insignia del taller. Tiempo atrás regentó con su esposo un mesón de carretera. Luego, al enviudar, se vino a Mallorca con una de sus hijas. Y un día, hará ocho años, inició su retorno a la infancia. Cada siete segundos se da un nuevo caso de alzhéimer en el mundo. Y actualmente afecta a treinta y seis millones de personas. De todas formas el mensaje científico no quiere ser catastrofista. Las investigaciones más recientes apuntan que algunos marcadores ya permiten diagnosticar la enfermedad cuando los síntomas son leves. Quiérase o no, es una puerta abierta a la esperanza.

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