Maria Rosselló: “Cuando piso el escenario, todos los males desaparecen”

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Maria Rosselló

Maria Rosselló

29-10-2011 | M. À. Cañellas

Sonríe siempre, incluso en el confesionario si lo frecuenta. Su más que evidente timidez, no va en detrimento de sus deseos de comunicarse. Maria Rosselló (Manacor, 1974) se graduó en magisterio (UIB, 2003) y se sacó el título superior de música (Conservatorio Municipal de Barcelona, 2005). Es soprano. Ha participado en el CD Siau qui sou! en homenaje a Guillem d'Efak.

Le comento que su interpretación del poema que da título al CD ha suscitado infinidad de elogios. Me responde:
Maria Rosselló.- Yo he sido la primera sorprendida. Pero estoy contentísima. ¡Imagínese...! Soy de las que siempre ven la botella medio vacía. Aunque este fatalismo no me agria el carácter. Ya me ha castigado suficientemente la vida como para que un pequeño problema me borre la sonrisa.
Llorenç Capellà.- Usted ya era conocida por otro disco en homenaje a la soprano Francisca Cuart...
M.R.- Pero ya ha pasado tiempo de aquello. Ocho años ¡Casi nada...! Lo cierto es que soy una desconocida, porque casi no doy conciertos ni me sé vender. Además, me acompaña la negra...
L.C.- Ahuyéntela.
M.R.- Lo procuro. Porque mejor ir sola que mal acompañada ¿no es así...? De todas formas he dado pocos pasos, pero todos sobre seguro. Hago lo que sé hacer.
L.C.- ¿Cantar...?
M.R.- Cantar, sí. Cuando tengo ocasión.
L.C.- ¿Es ambiciosa?
M.R.- Me exijo mucho, aunque no ambiciono protagonismo ni aplausos. Le soy sincera: cuando me halagan, me aturullo.
L.C.- Usted es de Manacor, como Guillem d'Efak...
M.R.- Pero no alcancé a conocerle porque somos de generaciones diferentes. Y eso que él frecuentaba muchísimo la casa de su tía, la tía Margalida, en la calle Verònica, casi colindante con la de uno de mis abuelos. Así que bien puedo decir que, más que la distancia, nos separó el tiempo. De todas formas pude verle de cerca. Y me emocioné. Le habían organizado un homenaje y estaba rodeado de personalidades. No me atreví a saludarle.
L.C.- Se pasa de tímida. ¿No cree...?
M.R.- Tal vez. Pero procuro disimularlo. Para la presentación de Siau qui sou tuve que asistir a una rueda de prensa. ¡Ay, si me preguntan, ay si me preguntan...! me decía. Afortunadamente ningún periodista se fijó en mí.
L.C.- ¿Y usted...?
M.R.- Sonreía y me hacía la distraída. Lo pasé fatal.
L.C.- ¿Cuándo se empieza a cantar?
M.R.- Las niñas, a los dieciséis o diecisiete años. Y los niños, en torno a los dieciocho. Bueno, ya no son tan niños... Lo ideal es que la voz ya esté formada. Si han cantado desde pequeños, después del cambio de voz pueden tener problemas. Yo empecé a cantar con Estudi Vocal, bajo la dirección de Martí Sáez, el fundador de Cap Pela... Pero mi progresión como soprano quedó truncada por una trombosis.
L.C.-...
M.R.- Sólo tenía veinticuatro años y aquello fue muy duro. Se me paralizó todo el lado derecho del cuerpo y no sabía qué hacer con mi vida.
L.C.- Me hago cargo.
M.R.- Se me cayó el mundo encima. Pero no quise rendirme. Poco a poco, con la ayuda de los médicos, fui recuperando movilidad y conseguí rehacerme moralmente. Marché a Barcelona.
L.C.- ¿Fue romper con el pasado...?
M.R.- No, porque antes de la enfermedad ya iba a clases con Myriam Alió, por aquel entonces catedrática del Conservatorio. Myriam es la esposa de Manuel García Morante, el compositor, y yo viajaba a Barcelona los fines de semana y me alojaba en su casa. Ellos dos, Myriam y Manuel, no sólo me formaron musicalmente, sino que me cambiaron la visión de la vida.
L.C.- ¿Y la trombosis...?
M.R.- También me la cambió. Cuando suspendes todas las actividades, así, de golpe... Y, además, fue todo tan inesperado... Estaba en casa, en Manacor. Tenía jaqueca y opté por meterme en cama. Y me dormí. Al despertar intenté levantarme sin conseguirlo. Estaba desconcertada. Hasta que en otro intento, caí al suelo. Afortunadamente mi hermano, que es médico, escuchó mis gritos y pudo atenderme. Pero ya le he dicho que enseguida que pude me trasladé a Barcelona...
L.C.- Sí.
M.R.- Quería demostrarme que podía ser independiente. Pude instalarme en casa de unos amigos, pero no quise. ¡Y no le digo la angustia que pasaron mis padres...! Apenas podía mover el brazo afectado, y recuerdo a mi padre... Mi padre me preguntó «¿Y si quieres abrir una lata de sardinas, qué harás?»
L.C.- Llevaba razón.
M.R.- ¡Claro que sí! Y le respondí que lloraría de rabia porque no la podría abrir. Pero que conseguiría abrirla en el segundo intento. Y si no, en el tercero.
L.C.- ¿Y así fue...?
M.R.- Así fue. Y recuperé mis clases con Myriam Alió y Manuel García Morante. Años atrás, a Manuel le habían propuesto armonizar una veintena de canciones tradicionales de Mallorca para que las cantara Francisca Cuart. Aceptó encantado y realizó su trabajo. Fue cuando Francisca enfermó de cáncer.

