La Dolce Vita

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Un grupo de famosos que consiguió vivir una noche de amigos. Entre otros, David Bustamante, Paula Echevarría y Fernando Hierro.

Un grupo de famosos que consiguió vivir una noche de amigos. Entre otros, David Bustamante, Paula Echevarría y Fernando Hierro.

17-07-2015 | (c) Sergio G. Canizares

Si no puedes con el enemigo únete a él. Los famosos patrios se han sumado ya a la moda de las celebrities internacionales y comparten en sus redes sociales fotografías de su día a día, de sus looks, de sus vacaciones o de sus platos preferidos. A este ‘postureo’ con aroma exhibicionista se suma el hecho de que si una instantánea es pública pierde valor y su precio en mercado se devalúa, o lo que es lo mismo, los paparazzi no te perseguirán cada segundo para ‘comerciar’ con tu alma. Pongámonos en la piel de Paris Hilton, quien durante todo el verano se pasea con languidez por nuestra isla: ¿no es mucho más cómodo compartir con sus fans sus momentos de reposo y de fiesta y gozar así de cierta intimidad?

Lo mismo piensan David Bustamante y Paula Echevarría, Dani Alves, Cesc Fábregas, Marc Márquez, Helen Lindes y Rudy Fernández, Alessia Tedeschi (supuesta novia de Cristiano Ronaldo) o Victoria Silvstedt, quienes han sonreído mucho en Ibiza estos días desde sus Instagram donde los ceros no son económicos sino de seguidores.

La libertad

Pónganse en su piel: si una foto suya en la playa puede venderse a una revista por entre 1.000 y 15.000 euros, dependiendo de su caché o de si están de actualidad, y ellos mismos la suben desde sus teléfonos a sus cuentas, ¿qué consiguen? Algo tan valioso como la libertad.

En esto del gremio de los periodistas gráficos, fotógrafos de toda la vida llamados paparazzi peyorativamente, hay de todo, como en esta genérica Villa del Señor. Los hay respetuosos, los hay discretos, los hay agresivos, competitivos o amarillistas. En el fondo son perfiles como los que se nos pueden atribuir a los que juntamos letras en periódicos, radios o televisiones.

Federico Fellini sonríe desde su Dolce Vita y nos recuerda cómo el personaje del paparazzo se ha extendido hoy con todo lo que connota esta palabra de origen italiano: mosquito, fisgón, entrometido y sin escrúpulos mientras ejerce su oficio de fotógrafo. Por eso no todos los reporteros gráficos son paparazzi. Antes del gran maestro del cine europeo, en el ‘país de la bota’ esta palabra se usaba para calificar a los niños nerviosos e inquietos que interrumpían al profesor en clase. Hoy son el azote de deportistas, modelos, cantantes o actrices que se calzan gorros, gafas de sol y caminan protegidos por amigos o guardaespaldas para evitar sus incómodos flases. Si la fotografía digital y los teléfonos móviles ya hicieron tanto daño al sector como Internet a las tiendas de discos, imagínense ahora el batacazo que les supone que las propias estrellas brillen sin ellos. Las hay, incluso, que cuelgan sus desnudos artísticos sin pudor, como es el caso de las polémicas Rihanna o Miley Cyrus.

Robert de Niro

Los que no hacen uso de estos medios modernos son el premio de consolación de profesionales que cámara en mano nos muestran a Robert de Niro en moto de agua surcando nuestros mares o a la diva Mariah Carey dando la nota en nuestras calles. Este Periódico ha sido, además, el primer medio en divulgar sus gestas.

En el caso de Ibiza, algunos famosos, y ante todo personas, me han llegado a contar que, para ‘poder vender’, el acoso de los menos profesionales han cruzado el límite del posado fingido destinado a que les dejen disfrutar del día a cambio de dejarse fotografiar tras sus baños en las Salinas a bordo de una hamaca o de un barco. Este verano afirman que se sienten como náufragos acosados por tiburones. La paciencia a veces les puede y necesitan hacer un importante ejercicio de templanza para rogar, con educación, que les permitan sonarse la nariz sin miedo a ser inmortalizados de esa guisa. El respeto por ambas partes, ya que al final somos los periodistas los que ensalzamos o denostamos carreras, es esencial en esta pugna por vivir la magia de la isla blanca sin que nada la ensombrezca.

La Dolce Vita los catapultó a la fama y las dulces redes sociales ponen en peligro una profesión que se tambalea.

Por nuestra parte solo nos queda darles las gracias a famosos y paparazzi por escogernos como destino de vacaciones, o de trabajo, y ser nuestros mejores embajadores en todo el mundo.

 

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