IBIMODA, 20 años de trabajo y dedicación

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Las creadoras de Ibimoda, las hermanas Antònia y Lali, en su taller de la Calle Vicente Serra y Orvay de Vila, donde preparan sus colecciones. Foto: TONI ESCOBAR

Las creadoras de Ibimoda, las hermanas Antònia y Lali, en su taller de la Calle Vicente Serra y Orvay de Vila, donde preparan sus colecciones. Foto: TONI ESCOBAR

08-11-2015

Preciosas puntillas, tules y lino, todos en color blanco, desprenden sensación de trabajo y delicadeza en el taller de las hermanas Lali y Antònia, que juntas crearon hace casi 20 años la empresa Ibimoda.

Las miqueleres, que venían las dos del mundo de la moda Adlib, se unieron en este proyecto el año 1996 y recuerdan como su primer pedido como empresa fue para la colección de fiesta de El Corte Inglés, para quienes también han vendido, hasta hace sólo un par de años, vestidos de moda Adlib. Así, Lali, la mayor de las hermanas, se dirigió hasta Madrid con una maleta cargada de 20 vestidos de fiesta para ofrecer a los grandes almacenes: «Escogieron dos de los modelos, de los que encargaron un total de 1.200 vestidos. Ese fue nuestro primer pedido», recuerdan.

Aunque la moda Adlib se encontraba en esos momentos «de capa caída», Lali y Antònia decidieron hacer una «colección romántica» para la primavera de 1997 porque «era lo que más nos gustaba, y lo que podíamos exportar». Al volver a la moda más puramente ibicenca, empezaron las ferias, primero nacionales y después también las internacionales, como la de París, a la que empezaron a asistir en el año 2005, cuando se vivía «un gran momento», antes de notar las consecuencias de la crisis.

Durante esos años recibieron pedidos de «hasta 3.600 prendas de un único cliente», que gracias a las ferias, llegaban de todo el mundo, como «Isla Reunión o del Caribe», y «ayudaban a pasar el invierno cuando aquí el trabajo estaba más parado». Además, recuerdan que si bien «la feria de París, empezó como un reto y una motivación, también era una necesidad para mantener la empresa». En este sentido, desde Ibimoda, están satisfechas de como, a día de hoy, estos importantes clientes, siguen comprando «o bien por Internet, o incluso se desplazan hasta la isla para comprar».

Moda nupcial

En estos 20 años han pasado por momentos mejores y peores, pero nunca les ha faltado el trabajo y, en este tiempo, han visto como ha evolucionado la forma de producir. «Antes eran muchas prendas, más rápidas de confeccionar y más baratas y ahora se hacen piezas más sofisticadas y caras, de novias y novios, madrinas... Nuestra producción gira ahora más en torno al mundo de las bodas».

Así lo decidieron, «según la demanda», alrededor del año 2012. Los vestidos de novia de Ibimoda tradicionalmente han sido demandados, sobretodo, por novias de fuera «hasta este año, cuando parece que las chicas de la isla también se animan cada vez más a casarse en la playa». Sea como fuere, todos se elaboran con «telas de algodón, encajes y guipur, así como con puntillas diseñadas por nosotras mismas y que mandamos a fabricar».

Además de estos espectaculares trajes, desde 2014, Ibimoda ofrece también una colección para novio, que era «una asignatura pendiente y ha tenido una gran aceptación». Así, Lali y Antònia destacan, para los hombres, el blanco en telas de lino, el gran protagonista de pantalones y camisas, que, en algunos casos están decoradas también con puntillas.

Reconocimientos

«Hemos trabajado mucho, pero hemos hecho lo que nos gusta. En este trabajo tan artesanal se pasan muchas horas, que no se pueden cobrar». Y el trabajo, bien hecho, tiene recompensa. Que se lo digan a estas hermanas, incansables, que por segundo año han recibido el premio Dedal de Oro, un prestigioso galardón, considerado por la prensa especializada como los Óscar de la moda. Pero no es el único, Lali y Antònia, también pueden presumir de haber recibido otros premios, como el Ramón Llull 2014, y el Posidònia, también en 2014.

A pesar de todo, las dos hermanas se muestran todavía incrédulas, aunque saben que es un premio bien merecido por el trabajo que hay detrás. «Estamos muy contentas, muy emocionadas, no nos lo imaginábamos». Ahora, con dos dedales, «ya nos podemos hacer un collar cada una», bromeaba entre risas Antònia.

Las dos hermanas, que ahora necesitan descansar para afrontar una nueva temporada llena de retos y ferias, quisieron agradecer el trabajo de las instituciones que «en los últimos años han promocionado muy bien nuestro trabajo y el de los otros diseñadores Adlib, un hecho que ha permitido que, junto a nuestro trabajo, lleguen los reconocimientos y los premios».

 

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