L.C.- Lo recuerdo. Moriría en el noventa y nueve.
M.R.- Pues bien, Manuel archivó sus armonizaciones y se olvidó del trabajo. Pero un día, charlando conmigo, sacó las partituras. Me preguntó si iba a atreverme a cantar aquellas canciones y yo, claro, le dije que sí, porque era un reto, y empezamos a ensayar. El resultado fue un CD, titulado 25 cançons tradicionals mallorquines, del que me siento especialmente orgullosa. Fue un lujo dejarme dirigir por el maestro García Morante. Y un honor suplir a Francisca Cuart, una soprano a la que siempre admiré.
L.C.- El CD se publicó en 2003. Y a partir de ahí usted desaparece.
M.R.- Es cierto. Pero no sé darle una razón convincente. Mi voz agrada o no agrada. Habrá gente que ni quiere oírme.
L.C.- Vamos a ver ¿alguien le ha dicho que tiene mala voz?
M.R.- ¡No! Pero puede que tenga detractores. Y, si los tengo, yo los respeto y les digo que si no canto mejor es porque no sé. ¿Que puedo mejorar...? Seguro. Y me esfuerzo por conseguirlo.
L.C.- Antes de la trombosis ¿a qué aspiraba?
M.R.- A cantar ópera o composiciones de oratorio. Soy una enamorada de Mozart, de Verdi...
L.C.- Son muy diferentes...
M.R.- No se parecen en nada. De todas formas ya he descartado la ópera. Me quedo con los conciertos.
L.C.- Y ahora con d'Efak.
M.R.- La oferta de d'Efak me la hizo Bartomeu Mestre y le dije que aceptaba encantada sin necesidad de pensármelo dos veces. El Siau qui sou, además, se adapta a mi temperamento.
L.C.- ¿Cantando se esfuma la timidez...?
M.R.- De inmediato. Pero los días anteriores al concierto padezco insomnio, me duele la garganta y qué sé yo. Afortunadamente piso el escenario y todos los males desaparecen.
L.C.- Cante bajo la ducha y se le pasará el sofoco.
M.R.- Lo hago. Y canto faenando por casa, aunque lo hago bajito, no fuera que los vecinos protestaran. Pero canto. Canto para mí, para mis hijos...
L.C.- ¿Cuántos tiene?
M.R.- Dos. Pau y Adrià, de siete y tres años. Son parte de mi alma. Después de superar la trombosis, la maternidad fue algo así como un milagro. Cuando tuve a Pau en mis brazos y vi que movía sus dos manitas... ¡Figúrese!, fue un momento mágico.
L.C.- ¿Sus miedos están relacionados con la enfermedad que padeció?
M.R.- No lo creo. En realidad, no tengo miedo a nada. Pero soy muy añoradiza. Ya era mayor y, aunque fuera por unos pocos días, me costaba muchísimo separarme de mi madre. Y con mis pequeños me pasa igual. ¿Para qué ir a cenar fuera de casa si me encuentro bien a su lado, jugando con ellos...? Adrià, el pequeñín, se sube a un taburete y mueve los brazos como si dirigiera una orquesta para que yo cante.
L.C.- Después de lo de d'Efak ¿cantará otros poetas?
M.R.- ¿Por qué no...? Siempre, claro, que me identifique con su poesía. Yo soy de izquierdas, y esto me acerca a D'Efak. En sus poemas hay proximidad: pasión por la tierra y por la gente. Y rebeldía. La vida es rebeldía.
L.C.- Lo dirá por experiencia.
M.R.- Claro que sí. Cuando me vi impedida me dije que tenía dos opciones: o darme por vencida o luchar con mis escasas fuerzas por recuperarme. Y elegí la segunda posibilidad. La más dolorosa, pero también la más gratificante. No me arrepiento.
L.C.- ¿A qué hora amanece para usted?
M.R.- A las seis. Y aprovechando que los niños duermen, me pongo a estudiar. Estudio acupuntura. Pero cuando me matriculé me dije que no iba a robarles a mis niños ni una hora de compañía. Si les dejo por unos días, porque me matriculé en Barcelona ¡les añoro tanto...!
L.C.- Tiene poco de diva, usted.
M.R.- Nada.
L.C.- Aún así, en el camerino ¿prefiere flores o bombones?
M.R.- Flores. Siempre flores. Tengo algunas macetas, las que me caben en el patio. Me gustan todas las flores. Pero, sobre todo, las más humildes, como los pensamientos. En casa siembro pensamientos.

