Josep Benedicto: “El éxito de una huelga hay que valorarlo a toro pasado”

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Josep Benedicto

Josep Benedicto

18-09-2010 | T. Ayuga

Los ojos le sonríen, burlones. Se le adivina la paciencia de un pescador, no en vano su capacidad negociadora con los patronos se ha puesto a prueba a la largo de treinta años de acción sindical. Josep Benedicto (Palma, 1960) ha sido secretario general de Comissions Obreres de les Illes Balears en el período 1996-2008. Actualmente continúa ligado al sindicalismo a través de trabajos de gestión.
El 29 de setiembre, huelga general. Diversos miembros del gobierno, Celestino Corbacho y Elena Salgado entre otros, han afirmado que el presumible éxito de la convocatoria no supondrá la retirada de la reforma laboral, aprobada por las Cortes el pasado día nueve. Si hubieran consultado con su compañero de cartera, el actual Ministro de Política Territorial, hubieran sido más cautos. Manuel Chaves, en 1988, era Ministro de Trabajo y tuvo que afrontar la mayor huelga general, de las cinco que provocó la política económica de Felipe González. Fue concretamente el 14 de diciembre (14-D), y paró el 90% de la población activa. Chaves, de hecho, era un convidado de piedra, porque la reforma que daba vía libre al abaratamiento del despido y legalizaba los contratos basura, se coció en el despacho de Carlos Solchaga, Ministro de Economía. Finalmente, la reforma, por la que había apostado González y que suponía un paso de gigante en la derechización imparable del PSOE, tuvo que congelarse, pero causó heridos. Supuso el declive político de Alfonso Guerra (el mismo que ahora pasea su perfil obrerista, pañuelito rojo al cuello por Rodiezmo) y el divorcio entre PSOE y UGT. La otra huelga general que dejó huella es la del 20 de diciembre de 2002, en respuesta al Real Decreto de Ley de la reforma laboral (24 de mayo de 2002), conocido como el Decretazo. La secundó el 84% de los trabajadores, y aunque la había ideado el por entonces Vicepresidente del gobierno y ministro de Economía, Rodrigo Rato, el varapalo sólo afectó a Juan Carlos Aparicio que abandonó la cartera de Trabajo. Aznar, fiel a su reconocida tozudez, no cambió ni una coma, pero cinco años después (el 30 de marzo de 2007) el Tribunal Constitucional derogó un decreto que, entre otras concesiones a la patronal, reducía los costes de despido eliminando los salarios de tramitación. La de día veintinueve será la tercera huelga decisiva. Puede suponer algo así como un gancho en la barbilla de un Zapatero que sube al ring con las fuerzas justas.
Le comento que Fernández Toxo ha afirmado que convoca a la huelga, aún sabiendo que es una gran putada. Me responde:
Josep Benedicto.- No ha expresado ninguna contradicción, porque para los sindicalistas, la huelga, no ésta, sino cualquier huelga, no es deseada. El objetivo del sindicalista se centra en lograr acuerdos. Por tanto, Toxo anda sobrado de razón: la huelga es una putada.
Llorenç Capellà.- ¿No será una putada porqué tiene una lectura política?
J.B.- La tiene, es cierto. Al fin y al cabo, la reforma ha sido aprobada por las Cortes. Pero lo que modifica, la reforma, es la relación entre trabajador y empresa. Y las condiciones del despido. De manera que predominan los intereses sindicales, no los políticos.
L.C.- La gente estaba más predispuesta a ir a la huelga antes del verano.
J.B.- No lo crea. La cuestión económica y laboral continúa a la baja y el Gobierno no tiene una idea clara de cómo transitar por esta crisis. Ya sé que la crisis no la ha generado Zapatero, pero es evidente que sus acciones o remedios no han ayudado a minimizarla. Por otra parte, la gente confía en los sindicatos.
L.C.- ¿Seguro...?
J.B.- Segurísimo. Tiene memoria y sabe que las movilizaciones han conseguido que se retrocedieran decisiones que lesionaban claramente sus intereses. Recuerde la del 14-D...
L.C.- Del ochenta y ocho.
J.B.- Exacto. Fue el primer varapalo serio que se llevó Felipe González. Había pactado con la patronal el abaratamiento del despido y la potenciación de los contratos temporales.
L.C.- Y tuvo que dar marcha atrás. Es cierto.
