Las fuerzas de seguridad nigerianas intentan evitar que se repitan los disturbios de 2008.

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Cerca de 150 nigerianos han muerto en tres días de enfrentamientos entre grupos musulmanes y cristianos en la capital del estado central de Plateau, en Nigeria, donde la policía impuso el toque de queda.

Fuerzas de seguridad intentan evitar que se repitan los disturbios de noviembre de 2008, en los que cientos de residentes murieron durante los peores enfrentamientos en años entre pandillas de musulmanes y cristianos en el país.

El vicepresidente Goodluck Jonathan, quien ha asumido labores diplomáticas del debilitado presidente Umaru Yar'Adua, ordenó al asesor de seguridad nacional y a altos oficiales policiales que adopten las acciones necesarias para restaurar la calma en la ciudad.

«Les aseguro que el Gobierno federal está encima de la situación de Jos y que la situación está bajo control», dijo Ima Niboro, portavoz del vicepresidente.

No estaba claro si Yar'Adua, quien se encuentra en un hospital de Arabia Saudita desde hace casi dos meses, había sido informado de la situación.
Viejas rencillas
La violencia de esta semana comenzó tras una disputa entre vecinos musulmanes y cristianos por la reconstrucción de las viviendas destruidas en los enfrentamientos de 2008.

Nigeria tiene una cifra similar de cristianos y musulmanes, a pesar de que creencias animistas tradicionales se encuentran presentes en la fe de muchas personas.

Al menos 40 personas murieron en enfrentamientos el mes pasado entre las fuerzas de seguridad de Nigeria y miembros de una secta islámica en la norteña ciudad de Bauchi.