El aspecto frágil de Maria Rosselló no concuerda con su fortaleza anímica. Un ejemplo: en el período de recuperación de su dolencia se sometió a algunas sesiones de acupuntura que le mejoraron la movilidad. De ahí que actualmente estudie acupuntura y, de los tres cursos de la carrera, ya esté en el tercero. Aún no sabe si abrirá consulta, pero si viene al caso ayudará a mitigar el dolor de los demás. Se define como inquieta. Debería añadir que no rehúye el trabajo, ya que también da clases en las escuelas de música de Manacor y de Algaida. Casada con el compositor Gabriel Oliver (más conocido como Biel Torres) ha formado parte de un gran equipo que se unió para homenajear a Guillem d'Efak. Participan la Banda de Música de Manacor, dirigida por Pere Siquier, Biel Majoral, Delfí Mulet, Bartomeu Mestre, Jordi Majoral y ella, naturalmente, Maria Rosselló. Biel Torres ha compuesto la partitura de Comiat, y Joan Martorell, la de Els Infants. Pero la mayoría de poemas habían sido orquestados por Antoni Parera Fons, ya que formaban parte de un montaje (El regne enmig del mar: estrenado en Manacor en 1980) protagonizado por el propio Guillem d'Efak. El resultado definitivo de todo ello es un CD, con portada de Miquel Barceló y editado por Ona Edicions Musicals, que será presentado en el Teatre Municipal de Manacor el próximo 25 de noviembre. El título: Siau qui sou.

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