J.B.- Su reforma se quedó en nada. Como también quedó sin efecto el llamado Decretazo, de Aznar. Fue en 2002. Le paramos el país el 20 de junio.
L.C.- Pero el Decretazo se aplicó.
J.B.- Hasta que el Tribunal Constitucional lo declaró ilegal. Y es cierto que se pronunció cinco años después, pero las personas que en este período habían dejado de cobrar el salario de tramitación, lo cobraron como atrasos.
L.C.- Elena Salgado afirma que nada ni nadie la hará retroceder.
J.B.- ¿Y qué puedo decirle...? La ministra está en su papel. Tiene que vender seguridad a la patronal. Pero el gobierno de González era más fuerte que el de Zapatero. Y Carlos Solchaga era mucho más duro de pelar que Salgado. El éxito de una huelga hay que valorarlo a toro pasado. Si lo hacemos así veremos que todas las grandes huelgas han servido para pararles los pies tanto al gobierno como al empresariado.
L.C.- UGT dirige primordialmente la huelga contra los banqueros.
J.B.- He seguido las últimas declaraciones de Cándido Méndez y me han parecido juiciosas y acertadas. Seamos francos: ¿La crisis ha venido de la mano de Zapatero...? Se lo repito: no. La culpa la hallaremos en la política neoliberal de los países industrializados. Y en este marco, es indudable que los bancos han tenido un protagonismo decisivo.
L.C.- ¿Está intentando salvarle la cara a Zapatero?
J.B.- ¡No, no...! Pero es que ni la derecha encuentra argumentos sólidos para culpabilizarlo. En esta crisis, más que buscar culpables próximos, deberíamos analizar los errores que nos han llevado a ella y conjurarnos para no repetirlos. En las Illes Balears, por ejemplo, es evidente que no podemos continuar consumiendo territorio alocadamente.
L.C.- Dígaselo a los inversionistas.
J.B.- Comparto el escepticismo de usted. ¿Qué más puedo decirle...? Pero tenemos que esforzarnos por buscar lecturas positivas de la situación actual y una de ellas pasa por dar un margen de confianza a la derecha. Hace unas décadas había valores que sólo asumía la izquierda. Y después hemos visto que la derecha los ha ido incorporando a su ideario. Actualmente ya no podemos decir que la defensa del ecologismo sea una bandera de la izquierda. La derecha también defiende postulados ecológicos.
L.C.- Si no afectan directamente a su bolsillo.
J.B.- A veces es así. Pero no siempre, no siempre... La vida nos plantea muchas contradicciones. Los técnicos que trabajan en programas de energía nuclear no tienen por qué compartir la política nuclear de los países desarrollados. La contradicción humana es constante, palpable. Recuerdo un caso jocoso. Cuando se votó, en las Cortes, la ley del divorcio, Jorge Verstrynge votó en contra por disciplina de voto.
L.C.- Militaba en Alianza Popular...
J.B.- Pero sus padres estaban separados y él mismo creo que también lo estaba. ¡Lo que se rió de su propia contradicción...! Bueno, Verstrynge era y es un buen tipo. Empezó militando en el neofascismo y ahora sostiene postulados marxistas.
L.C.- Vamos a ver: si en las Illes Balears se ralentiza la construcción se provoca, automáticamente, un aumento espectacular del paro.
J.B.- Si se toman medidas drásticas, sí. Pero vayamos más allá del corto plazo. El mundo genera suficiente riqueza para que todas las personas podamos vivir con una cierta decencia. El problema radica en el reparto de esta riqueza: para que unas minorías naden en la opulencia, ha de haber unas mayorías que pasen hambre.
L.C.- Es obvio.
J.B.- Pero ello me permite centrarme en el fenómeno de la inmigración, porque son los inmigrantes quienes nutren las listas de desempleo. Ya me dirá: ¿por qué se producen estas oleadas masivas de inmigración...? ¿Es que en sus países de origen no hay posibilidad de desarrollo económico? ¡Claro que lo hay! Lo que pasa es que los países desarrollados aplican políticas colonialistas. ¿Qué ayudas les dan para que se desarrollen...?
L.C.- Les venden armas.
J.B.- O les venden armas o les pagan para que entierren en su territorio las basuras nucleares. No les montan una fábrica de lo que sea. ¡Qué sé yo...! De enlatar sardinas. Prefieren venderles armas. ¿Para qué...? Para que se maten entre ellos y perdure el terror de los unos sobre los otros. ¡En fin...! Yo lo veo así. Huelga decirle que soy comunista.
L.C.- Entonces es un rara avis.

