Porque el Azul Marino trabaja mirando de reojo a un ascenso en los despachos, aunque optará por la prudencia a lo largo de las próximas semanas, a la espera de noticias y dependiendo de otros conjuntos en posibles apuros. Más allá de ello, asentar las bases sociales y deportivas solidificadas especialmente esta temporada, con 2.600 personas en Son Moix ante el Viladecans y entradas de más de 1.500 espectadores en los partidos de la fase de ascenso de Inca.
La continuidad del técnico Dani Rubio será uno de los primeros puntos a tratar. Su trabajo, capacidad de gestión del vestuario e implicación han estado a la altura de lo esperado de una de las grandes apuestas del Azul Marino, que contempla seguir de la mano del preparador aragonés una temporada más. De la misma manera que con la plantilla, cuya base ha ofrecido un rendimiento notable. Vicente, Tomás, Tainta, Loureiro, Burguera... La plantilla ha dado un paso al frente y goza de buen cartel ante la dirección deportiva, que deberá analizar la continuidad de tres de los puntales: Aya Traore, Gaby Ocete y Alejandra Quirante.
Otro punto clave será el posible paso a Son Moix. La consolidación de un proyecto de referencia para el baloncesto femenino mallorquín precisará de un escenario a la altura. Un posible ascenso por la vía administrativa a la Liga Challenge llevaría un forzado salto al Palau d'Esports. Esa es otra de las reivindicaciones de un Azul Marino Mallorca Sant Josep que no detiene su maquinaria y ya mira al ejercicio 2023/24, que echó a andar nada más acabar el partido ante el Costa de Almería.
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