El director deportivo, Fernando Pons Niza; el propietario Mateu Alemany y el entrenador Gregorio Manzano, relajados en el banquillo, durante una pretemporada del Real Mallorca en la localidad austríaca de Kössen. | Carlos Román

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Fernando Pons Niza ha encontrado en la venta del Real Mallorca una inyección de oxígeno para su futuro personal. Y no está dispuesto a desaprovechar la gran oportunidad que se adivina en el horizonte para seguir vinculado a la entidad. El director deportivo de la entidad balear, con la anuencia del propietario, lleva semanas ofreciendo el club de forma indiscriminada, mediando en la transacción del paquete accionarial que controla Mateu Alemany, con el único propósito de asegurar su silla.
De hecho, la única condición que impone Pons a los compradores potenciales es seguir en el cargo. Mantener su suculento contrato. Si los interesados aceptan, el director deportivo acude de inmediato al despacho de Alemany para trasladarle la propuesta. Si no, se tachan de la lista. Así de simple. Así de cruel. De hecho, si se cumple su maniobra, no sólo mantendría su puesto de trabajo -quizás ascendería algún nivel más en la escala del club- sino que incluso podría ser gratificado por las gestiones como un intermediario más...
Mateu Alemany, consciente de las maniobras de Pons, asegura en sus círculos de confianza que ha descartado la opción de vender el club a José Expósito, el empresario madrileño con el que había estado negociando en las últimas semanas y que había elegido a Toni Prats para llevar las riendas de la dirección deportiva. El propietario no quiere traspasar las acciones a este empresario y, de momento, sopesa algunas de las opciones que Pons ya ha puesto sobre la mesa.
Ante este nuevo movimiento del director deportivo, el futuro del Mallorca puede dar un giro radical en todos los sentidos. Nada es descartable. Quizás haya concurso de acreedores o no. Quizás se vaya Gregorio Manzano... o no. Todo es posible con Fernando Pons Niza detrás del escenario.