Somos pocos, es cierto, porque hay una indudable crisis ideológica. Pero no sólo afecta a la izquierda, sino también a la derecha”

J.B.- Somos pocos, es cierto, porque hay una indudable crisis ideológica. Pero no sólo afecta a la izquierda, sino también a la derecha. Y la observo con preocupación, no voy a negárselo, porque lleva implícita una falta evidente de compromiso social.
L.C.- Francia ha salido a la calle para protestar contra la decisión de Sarkozy de expulsar a los gitanos rumanos. Pero si los socialistas no capitalizan la protesta ¿quién lo hará?
J.B.- Las asociaciones, las ONG... Los partidos políticos ya no determinan las pautas que ha de seguir la conciencia colectiva. Por otra parte, la indignación de parte de la ciudadanía francesa es muy esperanzadora, porque a personajes como Sarkozy o Berlusconi se les ha de poner freno. Merkel, siendo tan de derechas o más que ellos dos, jamás habría tomado una decisión de este tipo. Sarkozy y Berlusconi, en cambio, se apuntan al populismo. Y tienen su público.
L.C.- Josep Anglada, de "Plataforma per Catalunya", lidera un movimiento neofascista muy próximo a estas teorías.
J.B.- Pero en Catalunya es imposible que cuaje un proyecto de este tipo. Ni en el Estado. ¿Pueden el Pepé, CIU o PNB albergar ideas fascistas...?
L.C.- En CIU o el PNB es prácticamente imposible.
J.B.- Y en el Pepé quiero pensar que también, aunque en sus filas militen personajes y personajillos de un dudoso comportamiento democrático. En cualquier caso, más que todos ellos, me preocupa Rosa Díez. Afortunadamente no lidera un partido potente. Pero es populista, agresiva... Y, fíjese, fue socialista. Aunque, claro, Fernando Savater también se movía por la izquierda...
L.C.- Y ha escorado hacia la derecha patriotera.
J.B.- Allá él.
L.C.- Por supuesto. Más que los vaivenes de un Savater, preocupa el desarme de la izquierda. Se viene el Papa de visita a Catalunya y a Galicia y va a costarnos un pastón.
J.B.- Y eso que no hay dinero para los pensionistas ni para los parados ni para los sin techo... Pero, oiga, con la Iglesia hemos topado. Y ya no es con aquella Iglesia del compromiso social de hace unas décadas. No, no... ¡Qué va! Es la Iglesia insultante, la de la opulencia. Me pregunto qué costará cada minuto de televisión destinado a promocionar la visita del Papa. Y siento envidia, porque ¿cuánta gente sacaríamos a la calle, los sindicalistas, el día veintinueve, si las distintas cadenas nos ofrecieran un espacio idéntico...?
L.C.- ¿Miles...?
J.B.- Muchos miles. Dígame: ¿qué es mejor la Coca-Cola o la piña de Miret...? La diferencia en las ventas no radica en la calidad, sino en la publicidad.
L.C.- ¿En qué ha evolucionado, la acción sindical, en los últimos treinta años?
J.B.- Se ha adaptado a los tiempos, pero siempre es parecida. El talante del sindicalista es pactista. Y lo ha sido siempre. Otra cosa es el de la patronal. Actualmente se puede dialogar con el empresariado en términos de igualdad. Antes no. Cuando empecé a curtirme en las mesas de negociación, la parte empresarial era de una hostilidad manifiesta.
L.C.-...
J.B.- Los Barceló llegaron a crear un sindicato propio para sus empresas. De manera que los obreros se afiliaban a su sindicato o se atenían a las consecuencias. Durante muchos años sólo conseguimos tener un representante de Comisiones en uno de sus hoteles... Afortunadamente, las cosas han cambiado para bien. Y lo mismo pasa con nuestras relaciones, las de los sindicatos, con las instituciones. Antes del noventa y seis, los contactos con el Govern eran inexistentes.
L.C.- En el noventa y seis gobernaba Cristòfol Soler, del Partido Popular.
J.B.- Así es. Gabriel Cañellas jamás recibió a los sindicalistas. Soler, en cambio, hizo cuanto pudo por establecer puentes de diálogo. Incluso asistió al VI Congreso de Comisiones y tomó el micro para dirigirse a todos los compromisarios. Fue un acto valiente y honesto. Por primera vez, la derecha, no demonizaba a los trabajadores.
L.C.- El Gobierno Zapatero no los demoniza, pero los apalea.
J.B.- Es evidente. Se ha apropiado de la tesis neoliberal que considera que la superación de la crisis pasa por reformar el marco legislativo. De ahí la aprobación del despido libre. ¡Los empresarios ni se lo creían...! Ahora un obrero no vale absolutamente nada.
L.C.- ¿Se explica...?
J.B.- Su valor real, el del obrero, viene definido por su sueldo y por los años que lleva trabajando en la empresa. Si el despido es libre, no vale nada.
L.C.- ¿Son las tesis de Obama...?
J.B.- No creo que Merkel necesite de Obama para virar a la derecha. Se basta sola. Fíjese que Zapatero se va a Bruselas y a continuación se le ocurre diseñar una reforma laboral inadmisible.
L.C.- ¿Qué quiere decir...?
J.B.- Claramente: Que Europa se basta sola para plantear políticas neoliberales.
L.C.- Murdoch ha subido el sueldo a Aznar.
J.B.- Lo que supone una boutade increíble. Aznar es mediocre. Y si desplazó a los socialistas en las elecciones del noventa y seis, fue porque el felipismo, con cuatro huelgas generales y el asunto del GAL, había tocado fondo. ¿Pero, Aznar...? Bueno ¿para qué hablar de él...? Por nada del mundo le confiaba la gestión de mi sueldo.
L.C.- Gestiónela usted ahora que dispone de más tiempo libre.
J.B.- ¿Está seguro...?
L.C.- Lo supongo, solamente.
J.B.- Pues casi se equivoca. Soy hiperactivo. Así que continúo haciendo sindicalismo las veinticuatro horas. Compréndame: ya no tengo la responsabilidad de un secretario general, pero jamás renunciaré a mi compromiso ético con los trabajadores.

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